Esclavas

La Mercancía

​La persecución continúa hasta que un camión, un todoterreno y un auto deportivo amenazan con interceptar el auto de los malos, sin ellos estar al tanto del peligro; los malos se meten entre el deportivo y el todoterreno, los tres querían rebasar al camión, al intentar el deportivo pasar el camión, los malos quieren pasar primero y rozan levemente el deportivo, que se estrella contra la baranda del centro.

​Los malos colisionan un poco, se enderezan y continúan; el todoterreno que venía detrás, por evitar chocar contra el deportivo, se desvía rápidamente a la derecha sin dar tiempo a frenar al camión, que aplica fuerte los frenos y colisionó y quedó en diagonal cerrando toda la vía.

​Los hombres de Carlos quedan atrapados por el accidente, sin poder pasar del otro lado. Llaman a Carlos para informar la novedad.

​—Jefe, no pudimos atraparlos, se interrumpió la persecución por un accidente que cerró la vía, pero tenemos las placas, llame a la policía, van por la 22 después del puente.

​Carlos llama a Ricaute, quien no tiene más remedio que confiar en la policía local. La patrulla que está disponible en las cercanías, a las dos horas llama para confirmar haber encontrado un auto abandonado con las placas indicadas.

​Los malos están en su guarida.

​—Si el jefe quiere que atrapemos a esa paloma, tiene que pagar más, y darnos más gente y más armas, está muy custodiada, vale mucho.

​—Yo no me presto para atrapar a esa chica, es muy peligroso.

​—¿Qué, te vas a rajar?

​—¿Ya viste todo el arsenal que tienen? Escapamos de puro milagro.

​—Pero si nos dan tropa y armas sí me animo —termina diciendo Kiko.

​—No sé por qué el jefe quiere a esa chica, parece que tiene novio o marido, no va con nuestra línea de ventas, ya no creo siga virgen.

​—¡Por contratar novatos se nos escapó la otra vez!

​—No eran novatos, cayeron porque los rescatistas eran de origen privado, del novio quizá, y tienen herramientas más avanzadas que nosotros.

​—Aló, Jefe, la paloma está muy protegida, tenemos que hablar.

​—No podemos vernos, es peligroso, ¿dime qué quieres?

​—Si se empeña en ese tipo de paloma, tiene que dar más ganancias, más herramientas y más empleados porque es muy difícil de atrapar.

​—Hagan su trabajo, después tratamos ese asunto, ¿qué mercancía tienen?

​—Nada, estábamos trabajando con el encargo.

​—¡Vayan a cazar, que para eso les pago!

​El jefe cuelga y los dos delincuentes se quedan hablando.

​—¡Hoy no salgo más, ni a cobrar una herencia!

​—Para nada salimos hoy, aún estoy asustado con la persecución esa de película, ¡salvados por el accidente!

​Carlos está tratando de calmar a Lorena, que está muy nerviosa; la llevó a la mansión, pero Lorena no se calma y llama al médico.

​—Está muy nerviosa, este evento renovó en su mente el secuestro pasado, tiene miedo y es lógico —opina el médico, que está hablando en privado con Carlos, después de examinar a Lorena.

​—¿Qué tenemos que hacer? Le puse un calmante fuerte, dormirá y se despertará más calmada, pero si continúan los nervios, tiene que ver a un especialista en estos traumas psicológicos, no hay que dejar que evolucionen o se estanquen en su psiquis.

​Carlos golpea la mesa.

​—¡Malditos delincuentes! ¿Por qué persiguen a mi novia?

​Se despide del médico y va a ver a Lorena, que duerme plácidamente en el sofá de la sala. Sale a otra estancia y ordena a una mucama que se quede con ella, que no se aparte de su lado, no quiere que se despierte y se asuste.

​Carlos se queda haciendo unas llamadas.

​—Ricaute, tenemos que atrapar a estos tipos, eran el Gigante y el Kiko, querían volver a secuestrar a Lorena, tuve que ocupar mi escuadrón completo para protegerla. Los hombres los persiguieron, pero quedaron atrapados en un accidente que cerró la vía y se escaparon.

​—Amigo, entiendo tu preocupación, estoy trabajando a toda máquina con mis hombres de confianza, porque aquí no sabemos en quién confiar.

​Carlos cuelga y va a darle una vuelta a su amada Lorena, que aún duerme y la mucama está con ella. Vuelve a salir y llama a su hacker personal.

​—Investiga, revisa cámaras, mira desde dónde vinieron, cuánto tiempo la siguieron, cuando tengas algo importante me llamas.

​Llama a Inés y la pone sobre aviso.

​—Ten cuidado, intentaron secuestrar a Lorena, ¿dónde estás?

​—En la oficina.

​—No te separes de Daniel, y mejor cierra el estudio y vente a mi casa, puedes ser de ayuda, Lorena estaba muy nerviosa.

​—Ok, gracias.

​Daniel, el guardaespaldas de Inés que ahora también es su novio, ha ido a comprar algo de comer cuando recibe una llamada de Inés; se escucha alterada.

​—Vente rápido, intentaron secuestrar a Lorena.

​Daniel pasa por Inés y ella está tan nerviosa que está petrificada en la oficina y no se atreve a salir; Daniel sube a buscarla y con mucho tacto y cariño la convence de salir.

​Llegan a la mansión de Carlos, Lorena aún duerme bajo los efectos del sedante. Carlos sale a hablar con ellos, los interroga, quiere saber si los han seguido, o algo inusual.

​—Jefe, todo bien, no nos siguen, todo bien con Inés.

​—Pero está atento, no bajes la guardia.

​—Claro que sí, jefe, ahora estaré más atento.

​Están hablando en un salón alejado, Carlos no quiere que se perturbe el sueño de Lorena.

​Carlos se retira para hacer una llamada.

​—Ricaute, no sé qué pensar, este atentado parece una venganza de parte de los traficantes, puede ser que quieran secuestrar a Lorena para vengarse.

​—Carlos, yo más bien creo que Lorena es un encargo especial, quizá un cliente o el jefe de la banda la quiere para él, son hipótesis, pero hay que tener en cuenta todo.

​—¡Esos malditos! ¡Que no pongan una mano en mi novia porque los busco hasta debajo de las piedras! —termina la llamada enfurecido y respirando amenazas.



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En el texto hay: accion, aventura, naugragio

Editado: 06.03.2026

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