Errores Sobre Hielo

Capitulo 22 "El nuevo ritmo"

Felix

El miércoles por la mañana, las oficinas del segundo piso de Lucky Snow parecían una zona de guerra corporativa.

Desde la pista se alcanzaba a escuchar el eco del entrenador Ariel gritando por teléfono, coordinando con el equipo legal y emitiendo comunicados de prensa para desvincular por completo a la agencia del escándalo de Leo y Sofía – a quien, por cierto, ya le habían cancelado el contrato de patrocinio antes del amanecer–.

Pero abajo, a nivel del hielo, el ambiente era completamente diferente.

Se sentía como si alguien hubiera abierto las ventanas y dejado entrar la primavera.

Terminé de amarrarme los patines en la banca y me puse de pie, estirando los brazos. Llevaba puesta mi sudadera favorita de Spiderman, la azul brillante con el logo clásico en el pecho.

Me había tomado tres semana guardarla en el fondo del armario, y ponérmela de nuevo se sintió como recuperar mi propia identidad.

Un sonido sutil de cuchillas cortando el hielo me hizo levantar la vista.

Alina venía saliendo de la zona de calentamiento y por primera vez en casi un mes, sus orejas estaban completamente descubiertas; los audífonos grandes de diadema se habían quedado guardados en su casillero.

Me miró de arriba abajo, deteniéndose específicamente en la enorme araña de mi pecho, y una pequeña y familiar curva burlona apareció en sus labios.

–Vaya, regresó el superhéroe del vecindario– soltó, patinando hacia mí a paso relajado. Su tono era cortante, pero sus ojos oscuros brillaban con una calidez que me derritió el pecho– Ya me estaba preocupando que hubieras madurado, Felix. El gris no es tu color.

–Te mentiría si dijera que no extrañé tus comentarios, Alina– sonreí de oreja a oreja, patinando para quedar frente a ella– Y admítelo, me veo increible– sonrio de lado– Peter Parker siempre regresa para el tercer acto.

Alina soltó una risa, sacudiendo la cabeza, pero sin alejarse.

Al contrario, acortó el espacio entre nosotros y dejó que sus manos buscaran las mías de forma natural para iniciar el calentamiento conjunto.

Sentir sus dedos entrelazarse con los míos sin reservas, sin esa barrera helada de las últimas semanas, hizo que todo el peso del escándalo exterior desapareciera.

–La prensa sigue afuera ¿sabes?– murmuró ella, mirando de reojo las ventanas altas del lugar– Isaac dice que hay tres camiones de televisión intentando conseguir una declaración sobre Leo.

–Que se congelen afuera– le respondí, apretando suavemente sus manos– Hoy no hay prensa en el ensayo. Solo estamos tú, yo y una coreografía que domar… ¿Lista para mostrarles cómo se hace?

Alina me sostuvo la mirada, y la firmeza en sus ojos ya no era la de una Reina de Hielo protegiéndose del mundo, sino la de una patinadora lista para conquistarlo.

–Siempre, Felix.

⛸️⛸️⛸️

Alina

La confianza total es algo difícil de describir, pero en el patinaje de parejas, se siente exactamente como la ingravidez.

Cuando la música para nuestro programa comenzó a resonar en los altavoces de la pista, mi cuerpo no se tensó.

Durante semanas, cada nota había sido una alerta de peligro en mi cabeza; hoy, la melodía se sentía como un mapa que Felix y yo ya nos sabíamos de memoria.

Nos deslizamos en perfecta sincronía.

Cruce de piernas, giro, cambio de frente… cada movimiento era fluido, cada transición limpia.

Ya no estaba sobreanalizando la posición de sus manos en mi cintura o midiendo la distancia exacta para no parecer “demasiado cercana”, solo me dejé llevar.

Llegó el momento del Lasso Lift, la elevación donde nos sabíamos caído frente a la prensa.

Sentí la mano de Felix tomar la mía, firme y cálida, mientras su otro brazo me envolvía para impulsarme hacia arriba.

En el microsegundo en que mis patines abandonaron el hielo, el recuerdo del golpe cruzó por mi mente, pero se borró instantáneamente al sentir la estabilidad de sus hombros y la fuerza con la que me sostenía; no dudé, arqueé la espalda, extendí la pierna libre con perfecta fluidez y mantuve el eje exacto.

Felix se deslizó tres metros por el hielo conmigo suspendida en el aire, una línea perfecta de control y potencia, antes de bajarme con una suavidad milimétrica.

Cuando mis cuchillas tocaron el hielo de vuelta, la inercia me llevó directo a sus brazos; nos detuvimos en seco en una pose de transición, nuestras respiraciones agitadas mezclándose en el aire frío, con mi pecho pegado al suyo.

–Eso fue… perfecto– susurró Felix, mirándome con una mezcla de orgullo y algo mucho más profundo que me aceleró el pulso. Tenía los ojos fijos en los míos, brillando con esa luz que lo caracterizaba.

–Estuviste bien, Felix– respondí, intentando sonar técnica, pero la enorme sonrisa que se me escapó arruinó por completo mi fachada– Supongo que tu sudadera de la suerte si funciona.

–Te lo dije– Felix soltó una risa suave, aprovechando que seguíamos en la pose para dejar una de sus manos descansando en mi cintura un segundo más de lo necesario– La coreografía cambió, Alina. Ya no se siente como si estuviéramos compitiendo entre nosotros para ver quien es más fuerte, ahora se siente… real.




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