Errores Sobre Hielo

Capitulo 23 "Vamos a Snow Price"

Alina

El aeropuerto de Nueva York nos recibió con un clima tan gris como mi propio estado de ánimo, y un enjambre de flashes que me obligó a bajar la mirada en el segundo exacto en que cruzamos la puerta de desembarque.

Habíamos viajado desde Toronto esa misma mañana, intentando mantener un perfil bajo, pero el escándalo de Leo se había convertido en una bola de nieve internacional.

Para los medios neoyorkinos, no éramos solo la dupla favorita en la competencia Snow Price, sino que éramos los protagonistas del drama deportivo del año.

–¡Alina! ¿Es cierto que Leo Vera te acosaba desde que eran pareja de patinaje?– gritó un reportero, empujando un micrófono casi contra mi rostro mientras avanzábamos por el pasillo del aeropuerto.

–¡Felix! ¿Sientes que tu seguridad está en riesgo dentro de Lucky Snow? ¿Planean cambiar de agencia después de esta competencia?– lanzó otro desde el lateral.

Sentí que el aire se me escapaba.

Mi instinto de congelarme y levantar mis viejos muros reaccionó de inmediato, pero antes de que pudiera dar un paso atrás, una mano grande, cálida y firme me tomó por los dedos.

Era Felix.

Se hizo espacio sutilmente entre los camarógrafos, colocándose un centímetro por delante de mí, bloqueando el acoso visual de la prensa.

No llevaba su sudadera de Spiderman debido al estricto código de viaje de la competencia, pero su sola presencia me transmitía la misma seguridad de siempre.

–No daremos declaraciones sobre asuntos legales en curso– respondió Felix con una voz tranquila pero inquebrantable, manteniendo el paso firme sin soltarme– Estamos aquí concentrados exclusivamente en la competencia, gracias.

Ariel apareció detrás con los guardias del evento, abriendo un pasillo rápido hacia la camioneta que nos esperaba.

Aunque un periodista alcanzó a gritar su pregunta.

–¡Felix! ¿Solo son compañeros o también son pareja?

–¡Alina! ¿Ya pueden confirmar su relación?

Los flashes aumentan, provocando que apretara la mano de Felix inconscientemente y él me mirara de reojo.

–No tienes que responder.

–No quiero que nuestra primera respuesta sea para ellos– niego apenas con la cabeza.

–Entonces que sea para nosotros cuando llegue el momento– Felix sonríe.

Una vez dentro de la camioneta, con el ruido de Nueva York amortiguado por los cristales tintados, solté un suspiro tembloroso.

Miré nuestras manos, Felix seguía sosteniéndome los dedos.

–Estás temblando, Alina– murmuró en voz baja, mirándome con una preocupación tan genuina que me dolió el pecho.

–Es la prensa… y el hielo de mañana– admití, apoyando la cabeza en el respaldo del asiento, mirando las luces de los rascacielos a través de la ventana– Siento que todo el mundo está esperando que nos caigamos de nuevo para culpar al drama; la presión del primer lugar nunca se había sentido tan… pesada.

Felix apretó mi mano con un poco más de fuerza, obligándome a mirarlo.

–Mañana no hay prensa dentro de la pista, Alina. Mañana solo somos nosotros, acuérdate de eso.

Sus palabras me tranquilizaron el resto del viaje, pero cuando llegamos al hotel en el que nos hospedariamos, todos los televisores del lobby estaban transmitiendo un programa deportivo.

Y una vez más… nosotros eramos noticia.

En la pantalla aparecían los favoritos: 1.Alina Quin y Felix Lovelace (Toronto), 2.Sara Levinson y Matt Smith (Vancouver) , 3.Laura Stuart y Jamie Bailey (Montecarlo).

–Son técnicamente los favoritos… pero llegan con demasiadas distracciones extradeportivas– dijo uno de los comentaristas, refiriendose a nosotros.

–Después del caso de Leo Vera, existe la duda de si podrán mantener la concentración…– dijo su compañero.

Felix me toma de la mano, logrando que desvíe mi atención hacia su rostro.

–¿Quieres subir?

Solo puedo asentir lentamente… no necesito seguir escuchando.

⛸️⛸️⛸️

Felix

El día de la competencia llegó más rápido de lo que mi propio sistema nervioso podía procesar.

El Madison Square Garden estaba a reventar.

Detrás de las paredes del backstage, el rugido del público y los anuncios del megáfono se filtraban como un zumbido sordo y constante; el ambiente olía a laca para el cabello, sudor, hielo derretido y pánico puro.

Los patinadores de las otras delegaciones caminaban de un lado a otro con rostros tensos, repasando saltos en el aire.

Faltaban exactamente diez minutos para que anunciaran nuestros nombres.

Alina estaba sentada en una banca del camerino, terminando de ajustar las agujetas de sus patines; llevaba el traje para la competencia, un vestido azul oscuro con destellos plateados que la hacía lucir imponente… una verdadera Reina de Hielo.




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