Esclavas

Socio corrupto

​Carlos y Lorena fueron a hablar con los médicos que atendían a Inés.

​—¿Cómo está? ¿Cuándo será dada de alta?

​—La vamos a dejar en observación esta noche y mañana la damos de alta. Ella está muy golpeada, tiene múltiples laceraciones internas, pero con tratamiento estará bien, es una joven muy fuerte.

​—Mañana venimos por ella, ¿a qué hora la van a dar de alta?

​—Como a las 10:00 a.m. pueden venir. Hasta mañana.

​Se despiden y se marchan. Afuera un anciano se les acerca.

​—¿Son familia de la señorita Inés?

​—Sí —contesta Lorena.

​—Yo la encontré desnuda corriendo por una calle del campo, estaba muy asustada. Quiero darles algo.

​El anciano saca un papelito del bolsillo y se lo da a Lorena.

​—Son las placas de una patrulla cómplice de los secuestradores y el otro número ella sabe a quién pertenece.

​—Es una evidencia muy importante —comenta Lorena y la guarda en su bolso.

​—Le doy las gracias por ayudar a Inés.

​—Lo hice con mucho gusto. Hasta luego, tengo que irme, si quieren saber algo más o quieren que sea testigo me pueden llamar a este número. No voy a volver a la granja, por ahora me quedaré en casa de mi hijo.

​El buen anciano se marcha y Carlos le dice a Lorena:

​—¿Vamos a la consulta con la ginecóloga?

​—Ok, vamos.

​Vuelven a entrar al hospital, Carlos toca la puerta de un consultorio.

​—¡Adelante!

​Se escucha una voz femenina. Entran y la ginecóloga se levanta y rodea su escritorio para saludar a Carlos, le da un beso y pregunta:

​—¿Cómo está tu mamá?

​—Muy bien, te manda saludos.

​—Gracias. Aún recuerdo cuando te traje al mundo, creíamos que ibas a ser cantante de ópera, por tu potente voz al llorar.

​—Te presento a mi novia.

​—Mucho gusto.

​Se estrechan la mano.

​—¡Es muy hermosa, te felicito!

​—Gracias. Necesitamos tus servicios como médico, mi novia nunca ha usado anticonceptivos y queremos que nos recomiendes el mejor del mercado, te dejo eso en tus manos, Marcela.

​—Ok. Voy a examinar a tu novia, ¿puedes salir por favor?

​Carlos sale refunfuñando del consultorio. Se coloca detrás de un pilar grande de una sala y saca su móvil para hacer una llamada, escucha unas voces y se queda callado.

​—Ese viejo la trajo, vamos a quemar su rancho con él adentro para que no sea sapo.

​Se escuchan pasos y Carlos se asoma, son dos policías. Camina rápido por el pasillo, quiere ver sus caras, los encuentra fumando en un pequeño balcón al final del pasillo.

​—Buenas noches, ¿me podrían indicar dónde queda Psiquiatría?

​—No sabemos, pero pregunte a una enfermera o a los guardias del hospital.

​—Ok, gracias.

​Su estrategia dio resultado, pudo ver sus caras y sus nombres. Los anota en la libreta del teléfono y se encamina a buscar a Lorena, pero hace una llamada antes.

​—Don Juan, ¿cuál es la dirección de su granja? Voy a enviar hombres armados a custodiar su propiedad porque van a ir a quemarla, oí a unos policías que lo decían: «Vamos a quemar el rancho con él adentro». Quieren vengarse de usted por ayudar a Inés. No se asuste, yo lo voy a ayudar, quédese en casa de su hijo, no vuelva al campo. Envíe la dirección en un mensaje para enviar ahora mismo a cuidar su propiedad, hasta luego.

​Enseguida llega la dirección y hace otra llamada, da órdenes a su equipo de hombres armados, expertos en explosivos y armas modernas, les autoriza llevar drones de vigilancia y cuelga.

​—¡Toc, toc!

​—Pasa.

​—¿Listo?

​—Sí, Carlos. Le coloqué un implante por poco tiempo, luego puede usar un dispositivo intrauterino que no libera hormonas, pero eso se podrá colocar cuando pierda la virginidad.

​—Ok, muchas gracias, Joel te va a consignar tus honorarios. Hasta luego.

​—Si tiene alguna reacción desfavorable la traes enseguida a consulta, la veo en una semana.

​—Chao, nos vemos.

​—¿Te dolió, mi amor?

​—Solo un poco.

​Llegan a un edificio gigante que irradia elegancia y el poder del dinero. Entran al ascensor donde, como siempre, Carlos la toma en brazos y la besa. Entran a una oficina muy lujosa.

​—Rita, llama a Richard, dile que venga de inmediato.

​—El jefe de informática.

​—Disculpa, no sabía que estabas acompañado. Hola, Lorena.

​—Investiga estas placas, lo más pronto posible, avísame cualquier hallazgo.

​—Vamos a cenar, mi amor, ¿qué te gustaría comer?

​—Pizza.

​Toma el teléfono y ordena a Rita que pida las pizzas. Toma a Lorena por la cintura y la sube al enorme escritorio, la colma de caricias, la besa con pasión.

​—Estoy enamorado de ti, me tienes loco.

​Y la mantiene entre sus brazos respirando el aroma de su pelo.

​Rita llega con las pizzas y las deja en el escritorio, cenan bromeando, Carlos la alimenta dándole pizza en la boca, toman una copa sentados y satisfechos. Llega Richard a mostrar algo en una portátil, todos miran el monitor.

​—Mira quién es el dueño de este auto, ¿no es este uno de los inversionistas de los nuevos proyectos?

​Lorena ve en la pantalla al hombre gordo con la esposa llena de joyas que estaba en el almuerzo de negocios.

​—¿Por qué está involucrado tu socio en estos delitos?



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En el texto hay: accion, aventura, naugragio

Editado: 06.03.2026

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