¿es Capricho o es Amor?

CAPÍTULO 4: ME MIRAS SIN VERME

CAPÍTULO 4

 

ME MIRAS SIN VERME

 

Mathias:

 

No sé cuánto tiempo ha pasado. Si son días o meses no logro encontrar la diferencia. Sin embargo, algo extraño está ocurriendo. Me han llegado  pantallazos de mi vida. Son imágenes distorsionadas y sin orden pero algo dicen. Ahora creo que no estoy muerto, que aún estoy vivo. Atrapado en un lugar oscuro de mí conciencia pero vivo. Ya eso es buena noticia. Mi próxima meta será salir de aquí. La incertidumbre de mi estado aniquilaba mi deseo de vivir pero ahora que creo estar vivo, he sentido nuevas fuerzas. Lo insoportable es el término medio, el saber y no saber, estar sin estar. Eso es lo intolerable.

En las imágenes que me han llegado veo las caras de mis padres. Estoy seguro que son ellos y los siento cerca. Quizás es algo que quiero creer pero no importa, sea cual sea la situación, imaginarlo así me hace bien. Pensar que soy amado por ellos, me da fuerzas. No me llegan más figuras con rostro por lo que puedo suponer que son mi única familia. Tal vez, los únicos seres que me aman en la vida y por eso solo ellos aparecen. Si es así, me basta.

El episodio que me trajo hasta aquí también va revelándose poco a poco. La luz cegadora aparenta ser los focos de un camión. Creo que iba manejando cuando lo impacté de frente. Todo lo demás es borroso excepto a que me parece que no iba solo. Lo pienso porque alcancé ver un brazo de mujer en alguna parte. Su mano era delicada y con la uñas pintadas de esmalte rosado y llevaba una sortija con una piedra amatista. Es la mano delicada de mujer joven, una mano que quiero alcanzar pero se aleja. La veo irse, desvanecerse ante mis ojos.

Luego todo vuelve a ser oscuridad. Las sombras vuelven a aparecer pero esos fragmentos me han dado esperanzas de que quizás no todo esté perdido. Con un poco de esfuerzo, tal vez pueda no solo armar todas las piezas de este juego sino que también pueda recuperar mi vida.

El olor a flores ha regresado.

Si algún día salgo de aquí, quiero saber quién me hace éste maravilloso regalo. Es lo único positivo que he tenido en este tiempo. El aroma me calma, me sosiega de una manera difícil de explicar. Me da paz y ahora pienso que hasta me ha dado ésta esperanza. Quisiera tocarlo. Desearía ver de dónde sale el aroma. Pero es mucho pedir por ahora. Debo concentrarme en lo que estoy recuperando, en seguir el camino hasta llegar a salir de éste túnel oscuro en que me encuentro.

Tengo varias teorías con las que juego.

Lo primero que se me ocurre es que tuve un accidente. Sería una idiotez no pensarlo porque es una de las imágenes más claras que he tenido. Y ya de por sí no son muchas. La otra posibilidad es que me he sufrido un accidente cardiovascular o algún ataque que no logró matarme pero me ha traído hasta aquí. Por último, entretengo la idea de que he muerto y estoy en un limbo incomprensible. ¿Qué pudo haberme pasado? ¿Hasta cuándo durará este martirio?  No debo retroceder. Debo descartar lo de la muerte. Ya había desechado esa idea, no debo volver atrás.

Izzy:

Las horas se me han convertido en días y ya se cumplen diez días de estar atendiéndolo. Me levanto cada día con la esperanza de que sus padres me llamen para darme la noticia de que ha despertado. O que Julia me diga al llegar: “Buenas noticias, ha salido del coma.”

Amo este trabajo, ha sido siempre mi vocación. Me hace feliz saber que ayudo a sanar a otro ser humano. El placer que me causa ser medio de sanación es indescriptible. No obstante, tengo presente que si se recupera pronto, perderé el empleo y con él, la posibilidad de tener el dinero para continuar mi educación. Nada de eso me importa. Por encima de todas esas cosas, quiero que se salve. No hay nada más importante que eso. No existe dinero que pueda comprar la felicidad de que una vida se salve.

Mathias yace en su cama inerte. Tan quieto que pareciera no tener vida. Pero la tiene y luchamos por que la siga teniendo. Cada día le doy masajes para mantener su sangre circulando y parte de la terapia incluye movimientos para reforzar su músculos y evitar que se atrofien. Julia hace una labor titánica y yo hago lo propio.  Luchamos juntas por él.

A veces sus ojos pueden abrirse. Me estremecí la primera vez que sucedió. Su mirada vagaba inexpresiva, sus ojos ausentes. Sin embargo, todavía  conservan su brillo y puedo jurar que hay una voz de auxilio en ellos. Son un par de ojos bordeados por pestañas pobladas y de un color  indefinido de gris oscuro.

Le hablo suave, le acaricio el pelo. En ocasiones le cuento como ha sido mi día,  lo que está pasando en mis series favoritas, las nuevas plantas que florecen en el jardín.  Por supuesto, seguimos con la lectura. Le leo algunas páginas y luego le pregunto: ¿Qué te parece? ¿Crees que es justo lo que reclaman? Me rio de buena gana y le digo: “No te molestes en contestar…ya me contarás luego que te parece.”

También le sonrió mucho. Sé que no puede verme y que aun si despertara, no recordará mis charlas ni todos los días que hemos pasado juntos. Igual no me quita ganas. Nos hemos convertido en buenos amigos, un poco en cómplices.

Hoy tuve tiempo de conversar con su madre.

Me parte el alma ver su sufrimiento y le he hecho conversación para distraerla. Me cuenta que Mathias es su único hijo, que jamás pudo volver a concebir aunque tiene un medio hermano mayor por parte de padre. Que aún no madura y despilfarra todo cuanto obtiene.

—Es un loco que se gasta el dinero de su padre en juergas y mujeres, un irresponsable…por eso todavía no ha puesto un pie aquí…—me cuenta pero no emito comentarios para evitar que continúe con ese tema que parece desagradarla y no distraerla.

Solo asiento y escucho.

—Mi Mathias no es así…bueno un poco enamoradizo es la verdad…pero es que las mujeres lo persiguen todo el tiempo. ¡Claro que sí! Como es guapo y el heredero de nuestros negocios…ya sabes —.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.