Esclavas

El Sultán

​Raiza está en una celda fría, pero prefiere estar allí que al lado del sultán.

​—Toma, come, o te alimento a la fuerza —le advierte el hombre que le trae la comida. Una mujer viene toda ataviada con velos y joyas—. ¿Eres Raiza?

​—Sí, esa solía ser —contesta con una tristeza infinita.

​—Sácala de allí, tengo órdenes del sultán.

​La mujer conduce a Raiza a una alcoba elegante, llena de lujos.

​—Esta será tu habitación, aquí vas a recibir al sultán Omar, con educación y sumisión, te enseñaré cómo actuar con él, si te portas bien, te irá muy bien, si te portas mal, te irá mal.

​—No me importa portarme bien con ese señor.

​—El rey quiere que aprendas a comportarte en sociedad, eso es bueno para ti.

​—Nada que venga del hombre que me compró puede ser bueno para mí.

​—No seas tan negativa, levanta el ánimo.

​Unas mujeres la bañan, le secan el cabello y la visten.

​—Hoy el rey quiere verte, pórtate bien.

​Llevan a Raiza delante del rey, quien sonríe al verla.

​—Estás muy delgada, me han dicho que no quieres comer.

​—Quiero irme a casa, no quiero ser su prisionera, ni su juguete.

​En la habitación hay una mesa con exquisitos y variados platillos.

​—Siéntate —la invita con una señal de su mano.

​Raiza se sienta, pero no hace ningún intento por comer.

​—Es de mala educación despreciar la comida del rey.

​—No quiero comer.

​El sultán toma un plato, lo pone frente a ella y la alimenta.

​—Come, no seas infantil, te vas a enfermar.

​Raiza se da cuenta que tiene mucha hambre y come de la mano del rey.

​Después de ser alimentada, un sirviente les sirve café en una estancia con muebles llenos de cojines y alfombras. Ella se sienta bien alejada del sultán, pero él se acerca y acaricia la rubia cabellera de Raiza. La toma por la barbilla y mira sus ojos azules.

​—He pensado en ti... y te volveré a besar así me muerdas.

​Besa sutilmente los labios de Raiza, quien estaba desprevenida, no se siente satisfecho y la vuelve a besar esta vez más profundamente. Ella lucha por escaparse y lo muerde de nuevo.

​Raiza está atrapada en esos brazos fuertes del sultán.

​—¡Suéltame! —grita y se retuerce en sus brazos.

​—Cálmate, te vas a hacer daño.

​Ella lo mira con odio y ve sus labios mordidos, esta vez no sangran, pero están hinchados. Raiza queda sin fuerzas para seguir luchando, y se queda quieta por unos minutos; el rey la observa con atención, y la besa de nuevo, esta vez se quita rápido para evitar ser mordido.

​Conducen a Raiza hasta su nueva habitación, hay un TV gigante en una pared y varias mujeres llenan los armarios con mucha ropa. Ella toma el control remoto y busca canales de su país.

​Decepcionada tira el control en el sofá de la sala de estar que está en la recámara, donde se sienta. La chica que la sacó de la celda entra a la sala de estar, hace una reverencia y se presenta.

​—Soy Jazmín, me contrataron para que te haga compañía y te enseñe la etiqueta de estas tierras.

​—El rey me mandó a llamar, le vi los labios otra vez heridos, no sé cómo estás viva aún, ¿quieres que te envíen de nuevo a la celda?

​—Me da igual, no estoy aquí por mi gusto, fui raptada, subastada y comprada por tu rey.

​—Eso no lo sabía, pero aunque sea así, aquí suelen vender a las mujeres, eso es normal en este país.

​—¡Qué horrible, tratan a la mujer como una mercancía!, somos seres humanos, ¿qué pasa con esta sociedad?

​—Tienes que ser gentil y amable con el rey, nunca lo había visto tan interesado por una mujer, sus padres escogieron una esposa para él, pero no ha querido casarse, fue educado en Inglaterra y no está de acuerdo con ciertas costumbres.

​—¡Que se case! ¡Así dejará de molestarme!

​—Eres muy inocente, el sultán está encaprichado contigo, no te dejará, te aconsejo que utilices eso a tu favor.

​—¿De qué manera puedo utilizar eso a mi favor?

​—Si te muestras cariñosa y gentil con él, lo tendrás de tu lado y podrás pedir lo que quieras, que él te complacerá, ¡puedes hacer que se enamore de ti! —le dice Jazmín para convencerla.

​—No quiero nada con ese tipo que comercia con mujeres, lo odio.

​En el hospital Inés atiende a un hombre herido, cuando ve su cara se asusta, resulta que el hombre, es uno de los que la trasladaron hasta la casa del pervertido. Después de atenderlo, suturar su herida y vendarlo, Inés sale al pasillo y hace una llamada.

​—Ricaute, aquí en el hospital hay uno de los hombres que me entregaron al pervertido en la casa de campo, seguro también entregó a otras de las que murieron.

​—Ya voy para allá.

​El hombre es puesto en custodia mientras se recupera.

​El tipo se hace el inocente.

​—Yo solo fui a llevar a la señorita, no sabía para qué era.

​—¿No te preguntaste por qué iba esposada?

​—Algunas parejas juegan ese tipo de jueguitos y son felices.

​El tipo fue identificado por Inés. Pero lo dejan libre, para seguirlo y dar con los jefes de la mafia. Ricaute le pone un detective que lo sigue a todas partes.

​En la estación de policía llega una mujer de la capital, es joven y bella.

​—Serás un señuelo, hace tiempo que no hacen anuncios, pero pronto saldrá uno, te vas a presentar y llevas el currículum, nosotros vamos a estar pendiente de ti, no vamos a descuidar ningún detalle.

​—¿Y si no hacen ningún anuncio?

​—Sí lo harán, de esa manera atrapan a varias, ya que se presentan muchas para optar al cargo, que siempre es un cargo profesional y bien pagado; es su modus operandi.

​En la universidad donde estudia Inés hay mucha algarabía, están festejando que se gradúan. Inés está entre los graduandos, planean hacer una gran fiesta. Al llegar a la oficina, le cuenta a Lorena sobre la graduación y esta la felicita con un gran abrazo.

​—¡Qué bueno, amiga, te felicito!, ¿qué quieres de regalo para tu graduación?



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En el texto hay: accion, aventura, naugragio

Editado: 06.03.2026

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