Esclavas

¿Estás Implicado en los Secuestros?

​Raiza está viajando en un barco; sus captores le quitaron las esposas y le permitieron estar libre en su camarote, pero está bajo llave. El que parece el jefe se dirige a ella:

​—Tienes suerte, niña. Te compró un sultán, o sea, un rey árabe, así que prepárate para ser suya.

​Le ponen cremas en las marcas que tiene en las muñecas y en los tobillos, le dan buenos platillos de comida y ya no la mantienen drogada.

​—Cuando lleguemos tienes que estar hermosa, no podemos decepcionar al rey. Pagó muchos millones por ti.

​Raiza, que había pasado días sin querer comer, empieza a alimentarse; tiene la ilusión de poder escapar en algún puerto donde desembarquen.

​Mientras tanto, en la mansión de Carlos, Lorena da vueltas en su habitación. Carlos no ha llegado y ella tiene mucho que decirle. Ya muy estresada lo llama; él viene llegando.

​—Ya voy, mi amor. ¿Me extrañaste mucho?

​Lorena ignora la pregunta.

​—Necesito hablar contigo —entra a la alcoba aún hablando por el móvil. Él la mira y nota que algo pasa—. Hola, mi amor. ¿Estás enojada? ¿Hice algo que te molestó?

​—Explícame, ¿por qué tú eres el dueño del edificio de donde desapareció Ángela?

​—¿Cuál edificio? Soy dueño de varios edificios, ¿a cuál te refieres?

​—El que está cerca de la cafetería donde nos vimos por primera vez.

​—¡Ah, ese! ¿Desapareció Raiza allí? No lo sabía.

​—Sí, allí desapareció cuando acudió a una cita de trabajo, y yo fui secuestrada después de ir a una entrevista a ese mismo edificio. ¿Cómo me explicas eso?

​—Y el gordo ese que es tu socio, Inés lo identificó como su secuestrador y aún sigue libre y tranquilo, y sigue siendo tu socio, ¿por qué?

​—Ya te expliqué, mi amor, estamos investigando y tenemos pistas muy buenas. Estamos a punto de atrapar a los traficantes de chicas; no te había contado porque estabas muy preocupada por tu madre y no quería estresarte más.

​Lorena se levanta de donde está sentada, toma algunas cosas y baja por el ascensor. Carlos la sigue.

​—¿A dónde vas, mi amor? ¿No estarás pensando que yo tengo algo que ver en eso?

​—Me voy a mi apartamento y, hasta que esto se aclare, no quiero volver a verte. Dónde están las llaves de mi auto viejo, no quiero nada tuyo.

​Carlos pide que busquen las llaves.

​—Por favor, piensa bien lo que haces, no tengo nada que ver con esa basura, no te vayas.

​Lorena sale de la mansión en su auto viejo. Las lágrimas corren por su linda cara.

​—Dios mío, no puede ser posible esto.

​Se seca las lágrimas y baja en el edificio donde está su apartamento. Cuando va a abrir la puerta ve que la están siguiendo; son los guardaespaldas.

​—¡Fuera de aquí, no quiero verlos! —les grita, pero ellos no se van. Sube al edificio dando un portazo y los deja afuera.

​Cuando Lorena llega, Inés, que está estudiando, se sorprende mucho. Ella está sentada mientras que su guardaespaldas prepara la cena.

​—Cariño, ponle más agua a la sopa, tenemos que invitar a Lorena —le dice al guardaespaldas mientras sonríe. Al ver la cara de Lorena, Inés pregunta—: ¿Sucede algo, amiga?

​—Solo discutí con Carlos.

​Entra a su habitación y se queda acostada inmóvil, sin fuerzas para moverse.

​—Esto es horrible, me duele el corazón de verdad.

​Carlos camina de un lado para otro; su novia se ha ido muy enojada y no pudo hacer nada para convencerla. Tiene que apresurar las investigaciones. Envía a un grupo de hombres a investigar en la casa de campo del socio corrupto y se va a entrevistar con un alto funcionario de la policía de la capital que está de visita en la ciudad.

​—¡Carlos, no te veía desde que estuvimos en la universidad!

​—¡Un placer saludarte, amigo! Tenemos que hablar en privado.

​Entran a una oficina y cierran la puerta. Carlos lo pone al día de los acontecimientos que han estado sucediendo en la ciudad.

​—Y hay implicados policías y altos funcionarios del gobierno; no he sabido a quién recurrir y he hecho una investigación por mi cuenta.

​Pone en manos de su amigo Ricaute todas las evidencias que tiene; le habla del socio corrupto y del caso de Inés.

​—Es un enorme caso, lo tomaré. Voy a pedir una comisión de los mejores detectives. Gracias, amigo; hace años venía siguiendo la pista a esta banda de delincuentes y nunca había estado tan cerca.

​En esos instantes, lo llaman sus hombres desde la casa de campo y le envían un video donde se ve a una chica amarrada de una soga que cuelga del techo. Han atrapado con las manos en la masa al pervertido; lo tienen. En el video está desnudo y con un látigo en la mano; se ve cuando golpea a la chica y entra un grupo de hombres armados.

​—Jefe, ¿qué hacemos con los que atrapamos?

​—Ya vamos para allá, esperen allí.

​Ricaute pide una comisión de los mejores y más confiables detectives, que llegarán en avión en dos horas, mientras ellos salen inmediatamente para la casa de campo. Carlos y Ricaute llegan al lugar; el socio de Carlos tiene la cabeza baja y no se atreve a mirarlo.

​Los hombres de Carlos han soltado a la chica y le pusieron una camisa; está muy débil, golpeada, violada y tiene varias quemaduras. Es una estudiante universitaria que resultó ser la hija de un hombre rico de la capital; su caso había sido muy sonado en la televisión y redes sociales. Es trasladada en ambulancia, fuertemente custodiada, a un hospital.

​Al gordo pervertido lo dejan ponerse un pantalón y lo sacan esposado, sin camisa. Al llegar a la policía, los reporteros y cámaras lo graban y sale en noticias que ve todo el planeta. Los cazadores de noticias están como aves de rapiña para saber quién es la víctima, pero ella permanece en el anonimato; está en cuidados intensivos. Su familia ha llegado en avión privado y está instalada en el hospital en espera de cualquier noticia de los médicos; su única hija está en estado de coma.

​Lorena ve las noticias y ve a Carlos en algunos videos que suben a las redes, donde dicen que contribuyó a la captura del delincuente. Su móvil repica y ve la cara de Carlos en la pantalla; su corazón suena como tambores indios.



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En el texto hay: accion, aventura, naugragio

Editado: 06.03.2026

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