Esclavas

¡El Pervertido, a la carcel!

​El socio pervertido está perdido. Su empleado declaró contra su patrón, y una comisión de detectives enviados por Ricaute excavaron en la casa de campo y encontraron ocho esqueletos enterrados en su patio; las experticias realizadas han identificado a varias chicas desaparecidas.

​Carlos y Lorena se entrevistan con el jefe de la investigación.

​—Tienes que identificar a los sujetos atrapados cuando tu rescate.

​—No tengas miedo, mi amor, no te verán, solo tú puedes verlos.

​Lorena los identifica de entre varios y a la mujer también.

​—Estos hombres y la mujer dicen que habían sido contratados para cuidar a las chicas, irán a juicio igual que el socio pervertido. Tenemos una investigación en curso, estamos cerca de atrapar a la banda.

​Inés ingresa a la oficina y también va a la sala de los espejos; identifica a los hombres y a la mujer.

​—Las dos son testigos claves en el juicio contra los implicados.

​Lorena está nerviosa y Carlos lo nota enseguida, se acerca y toma su mano.

​—No estás obligada, si tú quieres vas, si no quieres ir, nadie puede obligarte.

​—Quiero ir, no voy a contribuir a la impunidad de estos delincuentes.

​El socio corrupto está en la silla de los acusados, las evidencias contra él son abrumadoras. Inés, valientemente, declara contra él. Juan, el anciano que la ayudó cuando escapó, lo identificó y declaró contra él. La chica que fue rescatada por los hombres de Carlos no pudo presentarse al juicio, los médicos no dieron su consentimiento.

​Pero varios del grupo que la rescató declararon sobre sus condiciones el día del rescate y la declaración de ellos fue determinante en el juicio. La juez oyó la decisión del jurado, quienes lo declararon culpable de todos los cargos.

​La juez del caso le aplicó 100 años de prisión por cada uno de sus crímenes; morirá en la cárcel, sin posibilidad de salir. Estando en prisión, Ricaute lo visita y le hace algunas preguntas claves.

​—¿A quién le comprabas las chicas?

​—Las compraba por internet.

​—¿Conoces a alguno de la banda?

​—No.

​—No he podido sacarle nada, vayan a ver qué pueden negociar con los otros hombres o con la mujer, antes de que sean enjuiciados.

​Uno de los detectives va a entrevistar a la mujer; ella, al saber que van a enjuiciarla, estaba dispuesta a hablar para rebajar cualquier condena. El detective comienza el interrogatorio.

​—¿Qué sabes de Raiza, la otra chica que estaba secuestrada en esa casa?

​—A ella se la llevaron, dijeron que iba a ser subastada.

​—¿Quiénes se la llevaron?

​—Uno de ellos apodado el Gigante y otro al que le decían Kiko.

​—¿Cuál es el perfil que debe tener una chica para calificar de víctima de la banda?

​—Ellos comercian solo con vírgenes, bellas y educadas.

​—¿Qué pasa si atrapan a una que no sea virgen?

​—La venden como esclavas sexuales en los prostíbulos.

​—¿Cuáles prostíbulos?

​—Los que hay en el mundo, ellos son internacionales, tienen comercio en todo el mundo. Usan un barco para trasladar chicas a otros continentes, también tienen aviones privados.

​—Mira estas fotos, si identificas a alguien de los que trabajan en la banda me dices.

​—Este es un colaborador, este otro también ayudaba a atrapar a alguna que escapara, y este es Kiko.

​En el álbum de fotos reconoció a dos policías sin saberlo.

​—Si recuerdas algo más me llamas, por favor, esta es mi tarjeta.

​Con la información en la mano, le comunica a su jefe lo que pudo sacar de la mujer.

​—Sí, a esos policías también los identificaron Carlos, Juan, Inés y Lorena. Fueron destituidos de sus cargos y están presos; estamos mediando con ellos, saben más de lo que dicen.

​—Coloca la foto de Kiko entre los criminales más buscados y la foto del Gigante. Extraen la imagen del Gigante del video que aportó Carlos como evidencia y convoca una reunión con todos los del grupo de la capital. No quiero que se filtre información, no sabemos qué otros policías de alto rango están implicados.

​En la reunión se les participa que no pueden compartir información con nadie. Crean una alerta para todos los aeropuertos y puertos del mundo y envían la foto de Raiza.

​—Registren todo barco privado o público, busquen a esta joven que ha sido secuestrada. Y para los aeropuertos, la misma alerta.

​En el barco donde viaja Raiza, los secuestradores la han dejado salir a tomar sol. Estos días se han dedicado a ponerla bien, curar los moretones y alimentarla bien. Todo tiene un buen efecto en Raiza, que se ve hermosa y radiante.

​En una isla llegan a surtir gasolina. Raiza se prepara para escapar, pero el Gigante la lleva al camarote y la esposa a la cama.

​—No muevas las manos, no vayas a lastimarte, que ya no tienes marcas.

​Raiza llora de impotencia. Al rato siente que están en movimiento. El Gigante regresa con un hermoso vestido de princesa. Gigante libera a Raiza de las esposas y llama:

​—¡María! Dale un buen baño, la peinas y la arreglas; haz tu trabajo, aquí está su vestido.

​La mujer toma a Raiza por la mano y la lleva al baño, donde se encarga de realizar su trabajo.

​Raiza se ve en el espejo del camarote. Su imagen es la de una princesa de cuento de hadas; sus ojos azul claro brillan reflejando los brillos del vestido, su cabello rubio ha sido lavado, secado y peinado y cae en cascadas por su espalda, sus labios han sido acentuados por el labial que los hace muy sensuales, su hermosa cara sonrosada por el sol se ve bellísima, parece salida de un cuento de princesas.

​Sus captores van a ver cómo se ve y el Gigante da un fuerte silbido de admiración.

​—Eres la princesa de un sultán, no tendrá nada que objetar el rey de estas tierras; nos arriesgamos a que nos corten la cabeza si no está complacido.

​Llegan a un puerto con mucho movimiento; los hombres reciben un mensaje donde se les indica que no bajen la carga por ese puerto y les dan coordenadas de otro puerto.



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En el texto hay: accion, aventura, naugragio

Editado: 06.03.2026

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