Errores Sobre Hielo

Capitulo 21 "Discusión real"

Felix

La pista principal de Lucky Snow a las once de la noche parecía el escenario de una pelicula de terror.

El único reflejo de luz provenía de las lámparas de emergencia, proyectando sombras alargadas y distorsionadas sobre la superficie congelada.

Caminé con paso firme, sintiendo el frío morder mi rostro, pero la adrenalina me mantenía caliente; me detuve justo en el centro del hielo, donde solíamos ensayar nuestras rutinas.

–Ya estoy aquí– solté con fuerza, mi voz resonando en las gradas vacías– Deja de esconderte entre las sombras.

Un eco de pisadas rompió el silencio.

Desde la oscuridad del túnel de salida, una silueta avanzó lentamente; llevaba las manos en los bolsillos de un abrigo largo y oscuro.

Cuando la luz de emergencia iluminó su rostro, el aire se me atascó en los pulmones.

–¿Leo?– el shock me dejó mudo un segundo. Sabía que su comportamiento era extraño, pero verlo ahí, confirmado como el acosador… me revolvió el estómago– ¿Fuiste tú todo este tiempo?

Leo soltó una risa amarga, deteniéndose a unos tres metros de mí.

Se veía demacrado, con ojeras profundas y los ojos inyectados en sangre; su habitual máscara de prepotencia estaba agrietada, revelando una desesperación cruda.

–¿Sorprendido, Lovelace?– preguntó, con la voz temblorosa pero cargada de veneno– Claro, el gran Spiderboy no podía ver más allá de su propia nariz.

–¿Por qué, Leo?– di un paso adelante, intentando mantener la calma– Eras su compañero, tenías una carrera, un futuro ¿Por qué destruir a Alina de esta manera?

–¡Porque yo lo di todo por ella!– gritó Leo, y su voz se quebró de tal forma que, por un microsegundo, me hizo sentir una punzada de lástima– Nadie sabe lo que es pasar años al lado de una pared de piedra– frunce las cejas– Me mudé de ciudad, cambié de entrenador, dejé a mi familia… todo para patinar con la gran Alina Quin– solo veneno al final de sus palabras– Soporté sus desplantes, sus silencios, sus malditos días malos donde ni siquiera me miraba a la cara… Yo la amaba, Felix. De verdad la amaba.

Leo bajó la vista al hielo, apretando los dientes mientras una lágrima de pura frustración rodaba por su mejilla.

–Sofía me lo dijo una noche en el bar, después de que tu “amiguito” me partiera el labio– continuó en un susurro– Me dijo: “Alina no es una persona, Leo, es una marca. Si quieres que te haga caso, tienes que amenazar su estatus; muéstrales al mundo lo difícil que es, publica sus debilidades en redes y verás cómo dobla las manos”… Y ella tenía razón, quería que Alina volviera a mí buscando protección, quería que me necesitara.

–Leo… eso no es amor, es una obsesión enferma– le dije, abriendo las manos en un gesto de tregua, intentando hacerlo entrar en razón antes de que esto terminara mal– La estás destruyendo y te estás destruyendo a ti mismo, mírate.

–¡No me digas qué es el amor!– Leo sacó las manos de los bolsillos, cerrando los puños, listo para abalanzarse sobre mí– Lo que me mata… lo que no puedo perdonar… es que ella cambió por ti: a ti te regala sonrisas, te deja abrazarla… ¿Qué tienes tú que no tenga yo?… ¡Voy a acabar contigo, Lovelace!

Leo dio un paso violento hacia mí, con el rostro desencajado por la furia. Yo dí un paso al frente, pero en lugar de responder con violenca como se esperaba, solo una palabra salió de mis labios:

–No

–¿Qué?– Leo frunce el ceño.

–No voy a pelar contigo.

–¿Tienes miedo?

–No– mi voz sale firme– Simplemente no voy a darle a Alina otra razón para que tenga que cargar con los errores de alguien más.

Entonces, las luces principales de la pista se encendieron de golpe, cegándonos por completo.

–¡FELIX LOVELACE, ERES EL IDIOTA MÁS GRANDE DE TODO EL HEMISFERIO NORTE!

El grito hizo que Leo se tensara de inmediato y que a mí casi se me saliera el corazón por la boca.

⛸️⛸️⛸️

Alina

Entré a la pista principal marchando a paso furioso, con mi chamarra rosa abrigandome y arrastrando los pies con rabia. Detrás de mí, Isaac caminaba a paso relajado, comiéndose una barra de cereal como si estuviera viendo una película de comedia en el cine.

–¿Se puede saber qué carajos estás haciendo aquí solo a las once de la noche, Felix?– le grité desde la barandilla, ignorando por completo a Leo por un momento.

Felix me miraba con los ojos abiertos por la sorpresa, completamente pálido.

–¿Alina? ¿Cómo… cómo entraste? ¡Te dejé dormida!– tartamudeó el ingenuo de mi compañero.

–¡Por favor!– rodé los ojos, subiendo al hielo con mis tenis, resbalando un poco pero manteniendo la dignidad– ¿De verdad pensaste que no iba a notar que me habías quitado el teléfono? ¿O que murmurabas furioso a tu teléfono mientras observabas la hora? Eres un libro abierto, Felix– suspiro– Estas aquí jugando al héroe sin un plan… ¡Al menos yo traje refuerzos!

–Alina…– Felix intentó hablar, pero lo callé con un dedo apuntándole directamente a la nariz.




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