Esclavas

Subastada

​Lorena despierta en brazos de Carlos, se levanta, se ducha y se cambia de ropa. Cuando ya va a bajar, Carlos entra a la habitación.

—¿Ya te vas, mi amor? Recuerda que tienes que reposar, no debes trabajar.

—Voy con Inés a la oficina de Mary y regreso rápido porque debo ir a casa de mi madre. Hoy le hablo a Mary de mi renuncia.

—¿Te llevo, mi amor?

—Iré sola, no te preocupes.

Lorena y Carlos bajan a desayunar y encuentran a Inés desayunando; hablan con ella de las nuevas pistas y de los policías implicados. Después del desayuno:

—Inés, ¿puedes ir conmigo para tu entrevista con Mary?

—Sí, claro, vamos.

Las dos chicas salen juntas y detrás las siguen los guardaespaldas de Lorena. Al llegar al edificio, dos hombres las siguen e Inés se pone nerviosa.

—Cálmate, Inés, son solo mis guardaespaldas.

Ya más calmada, entran a las instalaciones y la secretaria de Mary las hace pasar.

—La señorita las espera.

—Hola, bienvenidas —las recibe Mary.

—Mucho gusto, soy Mary.

Estrechan sus manos y se sientan a conversar.

—Inés, ¿viste a mi hermana? —Abre su portátil y le muestra la foto de Raiza.

—Sí, es ella, estuvimos varios días secuestradas en una casa, esposadas a la cama. Ella lloraba mucho. El último día que la vi la iban a llevar para subastarla y a mí me habían vendido. Cuando me llevaron aún estaba allí atada, y a Lorena la habían sedado y dormía.

—¿Cuánto tiempo las tuvieron en esa casa?

—Como una semana.

—¡Malditos sucios! ¡Tengo que encontrar a mi hermanita!

Hablaron de los policías implicados, de las pistas y de las evidencias incriminatorias que tienen, pero Lorena no le habló del socio de Carlos por miedo a que Mary, por desesperación, fuera a cometer algún error que dañe la investigación.

Luego de la entrevista, tomaron un té.

—Mary, tengo que hablar seriamente contigo.

Inés educadamente se retiró a observar el panorama por los ventanales de vidrio.

—Carlos me regaló un estudio y voy a trabajar por cuenta propia.

—¿Y me vas a dejar? Ya me lo imaginaba. Pero son buenas noticias, me alegra que vayas avanzando. ¡Felicitaciones, amiga! Tenemos que celebrar.

—Claro, amiga, pero cuando regrese de ver a mi madre que está enferma.

—Ok, Lorena, pero podemos seguir con lo del proyecto. No importa que te vayas, aun así puedes seguir siendo mi arquitecta de nuevos proyectos.

Lorena y Mary se estrechan las manos para sellar el acuerdo.

Salen del edificio y van rumbo a la mansión, pero antes Lorena pasa por una tienda exclusiva y hace uso por primera vez de la tarjeta que Carlos le dio.

—Vamos, te voy a comprar ropa.

Entran y Lorena, elegantemente vestida con ropa de diseñador, es atendida con esmero.

Inés se prueba algunas prendas de vestir y compra mucha ropa de moda. Salen de la tienda e Inés se ve feliz, por momentos ha olvidado la cruel pesadilla que vivió.

—Si quieres volver a clases, dejaré mis guardaespaldas para que te cuiden.

—Sí, voy a volver. Esos desgraciados no van a truncar mis metas y sueños.

—¡Así se habla!

​Al regresar no ve a Carlos y le pregunta a Joel:

—¿Dónde está el señor?

—Dejó un mensaje para Ud., señorita, que esté lista que ya regresa.

Lorena sube a su habitación e Inés la acompaña y la ayuda a hacer una pequeña maleta.

Se oye una voz en el pasillo:

—¿Mi amor, ya estás lista?

Entra a la habitación y le da un beso a Lorena.

—Inés, he dejado órdenes para que un guardaespaldas te acompañe a la universidad cuando desees ir.

—Gracias, mañana mismo volveré a clases.

Afuera hay una limusina color negro esperando, el conductor toma la maleta de manos de Carlos y les abre la puerta.

—¡Guao! Mi amor, qué elegancia, ¿es tuya?

—Es nuestra, mi amor, pero he pensado en comprar una para ti.

—Ya me has regalado mucho.

—Aún no te regalo nada, quiero regalarte de todo y ver tu carita feliz, eso me satisface mucho.

Llegan a un aeropuerto privado y el avión de Carlos les espera con la escalera extendida.

—Bienvenida, señorita Smith.

—Gracias.

Carlos la toma de la mano y la ayuda a subir, es un avión con todas las comodidades que derrocha elegancia y buen gusto.

Suben a bordo y emprenden el vuelo.

—Ven, mi amor, tienes que descansar.

La conduce hasta una alcoba y le quita los zapatos.

—Acuéstate, mi reina hermosa.

Ella se acuesta obediente, y él se acuesta a su lado, la abraza y la arrulla como a un bebé para que se duerma. De repente recuerda algo y se levanta.

Le da una cápsula y le acerca un vaso de agua.

—Dijo Marcela que tienes que ponerte la crema a diario dos veces.

—Voy a lavarme para colocarla.

Va al baño y regresa con una bata.

—Soy tu fiel servidor, yo te la pongo.

Lorena lo deja hacer lo que quiere, Carlos le unta suavemente la crema en las partes íntimas.

—¿Te duele mucho, mi amor?

—Ya me duele menos.

Al aterrizar, Carlos mira por la ventana.

—Mi amor, llegamos.

La ayuda a vestirse y bajan del avión, afuera les espera un chofer en una limusina con la puerta abierta, Lorena le da una dirección y parten del aeropuerto.

Llegan a una casa muy bonita con amplios jardines. Lorena saca sus llaves y abre la puerta labrada en madera.

—¡Madre, ya llegué!

Una enfermera sale a hablar con ellos.

—Está dormida, pero su madre está muy enferma.

—¿Qué tiene? No sabía que estaba tan enferma.

—Sufrió un accidente cardiovascular.

—Yo no sabía nada de esto, cuando hablamos tampoco me dijo que estaba tan mal.

—Sí, estuvo recluida en el hospital, fue dada de alta pero con cuidados extremos —explica la enfermera.

—¿María, con quién hablas? —se oye la voz de Marta.

Lorena corre a la habitación.

—Madre, ¿por qué no me dijiste que estabas tan enferma?



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En el texto hay: accion, aventura, naugragio

Editado: 06.03.2026

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