Raiza se mira al espejo.
—Jazmín, ¿me veo bien?
—Estás bellísima, mi señor el sultán estará contento de verte, vamos.
La fiesta está en pleno apogeo, Raiza entra al salón, se siente un poco nerviosa. Un guarda la escolta hasta un lugar que parece estar guardado para ella.
Ella toma el sitio que el guarda le indica y Jazmín toma un lugar a su lado. La mesa delante de ellas está repleta de bocadillos, frutas y bebidas. Tocan música oriental, pero de repente la música cambia a música del país de Raiza, trayendo recuerdos que la hacen poner triste.
El sultán, ataviado con ropa de gala, llega al sitio de Raiza. Jazmín se levanta, y Raiza, cuando lo ve, se levanta también y hace una reverencia.
—Estás más hermosa que siempre, gracias por venir a honrar mi fiesta con tu belleza.
En la estancia hay algunas parejas bailando.
—¿Bailamos? —La toma por la mano y bailan.
—No sabía que era tan buen bailarín.
—Aprendí a bailar cuando estudiaba en Inglaterra.
—Sí, yo también estudié en University of London, ¿y qué estudió en Inglaterra?
—En esa misma universidad, estudié Filosofía y Letras, ¿y tú qué estudiaste?
—Administración de Empresas.
Los dos están bailando y hablando, y los invitados miran a la hermosa rubia y se preguntan:
—¿Quién es esa mujer?, ¿por qué el rey es tan atento con ella?
El rey la acompaña hasta su sitio.
—Ya regreso, voy a saludar al rey Muhammad.
El príncipe Audy, que es muy apuesto, ve a Raiza sola y fue a invitarla a bailar, y ella accede; están bailando y ella sonríe por algo que él dice. El sultán, al ver a Raiza en brazos de otro hombre, le pica el demonio de los celos y va a buscar a Raiza, la toma por el brazo.
—¿Pediste permiso para bailar con ella? —le hace la pregunta con ira al príncipe.
—Disculpe, no sabía que iba a molestarse, su majestad.
El sultán camina con Raiza a una estancia solitaria.
—Tú eres mía, nadie puede tocarte, no quiero que le sonrías a nadie más que a mí.
Raiza está asustada, nunca lo había visto tan enojado, no sabe qué decir ni qué hacer. El rey la toma en sus brazos, la abraza fuerte, la besa y profundiza el beso metiendo su lengua en la boca de Raiza.
La arrastra por el brazo hasta su habitación, le arranca el vestido y la tira en la cama, se sube sobre ella y está en un ataque de excitación incontrolable. Desnuda a Raiza totalmente arrancando toda su ropa; cuando la ve totalmente desnuda la besa.
Ella tiembla de miedo.
—Por favor, no me hagas daño.
El sultán, al ver su cara atemorizada, se levanta.
—No tengas miedo, no haré nada que no desees. Quiero hacerte mía, pero quiero que tú lo desees también. —La observa desnuda y se acuesta a su lado—. Quiero mi regalo de cumpleaños.
—¿Dejas que me ponga la ropa primero?
—¿Tienes miedo de besarme desnuda?
—Sí, tengo miedo.
—¿Por qué?
—No sé.
Raiza se levanta de la cama, él la sigue, la toma entre sus brazos, la besa y la acaricia, lo trae loco; ella se aparta y quiere ponerse el vestido, pero está roto.
—Voy a buscarte un vestido. —Sale hacia el vestidor y le trae otro vestido—. ¿De quién es este vestido? Es para ti, te compré tres, por si no te gustaba el que te regalé hoy.
—¿Por qué eres así conmigo?
—¿Cómo?
—Me compraste como se compra una esclava, juegas conmigo, ¿y quieres que te desee?, y además haces una escena de celos delante de todos, me traes aquí y me desnudas destrozando mi ropa y luego ¿me regalas otro vestido?, no te entiendo.
—Yo tampoco entiendo qué me pasa, no quiero hacerte daño, pero te deseo mucho, quiero que seas mía, me enloquecí de celos al verte en brazos de otro. Voy a despedirme en la fiesta, quédate aquí, ya vuelvo.
Sale de la habitación y ella se queda, se está poniendo el vestido.
—¿Qué me pasa?, ¿me gustan sus besos?, ¿me estoy volviendo loca?
Él regresa rápido, solo desea estar con Raiza. Ella tiene el vestido a medio poner y se ve sexy.
—Acuéstate conmigo.
Él se acuesta y ella se acuesta a su lado, la abraza y besa con pasión; ella tiene el vestido abierto y él besa su espalda, le baja el vestido hasta la cintura y de la boca de Raiza sale un gemido, y él sigue. De repente ella se levanta y sale corriendo.
—Le gusto, sé que le gusto —se dice a sí mismo y sonríe.
Es un hombre muy guapo, es alto, con el cabello negro, lacio y rebelde, lo peina hacia atrás un poco de lado, sus músculos muy bien formados, tiene bigotes y una barba tupida que usa muy bien delineada y muy corta, sonríe y sus dientes blancos y bien cuidados brillan.
Va a la habitación de Raiza y entra, ella está llorando sentada en la cama.
—¿Qué te pasa?, ¿por qué lloras?
—Quiero irme a mi casa, ¿me dejarás ir?
—No quiero dejarte ir, quiero tenerte aquí conmigo.
—Pero esto me hace daño, me hace sufrir.
—No quiero que sufras —le dice y limpia las lágrimas con sus manos. La carga en sus brazos y la lleva a la sala de estar. La mantiene abrazada sentado detrás de ella.
Cuando ella deja de llorar, la vuelve a cargar y la lleva a la habitación y la acuesta, le quita la ropa, y la arropa.
—¿Me dejas dormir contigo?
Sin esperar respuesta, se acuesta a su lado y la abraza.
Al amanecer Raiza está en los brazos del rey, ella siente la excitación de él, está sin camisa y ella desnuda, la tiene abrazada y siente sus brazos que rozan su piel, el pecho desnudo del rey está pegado a su espalda, toda esta intimidad la hace sentir cosas que no quiere sentir. Pero ya no tiene miedo, si él quisiera abusar de ella, ya lo hubiera hecho, ella está desnuda en sus brazos. Se queda en sus brazos y se vuelve a dormir.
Él se despierta lleno de deseos, tiene toda la cabellera rubia en su cara, pero no le importa.
~ Ella está diferente, no lucha, no me muerde ~
Editado: 06.03.2026