Errores Sobre Hielo

Capitulo 14 "Pequeña victoria"

Alina

El aire frío de Toronto se congeló entre nosotros, atrapando el espacio mínimo que nos separaba; podía contar sus pestañas, notar el vapor blanco que escapaba de sus labios y, por primera vez, ver de cerca cómo sus ojos avellana bajaban en un recorrido lento y deliberado hacia mi boca.

Mi corazón golpeó contra mis costillas con una fuerza salvaje.

Estabamos a un segundo.

A solo un maldito segundo de acortar la distancia.

Entonces, el mundo real decidió reclamar su derecho de autor.

Un zumbido estridente rompió el silencio.

El teléfono de Felix vibró dentro de su chaqueta, iluminando la nieve a nuestros pies con una luz azulada.

Mamá

El nombre brillaba en la pantalla igual que una advertencia.

El momento se rompió en mil pedazos.

Felix tensó la mandíbula de inmediato, sus hombros se elevaron y una sombra cruzó su rostro, apagando instantáneamente el brillo de hace un momento. Con un movimiento rápido y frustrado, deslizó el dedo por la pantalla para silenciar la llamada, guardando el aparato en el bolsillo.

La distancia que antes se sentía natural, de pronto se volvió sofocante.

Me sentía avergonada por haberme expuesto tanto, por haber dejado que viera cuánto me afectaba su cercanía, así que di un paso atrás de golpe, acomodándome el abrigo rosado como si eso pudiera protegerme de la electricidad que aún flotaba en el aire.

Ninguno de los dos se atrevió a decir una sola palabra sobre … el beso que casi fue.

–Deberíamos… regresar– murmuré, señalando con la cabeza la dirección de la cafetería, aunque mi voz sonó extraña y más baja de lo normal.

–Si– él aclaró su garganta, mostrando una de sus sonrisas habituales aunque esta no le llegó a los ojos– Si, Isaac debe estar hiperventilando por la falta de azúcar.

Cuando entramos, Isaac y Noah nos miraron de reojo con una sincronía que daba miedo.

Sus sonrisas cómplices lo decían todo, pero notaron la rigidez en mi postura y la mirada un poco distante de Felix, Isaac, con una perspicacia que no creía que poseyera, decidió soltar un chiste absurdo sobre el precio del café para aligerar el ambiente.

Después de un rato, nos encontrabamos de regreso a nuestros departamentos pero rodeados de un silencio contenido, pesado y lleno de preguntas sin respuesta.

⛸️⛸️⛸️

El caos de los vestidores en Lucky Snow no me permitió pensar en arrepentimientos.

Era una competencia pequeña, de exhibición local, pero crucial: nuestra primera vez presentándonos ante los jueces y el publico como la nueva pareja artística de la agencia.

El lugar olía a laca para el cabello, metal de cuchillas y nervios condensados.

Noah e Isaac –a quien logramos ingresar a base del disfraz clásico de encubrimiento, gorra y gafas– ya estaban en las gradas, después de prometer hacer el suficiente escándalo como para avergonzarnos para toda una vida.

Yo terminaba de ajustar los cordones de mis patines cuando el teléfono de Felix volvió a sonar sobre la banca.

Ambos llevábamos el traje oficial que nos asignaron para la competencia; el tono rosado del mío contrastaba perfectamente con los detalles dorados del suyo.

Felix miró la pantalla y dejó escapar un suspiro de alivio que me llamó la atención.

–Es mi hermana– dijo, mirándome de reojo con una sonrisa cansada– Tengo que responder, Alina… no tardaré.

Asentí, observándolo alejarse unos metros hacia el pasillo más despejado.

Lo miré desde mi lugar, fingiendo revisar los cordones de mis patines, pero atenta a cada uno de sus movimientos.

–¿Hola? ¿Emma?– su voz sonaba suave, pero la sonrisa se le borró del rostro en menos de dos segundos y su postura se tornó completamente rígida– ¿Mamá? ¿Qué…? ¿Por qué tienes el teléfono de Emma?

Apreté los labios, fingiendo no escuchar, pero el pasillo era estrecho.

No podía oír la voz al otro lado de la línea, pero no hacia falta, el cambio en Felix fue drástico.

Sus nudillos se volvieron blancos por la fuerza con la que apretaba el teléfono contra su oreja.

–No voy a discutir esto otra vez– bajó la voz y había un dolor agudo en su tono que provocó que se me encogiera el corazón– No estoy jugando, mamá. Esto es serio para mí… No, el hockey no va a volver a pasar… Ya es nuestro turno, tengo que colgar.

Cortó la llamada de golpe.

Se quedó apoyado contra la pared, con los ojos cerrados y la respiración errática, parecía que acababa de recibir un golpe físico en el estómago.

Me levanté de inmediato, dispuesta a acercarme y decirle lo que Noah me había dicho el día anterior: que no estaba solo. Pero el altavoz del estadio retumbó sobre nuestras cabezas, frío y puntual: “A continuación en la pista: Alina Quin y Felix Lovelace, representando a Lucky Snow”.

Felix abrió los ojos de sorpresa, quizá porque es la primera vez que escucha su nombre en los altavoces, y en un parpadeo, esa sonrisa que lo caracteriza se instaló en sus labios.




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