Lorena está en su mesa de trabajo y entra Mary.
—Hola, amiga, ¿qué te dijo Inés?
—Sí, va a hablar contigo, dijo que mañana porque hoy estará ocupada.
—Bien, me alegra, necesito seguir la ruta de mi hermanita, debo encontrarla.
—¡Esta incertidumbre me está matando!
—Te entiendo, amiga, debe ser duro.
—Estoy trabajando duro en el proyecto que me pediste.
—Ok, pronto tenemos que presentarlo ante los socios.
Al mediodía, Carlos la llama.
—Baja, mi amor, te espero.
Fueron a almorzar a un lugar muy lindo, fuera de la ciudad.
—Carlos, Inés quiere renovar sus clases pero tiene miedo, ¿crees que sus captores vengan por ella?
—No sé, pero hay que tomar precauciones, que vuelva a sus clases, eso la ayudará a recuperar su estabilidad emocional.
De repente se acerca a la mesa una mujer, está coqueteando con Carlos.
—Hola, Carlos, me tienes abandonada, ¿cuándo me llamas?, extraño nuestras salidas.
Carlos se nota molesto.
—Serías tan amable de retirarte, tengo cosas importantes que hablar con mi novia.
—Ah, ¿ahora tienes novia? Qué sorpresa, ¡será tu juguete de turno! —dice despectivamente y se va contoneándose.
—Perdón, mi amor, qué mal momento, no volverá a pasar algo así, te lo prometo.
—¿Quién es ella? ¿Fue tu novia?
—Mi única novia has sido tú —le dice tomando su mano— nunca me había enamorado de esta manera. —Le da un beso y saca de su bolsillo un empaque muy pequeño—. Ábrelo.
Lorena abre el empaque y le encanta, es una pulsera de oro con diamantes incrustados, Carlos se la coloca en la muñeca y le dice, no te la quites nunca.
—Gracias, mi amor.
Desde una mesa cercana la mujer observa lo que pasa y se nota muy enojada.
~¿Quién será esa mujer? Me parece haberla visto en alguna parte~ piensa Lorena, pero no le da importancia al asunto.
—Te tengo una sorpresa —le habla Carlos y la saca de sus pensamientos—. Vamos de una vez —le dice arrastrándola por la mano.
Suben al coche y Carlos la conduce hasta un elegante edificio, suben al tercer piso y entran a unas modernas instalaciones.
—Qué bonito y elegante es todo esto, ¿es tu nueva oficina?
—No, mi amor, este piso es tuyo, tu oficina, y esta parte es tu área de trabajo.
El área de trabajo tiene todo lo que un arquitecto necesita. Mesas de dibujo, porta maqueta y amplios ventanales que ofrecen un excelente panorama del mar y del puerto.
—Estas son otras oficinas para tus empleados u otros arquitectos, asociados o lo que desees, toma las llaves, y este es el documento de propiedad a tu nombre.
—¡No lo puedo creer! Mi amor, gracias, esto es el sueño de todo arquitecto.
Lo abraza y besa emocionada, Carlos la toma en sus brazos y la sube a una mesa, la besa y acaricia con pasión y en esa mesa le hace el amor, Lorena le corresponde con la misma pasión.
—Te amo —le dice y su voz se hace más ronca.
—Yo también te amo. —Le dice Lorena al oído y él desea continuar, pero Lorena se queja de dolor, y él se preocupa—. Me duele mucho.
—Te llevaré al médico, vamos.
—Tengo que trabajar.
—No puedes trabajar así.
—Llama a Mary, además de ahora en adelante serás la dueña de tu propio estudio y no tendrás que trabajar para nadie.
—Pero tengo que hablar con Mary, darle tiempo a que busque a alguien, no puedo dejarla así.
—Sí puedes, solo tienes que renunciar.
Lorena llama a Mary y le dice que se siente mal, que no va a volver por la tarde.
—Hasta mañana, nos vemos, iré con Inés.
Se despiden y Carlos la lleva en sus fuertes brazos al elegante baño.
La ayuda a lavarse y le alcanza la toalla. Salen y se dirigen al hospital. Al salir, Carlos fue a hablar con los guardaespaldas.
—Si vuelven a dejar que se nos acerque gente a molestarnos, serán despedidos —termina diciendo Carlos muy molesto.
Carlos recibe una llamada.
—Jefe, hemos tenido un enfrentamiento con hombres armados, aquí en la granja que nos mandó a custodiar.
—¿Hay muertos? ¿Capturaron a alguno de ellos?
—No, jefe, pero los autos y las placas están en las cámaras de grabación que instalamos en los alrededores.
—¡Buen trabajo! No se retiren del lugar, sigan vigilando y envíen las imágenes al jefe de informática.
Carlos cuelga y se baja con Lorena en el hospital.
—Mi reina, los hombres que mandé a cuidar en la granja de Don Juan, tienen pistas nuevas.
Van conversando por el largo pasillo y llegan al consultorio.
—Tenemos cita, llamé hace un rato —le dice a la recepcionista, quien los hace pasar.
Marcela los saluda y de inmediato pasa a examinar a Lorena.
—Está muy irritada, las partes íntimas duelen mucho al estar irritadas, eso suele pasar al perder la virginidad. No es grave, pero hay que tratar la zona afectada.
Marcela le hace una receta médica y se la da a Carlos.
—Es difícil para ustedes cumplir esta recomendación, pero nada de sexo, hasta que mejore.
Salen del hospital y van a la mansión de Carlos. Están cómodos apoltronados en la sala de cine y Lorena recibe una llamada.
—Hola, madre, perdón, debí llamarte, no tengo disculpa. Sí, claro, voy a ir. Te amo, madre, chao.
—Carlos, tengo que ir a casa de mi madre, mañana mismo.
—Estás de reposo, mi reina, no puedes viajar.
—Pero voy a ir, mi madre me necesita, está enferma.
—Si es así, yo te llevo, así conozco a mi suegra.
Después de cenar se retiran a sus habitaciones. Lorena va directo a su habitación, está cambiándose para ir a darse un baño relajante cuando entra Carlos. Al verla con bata de baño, sonríe y le dice:
—Aquí está su fiel sirviente dispuesto a darle su baño.
—Carlos, no comiences con eso.
—Yo sé que te gusta, por eso siempre estoy dispuesto a complacer a mi reina.
Se ríen juntos.
—Hoy no enciendas la hoguera, mi amor.
—No, para nada, solo quiero ayudar —le dice guiñando un ojo.
Editado: 06.03.2026