¿es Capricho o es Amor?

CAPÍTULO 8: HA DESPERTADO

CAPÍTULO 8

 

HA DESPERTADO

Izzy:

 

Me levanté deprisa y asustada.

Me vestí con lo primero que encontré, hasta consideré irme en la misma ropa de dormir que llevaba. En medio de la prisa casi ruedo escaleras abajo. Estaba agitada, feliz, asustada, ansiosa. Me hubiera gustado estar junto a él en ese momento, que fuera la primera persona que viera, tener yo la dicha de anunciar a todos que Mathias había despertado, que estaba vivo, más cerca de su recuperación que nunca. Hubiera dado lo que fuera por ser yo quien avisaba a sus padres, quien gritara “Llamen al doctor, el paciente ha despertado” pero no me tocó esa suerte. No me importaba, era feliz sabiendo que Mathias había salido de la oscuridad en que vivía.

Lo encontré rodeado de gente. Pude distinguir al médico quien revisaba los latidos de su corazón, vi a Julia al pie de la cama sonriente por primera vez desde que la conozco, sus padres con ojos llenos de lágrimas de júbilo y otras personas que no logré reconocer. La escena tan deseada y esperada por todos era milagrosa y surreal. Traté de contenerme mirándolo de lejos y disfrutando el momento que tanto anhelé. El lugar estaba atestado y me mantuve a una distancia prudente, no me atreví a presentarme. De pronto me cohibía ver tanta gente rodeándolo cuando estaba acostumbrada a estar a solas con él.  El doctor pidió que todos desalojaran la habitación para completar los exámenes de rigor y ya no pude acercarme.

Me quedé observándolo de lejos, a través de la ventanilla de cristal que daba a la pequeña sala de espera. Estaba sentado en la cama. Le habían removido la máquina de respiración artificial y la sonda alimenticia. Ni siquiera estaba atado al suero hidratante. Tenía el torso al descubierto y se pasaba con insistencia la mano por el cabello que lucía alborotado y le había crecido bastante hasta convertirse en una frondosa melena oscura. Seguía pareciendo una estatua, solo que ahora era viviente y perturbadoramente sensual.

Su madre se acercó a mí y nos fundimos en un abrazo. No nos dijimos ni una palabra, no hacía falta. Ambas comprendíamos la magnitud del evento. Luego me hizo un pedido que no esperaba.

— ¿Podrás seguir cuidando de Mathias cuando esté en la casa? El medico nos ha dicho que necesitará seguir recibiendo terapias para completar su recuperación y tú has sido una excelente ayuda —.

 No me esperaba ese pedido.

— ¿Qué pasará con Julia? —pregunté.

—Ella hará visitas domiciliarias una vez a la semana o conforme la necesitemos. Pero en lo que se reintegra por completo a su vida normal, nos gustaría que lo atendieras tú —planteó sin titubear.

— ¡Por supuesto! ¡Estaré encantada de ayudarlos con Mathias! —fue mi rápida respuesta.

Lo agradeció y me informó que me avisaría que día íbamos a comenzar. Antes de regresarme a la casa, volví a mirarlo a través de la pequeña ventanilla. Me hacía feliz verlo sentando admirando su entorno en lugar de tumbado como muerto viviente. Sonreí de pura felicidad. Giró el rostro hacia la ventanilla y se percató de mi presencia pero sus ojos inexpresivos me demostraron que no me reconocía. No sabía quién era yo. ¡Cómo podía saberlo! De todas formas, lo saludé con mi mano y a través del cristal. Creo que intentó sonreír, no estoy demasiado segura, puede ser que mis ansias lo imaginaron y que no hubo tal intento

Estaba amaneciendo cuando regresé a la casa y me encontré con Hannah preparándose desayuno.

— ¿Despertó? ¡Pero qué buena noticia! —fue su reacción inmediata.

Hannah es una buena chica. Ojos claros y vivaces, cabello castaño y cuerpo menudo. Tiene mi misma edad y aunque somos muy parecidas en nuestra forma de pensar y actuar, la considero más madura que yo. Tiene el don de analizar las cosas de forma espontánea. Puede discernir situaciones con facilidad  y de un tirón puede explicar las ventajas y desventajas de cualquier situación. Por eso confió en su criterio. Aunque en ocasiones me dice cosas que prefiero no escuchar.

—Tienes que cuidarte de Mathias, eso de trabajar con él en su casa podría ser un arma de doble filo…—me advierte mientras engulle su desayuno.

Su advertencia me inquieta porque Hannah suele acertar sus premisas.

— ¿A qué te refieres? Sigue siendo un paciente que necesita cuidados…—le aclaro con voz un tanto vacilante.

Ella me mira con expresión de incredulidad.

— ¿No me has dicho que es joven y guapo? Bueno, pues seguirá siéndolo ahora más que ha mejorado. Pronto tendrá suficientes fuerzas para volver a ser el gran seductor que parece ha sido antes. Ándate con cuidado, amiga —amonesta intentando prevenirme de una situación demasiado imaginaria según lo veo.

— ¡No digas tonterías! Mathias es solo mi paciente. Te recuerdo que me urge seguir trabajando para poder pagar mi post-grado…además…—.

—Además nada, querida. Si el tal paciente tuyo es joven, rico y guapo es una tentación para cualquier mujer…ya he notado que no haces otra cosa sino hablar de él…no me quiero imaginar cómo será ahora que está despierto y alerta. Querrá recuperar el tiempo perdido y tú serás la primera a su alcance…—afirmó sin titubear ni en una sola palabra.

— ¡Que cosas dices, Hannah! —riposto alarmada y mirándola incrédula.

—No me mires así que bien sabes que lo que digo puede suceder...—.

No la contradigo más. Siento temor que hablar de este tema pueda atraer que se vuelva realidad. Me convenzo sobre la necesidad de dinero que tengo, sobre la experiencia que estoy ganando atendiendo un paciente y que me ayudará a tener una mejor preparación y sobre lo feliz que me la paso cuando estoy con él.

No.

Eso último, no.

No es que sea feliz cuando estoy con él.

¿Quién puede ilusionarse con un hombre en esas condiciones? ¡Por favor!




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