Errores Sobre Hielo

Capitulo 18 "El miedo de ella"

Alina

Pasé toda la noche despierta, mirando el techo de mi habitación y repitiendo un mantra mental hasta que me dolió la cabeza:

“El patinaje es tu prioridad. El patinaje es tu vida y enamorarte de tu compañero es un boleto directo al fracaso”.

Tenía demasiados ejemplos en la historia del deporte que terminaron en desastre porque los sentimientos nublaron el juicio.

Si permitía que lo que pasó en la pista se repitiera, la presión de Snow Price nos aplastaría… no podía permitirme el lujo de ser débil.

Así que tomé una decisión racional: distancia.

Estricta, profesional e inquebrantable.

El beso de ayer se archivaba como un error impulsivo producto de la adrenalina, nada más.

El viernes por la mañana llegué a la pista cuarenta minutos antes de lo habitual, asegurándome de estar ya sobre el hielo y en movimiento para cuando Felix cruzara la puerta; no quería darle la oportunidad de tener “la conversación”.

Cuando lo vi aparecer por el pasillo, mi pulso se aceleró de forma traicionera, pero me obligué a clavar la mirada en la línea azul del hielo.

–Alina…– su voz sonó suave, con ese tono cuidadoso que usaba ayer. Patinó en mi dirección lentamente, deteniendose a un par de metros– Buenos días ¿Podemos… hablar un segundo antes de empezar?

Me detuve en seco, manteniendo mi postura erguida y la barbilla en alto.

No lo miré a los ojos, me concentré en el pequeño Spiderman dibujado en la esquina superior de su sudadera.

–No hay nada de qué hablar, Felix– mi voz salió sorprendentemente firme, dejando de lado cualquier emoción– Ayer nos dejamos llevar por la frustración del entrenamiento, fue un error de cálculo debido al cansancio. Propongo que lo olvidemos y nos concentremos en lo que realmente importa.

Félix parpadeó, desconcertado.

Vi cómo pasaba saliva y cómo su mandíbula se tensaba ligeramente; la calidez habitual de su mirada dio paso a una sombra de incredulidad.

–¿Un error de cálculo?– repitió en un susurro, avanzando un poco hacia mí– Alina, no puedes pretender que actúemos como si nada hubiera pasado. Nos besamos, y no fue debido al cansancio.

–Para mí lo fue– lo interrumpí, clavando finalmente mis ojos en los suyos con toda la frialdad de la que fui capaz– La competencia de Snow Price es en menos de dos meses, Felix. Si empezamos a mezclar cosas personales, la sincronía en la pista se va a ir al carajo y no voy a arruinar mi carrera o la tuya, por un impulso– fruncí el ceño– A partir de hoy, somos compañeros de equipo, exclusivamente.

El silencio que nos rodeó fue gélido.

Pude ver el momento exacto en que mis palabras impactaron en él; su mirada se apagó un poco y esa sonrisa brillante que siempre mostraba –y que ahora extrañaba un poco– desapareció por completo.

Su postura se tornó rígida.

–Compañeros de equipo– repitió, asimilando el golpe. Su voz ya no era suave, sino distante y profesional– Entendido, Alina. Si eso es lo que necesitas para no sabotear tu propio rendimiento, que así sea.

Se dio la vuelta sin decir más y patinó hacia el otro extremo de la pista para empezar su propio calentamiento.

El espacio entre nosotros se sintió de pronto kilométrico, y aunque mi mente me felicitó por tomar la decisión correcta para la competencia, mi pecho se sintió extrañamente vacío y pesado.

Había recuperado el control, pero se sentía como una victoria miserable.

⛸️⛸️⛸️

Felix

Durante las siguientes semanas, el invierno dentro de Lucky Snow no solo se quedó en la pista… se metió en nuestra rutina.

Decidí darle la distancia que me pidió, y eso cambió todo.

Dejé de llegar por las mañanas con el café gigante y las donas de azúcar que solía comprarle. También guardé en el fondo del armario mis sudaderas de Spiderman y las camisetas con estampados divertidos; comencé a usar ropa de entrenamiento más seria, gris y negra, como si de alguna manera mi ropa tuviera que hacer juego con el nuevo ambiente.

Alina lo notó el primer día, sus ojos fijos en mi sudadera lisa por un segundo, pero no dijo nada; en su lugar, se colocó sus audífonos grandes de diadema.

A partir de entonces, solo se los quitaba en el segundo exacto en que sus cuchillas tocaban el hielo para entrenar.

Éramos dos desconocidos compartiendo la misma coreografía.

–Te lo dije, hermano– Isaac me pasó una toalla mientras nos sentábamos en la cafetería de la agencia durante mi descanso.

Logré conversar con el entrenador Ariel y después de jurarle por mi vida que Isaac no volvería a “agredir” a otro compañero, le otorgó acceso… solo en el primer piso.

–Te aceleraste y la asustaste– frunce los labios– Alina es como un gato callejero, si le haces un movimiento brusco te soltará un zarpaso y huirá.

–No la asusté, Isaac– apoyé los codos en la mesa, frotándome las sienes con frustración– Ella sintió lo mismo que yo en ese beso, estoy seguro. Pero está usando la competencia como una excusa para levantar sus muros de nuevo, cree que si se permite sentir algo por mí, arruinará su patinaje.




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