Errores Sobre Hielo

Capitulo 19 "El programa falla"

Alina

El karma tiene un sentido del humor retorcido y cruel.

Pasé tres semanas construyendo muros, convenciéndome de que la distancia mantendría mi mente a salvo para la competencia; me repetí mil veces que la frialdad técnica era mejor que la distracción de un beso.

Pero el hielo no miente, y el hielo cobra caro cada mentira que te cuentas a ti misma.

El jueves por la tarde, Lucky Snow abrió las puertas de la pista principal para un ensayo general con presencia de la prensa.

El lugar estaba abarrotado de cámaras, luces de flash y periodistas con libretas, ansiosos por ver a la “pareja viral” de la temporada.

Yo llevaba mis audífonos puestos hasta el último segundo, intentando bloquear el ruido, pero la verdadera distracción estaba a mi lado; Felix vestía un conjunto negro liso, su rostro serio y la mirada fija en la pista.

Ya no había complicidad, solo éramos dos profesionales a punto de hacer su trabajo.

O eso pensaba.

Sonó la música, los primeros dos minutos del programa salieron impecables, casi mecánicos.

La distancia nos daba precisión, pero nos quitaba alma; el problema real llegó a mitad de la rutina, justo en la transición hacia nuestra elevación más compleja: el Lasso Lift.

Felix me tomó de la cintura con la firmeza técnica de estos últimos días, guiándome hacia arriba; pero en el microsegundo en que mi cuerpo se despgó del hielo y quedé suspendida sobre sus hombros, mi mente me traicionó.

Recordé sus manos en mi cuello durante el beso, recordé el calor de su pecho y, por primera vez en mi carrera, dudé.

Pensé en la distancia, en que no debía confiar tanto y mi cuerpo se tensó en el ángulo incorrecto, alterando el centro de gravedad.

–¡Alina, el eje!– alcancé a escuchar el susurro desesprado de Felix.

Intentó corregir el peso, sus músculos se tensaron al límite para sostenerme, pero ya era tarde; el patín de Felix se trabó en un bache y perdimos el equilibrio por completo.

El mundo se volvió un borrón de luces y ruido…

Caímos.

El impacto contra el hielo fue brutal, sentí el golpe seco en mi cadera y hombro, pero lo peor fue el sonido: el eco sordo de nuestros cuerpos chocando contra la superficie congelada, seguido inmediatamente por el clic frenético y despiadado de docenas de cámaras fotográficas capturando nuestra desgracia rápidamente.

–¿Estás bien?– Felix fue el primero en reaccionar, ignorando su propio dolor y arrastrándose hacia mí en el hielo. Sus ojos avellana estaban llenos de pánico genuino– Alina, mírame ¿te lastimaste?

No pude responder.

Me levanté como pude, sintiendo el dolor físico, pero el peso de la humillación era mil veces peor; los murmullos de los periodistas ya llenaban las gradas.

⛸️⛸️⛸️

Felix

Odiaba tener razón, pero la distancia nos había destruido.

En el patinaje de parejas, si no confías ciegamente en la persona que te sostiene en el aire, la gravedad te lo hace pagar.

Alina había dudado de mí allá arriba, lo sentí en la rigidez de su espalda justo antes de perder el equilibrio, y esa duda nos mandó al suelo.

Pero lo peor no fue la caída, sino la carnicería que vino después.

El entrenador Ariel intentó cortar el ensayo de inmediato, pero los periodistas ya se habían abalanzado sobre la zona mixta de la barandilla con los micrófonos extendidos, buscando sangre.

Alina y yo nos detuvimos frente a ellos, para cumplir con el protocolo obligatorio, aún con la escarcha pegada a nuestros trajes.

–Alina, vimos una falta de coordinación evidente en la elevación– soltó el primer reportero, sin pizca de tacto– La prensa internacional ya te calificaba como una compañera difícil después de lo sucedido con Leo Vera ¿Esta caída confirma que eres incapaz de adaptarte a un nuevo compañero?

–Alina ¿el cuarto lugar de la última competencia y este error demuestran que tu temperamento está afectando el futuro de Felix Lovelace en la agencia?– remató una mujer desde el fondo.

Miré a Alina de reojo.

Su rostro estaba completamente pálido, sus labios apretados y sus ojos fijos en el suelo.

La “Reina de Hielo” estaba recibiendo los impactos directamente en el pecho, cargando con toda la culpa mientras la prensa la despedazaba, tachandola de controladora, destructiva e inestable.

Leo, quien miraba desde la entrada del pasillo con los brazos cruzados, tenía una sonrisa de suficiencia que me dio náuseas.

No iba a permitirlo, ni ahora ni nunca.

Le quité el micrófono de las manos al periodista más cercano con un movimiento brusco, dando un paso al frente y colocándome sutilmene un centímetro por delante de Alina, bloqueando parcialmente las cámaras que apuntaban a su rostro.

–La culpa de la caída fue mía– dije, mi voz saliendo tan firme que los murmullos cesaron al instante. No había rastro del chico amable de siempre– Yo perdí el apoyo en el pie de entrada. Alina hizo exactamente lo que la coreografía requería, si buscan un culpable para sus titulares dramáticos, usen mi nombre. Ella es la única razón por la que este programa se mantiene en pie.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.