Esclavas

No Somos Presas de Caza

​Lo primero que ven los ojos de Lorena, es la cara de su amado novio.

​—Hola, mi amor, ¿cómo te sientes? ¿Quieres comer algo? —mientras le habla le acaricia suavemente su linda cabellera.

​—Quiero un jugo, tengo la boca seca.

​—¿De qué fruta quiere el jugo, mi reina hermosa?

​—De naranja, por favor.

​La mucama sale rápidamente a buscar el jugo antes de que la manden.

​—Hola Inés, no te había visto, amiga.

​—Hola Lorena, ¿cómo estás? Me quedé petrificada cuando me enteré.

​—¿Te han perseguido? ¿Te han molestado?

​—No, pero me asusté mucho, Daniel tuvo que ir a despegarme porque no podía moverme.

​Lorena seca unas lágrimas que pugnaban por salir desde hace rato.

​—No llores, mi amor, aumentaremos la seguridad.

​Con los ojos llenos de lágrimas, Lorena expresa todo lo que siente.

​—¿Por qué tengo que andar con guardaespaldas? ¿Por qué esos delincuentes han cambiado mi estilo de andar por la vida? ¿Por qué tengo que andar con miedo? Y a Inés que es tan fuerte la pusieron hecha un manojo de nervios, hasta miedo tenía de ir a la universidad, no somos mercancía en oferta, somos seres humanos, ¿qué pasa con esta sociedad? ¿Se han perdido todos los valores? ¡No somos presas de caza!

​Carlos ve a su novia gritar y llorar y no sabe qué hacer, más que estar allí para ella.

​—Cálmate, mi amor, no llores —le seca las lágrimas con cariño, le duele verla sufrir.

​La mucama llega con el jugo y Carlos al verla un poco más tranquila.

​—Toma tu jugo, mi reina.

​Y le da poco a poco el jugo hasta que se lo toma todo.

​Inés al ver a su amiga explotar salió al jardín a llorar, Daniel está con ella y la consuela, ella llora en su pecho. Luego cuando esté más calmada.

​—Tengo que estudiar, esta semana empiezo las pasantías en el hospital, vamos al apartamento.

​—Te admiro, mi amor, eres muy fuerte y sabes sobreponerte a todo.

​Van tomados de la mano a despedirse de Lorena.

​Lorena y Carlos suben a la habitación, ella quiere bañarse, Carlos le prepara el baño, la carga en sus brazos y la mete a la bañera. La baña con cariño y delicadeza, quiere que olvide los malos ratos, restriega su cuerpo y cuando está lista la lleva en brazos a la cama.

​La tiene entre sus brazos completamente desnuda, la abraza como lo más preciado del mundo.

​—¿Te pongo una bata, mi amor?

​Al ver que no responde, aparta la cara y la observa dormida. El sentirse protegida, el amor, el agua tibia, el baño, el sedante, todo se conjugó y duerme plácidamente.

​La acuesta con sumo cuidado para que no se despierte, la arropa y sale al pasillo a llamar a su mamá, debe estar muy preocupada.

​—Aló, ¿cómo está Lorena? ¿Quieres que vaya para allá?

​—Ahora está dormida, pero ha sido muy duro para ella, ha llorado mucho.

​—Cuídala mucho, hijo, ella es linda, inteligente, tenaz, muy segura de sí, y ya no hablemos más, ve a su lado.

​En la mañana Lorena no quiere ir al estudio, quiere ir a probarse vestidos de novia, Carlos quiere que los pida por internet y se los pruebe en casa.

​—Así no emociona, yo quiero probármelos, y pedir opinión de otras personas.

​—Ah, ¿mi opinión no es importante?

​—¡Claro que sí! Pero tú siempre dices, ¡te queda perfecto!, bien se ve que me quieres.

​—Solo digo la verdad, vamos, yo te acompaño.

​—¡Noooo! Los novios no pueden ver a la novia con el vestido antes de casarse.

​—Mejor vamos a pasar el día en casa de mi suegrita, la villa me da tranquilidad, con toda su vegetación y jardines.

​—No se diga más, vamos a casa de mi madre, estará feliz de tenernos allá todo el día, ya la llamo.

​Suben a la limusina que esperaba con la puerta abierta, Lorena sube con la ayuda de Carlos, que la atiende con amabilidad.

​Adelante va un auto con hombres armados, detrás otro auto con hombres especialistas y armados que los siguen. Al llegar sale Carmen feliz de recibirles.

​—Bienvenidos, Lorena, al saber que venías mandé a preparar tu comida preferida, que también es de mi agrado.

​—Gracias, Carmen, tú siempre tan amable —le dice, la abraza y le da un beso.

​Las dos mujeres han desarrollado un vínculo muy cercano, son amigas, cómplices, bromean y ríen siempre; y hacen a Carlos víctima de sus bromas y a Carlos le agrada ver a las dos mujeres más importantes de su vida reír felices.

​Están a la mesa comiendo, hablando y compartiendo juntos.

​—Cuando termine voy a ir a ver la obra.

​—Hoy solo descansa, vámonos de piscinada, la hice limpiar y cambiar de agua hace dos días.

​—Pero no traje mi bikini.

​—Yo estoy preparado para todo, traje tu bikini.

​Jajaja, se ríen al ver a Carlos sacar el pecho y mostrar los músculos del brazo.

​En el castillo el sultán está pensativo, qué va a hacer con la rubia habitante del castillo que es rebelde y nada sumisa, envía a sus siervos a buscar una dama de compañía que la enseñe a comportarse en la corte, le enseñe modales y que sepa hablar el idioma de Raiza para que se entiendan.

​Ricaute llega a la oficina de Mary, la asistente la hace pasar.

​—Hola, mi cielo.

​—Qué alegría verte.

​—Vine a invitarte a comer.

​—¿Estás libre?

​—Siempre estoy libre para ti.

​—¿Me tienes buenas noticias?

​—Espera, tengo varios sospechosos, pero no tengo pruebas, únicamente pruebas circunstanciales. Estamos trabajando a marcha forzada, tengo mis esperanzas que pronto dará resultado todo el esfuerzo.

​La abraza y se besan largamente, luego Ricaute le hace una pregunta que hace mucho quería hacerle.

​—¿Tú solo quieres una aventura conmigo o quieres algo más?

​—Me gustas mucho, quiero mucho más que una aventura.

​—Pero soy solo un policía y tú eres una mujer de negocios muy rica.

​—No tengo prejuicios tontos, ni hago diferencia de clases entre personas, pienso que todos somos iguales, no cambia nada el hecho de tener dinero o no.



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En el texto hay: accion, aventura, naugragio

Editado: 06.03.2026

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