—¿Bailamos? Con permiso, Mary. —En la pista de baile se ven muy bien bailando, los dos son altos, esbeltos y hacen una linda pareja—. Me tienes loco por ti, ¿ya estás lista? ¿Ya no temes quedar embarazada? Hoy será nuestra noche, ¿sí?
—pregunta ansioso Carlos.
—Estoy lista, nos hemos preparado para esta noche, pero ¿me dolerá?
—No, mi amor, te trataré con suavidad e iré a tu ritmo, solo lo haré cuando tú lo pidas, seré gentil contigo.
—Estoy enamorado de ti.
—Yo también me enamoré de ti. ¿No romperás mi corazón?
—Jamás, mi amor, no quiero hacerte daño. ¿Y tú romperás mi corazón? —pregunta Carlos y la estrecha contra su cuerpo.
—No está en mis planes romper el corazón de mi novio —le dice Lorena coqueteando.
Al dejar de bailar, Carlos hace una llamada a su mayordomo y le da varias órdenes, quiere consentir y sorprender a Lorena.
Carlos nunca se había enamorado, había tenido muchas aventuras, pero nunca había sentido nada parecido a lo que siente por Lorena. De camino a casa está pensativo: ~Esto es el amor, estoy enamorado de verdad, la amo~.
Piensa y la mira a su lado, bella, elegante con todo lo que se ponga, honesta, inteligente; y es mi novia, se dice a sí mismo. Sonríe feliz y va corriendo a abrir la puerta y la ayuda a bajar. Un guardaespaldas trae el auto de Lorena y espera para estacionarlo.
Cenan ligero, Lorena levantándose dice:
—Iré a ducharme.
—Nooo, yo estoy contratado para ese servicio, yo te voy a bañar hoy.
Ella sonríe, siente cosquillas en la barriga de pensar en las cosas que esas manos le hacen sentir. Suben las escaleras.
Carlos toma la mano de Lorena y la besa, entran al cuarto de Carlos, que hoy está preparado para la ocasión. La cama está vestida de satén blanco y llena de pétalos de rosa que despiden un aroma suave, en la mesita de noche está una botella de champán, dos copas y una cazuela llena de fresas.
Carlos la abraza y la besa mientras desliza el vestido de Lorena dejándola en ropa íntima, un conjunto rojo de brasier y tangas diminutas, le quedan perfectas y suben su pasión al observar lo bella que se ve. Suelta los broches del brasier y le quita la panti suavemente, la carga en sus brazos y la lleva al baño.
Todo ha sido preparado con anticipación, la bañera tiene pétalos de rosas rojas y el agua está tibia. Carlos se quita la ropa y va tocando todo el cuerpo de Lorena suavemente, pasa sus manos por sus senos y la hace gemir de placer, luego los besa ligeramente y continúa.
Restriega sus piernas, brazos y lava sus partes íntimas con suavidad, lava todos sus pliegues, mientras Lorena se retuerce de placer, le dedica tiempo al baño de Lorena.
—Dame un lado, quiero bañarme contigo.
Parte B—Yo te baño, mi amor.
Lorena pasa sus manos por el cuerpo de Carlos, admira sus músculos bien definidos, resbalan sus cuerpos húmedos uno contra el otro. Están muy excitados los dos, salen de la bañera y Carlos la seca con una enorme toalla y la lleva en brazos hasta la cama.
Lorena está acostada en la cama y observa al hombre que se acerca para besarla, toma su boca entre la suya y va bajando lentamente mientras besa y lame su cuerpo, se detiene en sus pezones y la hace gemir de placer. Va bajando en su recorrido y se detiene en sus partes íntimas.
Lorena le pide que pare y lo abraza.
—Te amo.
—Yo también te amo.
—Quiero ser toda tuya.
Carlos lentamente y con mucho cuidado la hace suya, disfrutan a plenitud la entrega y la noche se hace corta para vivir y disfrutar su amor.
En la mañana está adolorida, pero feliz, se levanta a trabajar, él la atrae contra su cuerpo.
—No trabajes hoy, por favor, quédate conmigo.
—Mi amor, es lo que más deseo, pero tengo que trabajar. Mary ha tenido paciencia conmigo, pero no debo abusar.
—Está bien, mi amor, pero te voy a buscar para almorzar.
—Ok.
—Recuerda que tienes que firmar el contrato.
—¿Cuándo?
—Hoy mismo si quieres.
—Bien, voy a bajar. Tengo que hablar con Inés antes de irme y darle la bienvenida porque no la he visto.
Encuentra a Inés desayunando.
—Hola, Inés, ¿cómo te sientes?
—Mucho mejor.
—¿De quién es el número de placa del auto que está en el papel que me entregó el señor que te ayudó?
—Es del gordo que me tenía secuestrada.
—Es un pervertido, me tenía como su esclava sexual, me amarraba, me golpeaba y me quemaba. Fui violada por él varias veces. —A Inés le salen gruesas lágrimas.
—Perdón, Inés, no quería que te sintieras mal, no llores. —Lorena saca su móvil y le enseña una foto.
—¿Es este el gordo?
—Sí, ese cerdo es quien me tenía secuestrada.
—Mi jefa Mary es hermana de Raiza, la otra chica que estaba secuestrada. Quiere hablar contigo, claro, si tú quieres, solo quiere saber de su hermanita, está desesperada buscándola. Si no quieres hablar con ella, nadie te va a presionar.
—Sí, quiero hablar con ella y contribuir a encontrar a su hermana.
—¿Cuándo quieres hablar con ella?
—Hoy mismo.
—Mañana, porque tengo cita con la psicóloga hoy.
—Está bien, le diré.
—Quiero volver a la universidad, pero tengo miedo, si no me reintegro a las clases voy a perder mi beca.
—Voy a hablar con Carlos para ver qué solución le damos a eso, nos vemos luego, ¡cuídate!
Se marcha rápidamente y, cuando va en el auto, usa su manos libres y llama a Carlos.
—¿Ya sabes que ese socio tuyo es un sucio pervertido?
—Sí, mi amor, hablé con Inés. No le he dicho nada para no ponerlo en alerta y que se nos escape, estamos investigando. No te preocupes, deja todo en mis manos, yo me ocupo de eso.
—Te amo.
—También te amo.
Editado: 06.03.2026