El sultán toma a Raiza en sus brazos, la abraza con ternura y seca sus lágrimas.
—No quiero que sufras, me duele mucho verte llorar; no llores, mi reina, por favor.
—Pronto terminaré la auditoría y me iré a mi país.
—Voy a morir cuando te vayas; solo de pensarlo ya me duele mucho. No dejaré de luchar por ti, quiero salvar este abismo.
Raiza deja de llorar y él aprovecha para decirle:
—Tengo una sorpresa para ti, vamos.
La toma de la mano y caminan muy juntos; van por un pasillo del castillo y llegan a un hermoso anexo.
—¡Qué bonito!
—¿Te gusta?
—Sí, no lo había visto nunca, es muy grande tu castillo.
—Es tu ala privada, tendrás servidumbre, y tu dama de compañía se mudará acá contigo. También contraté un chef experto en comida occidental; puedes decorar a tu gusto.
Raiza sonríe y voltea hacia el sultán.
—Gracias, es muy amable de tu parte.
—Raiza, gracias a ti por existir.
La besa suave con temor a ser rechazado; pero Raiza le rodea el cuello y le corresponde.
~ ¿Qué me pasa? Siento mariposas en mi panza cuando me besa o me sonríe, pero yo no puedo sentir nada bonito por el hombre que me compró ~
Se retira de su lado y da una vuelta por la cocina del anexo; todo está muy elegante y muy a lo occidental.
—Gracias, Omar.
—No es nada, estaba en construcción, lo mandé a hacer solo para ti —le dice retirando un mechón de pelo de su cara.
El avión donde viajan Lorena y Mary hace una escala y Lorena marca el número de Carlos. Escucha la voz de su amado y el corazón le palpita más rápido.
—Mi amor, ¿dónde estás? Me tenías muy preocupado.
—Voy camino a París, pasaré un tiempo allá, necesito estar sola, trabajaré y seguro te extrañaré mucho.
—¿Ya no me amas?, ¿por qué me dejas de nuevo?
—Te amo con toda mi alma, pero necesito alejarme por un tiempo.
—¿Cuánto tiempo?
—No sé cuánto podré soportar estar sin ti.
El vuelo inicia de nuevo el viaje.
—Chao, mi amor, tengo que colgar.
Carlos queda desolado.
—¡No puedo creer esto!, me abandonó de nuevo.
Lanza su móvil con todas sus fuerzas contra la pared, este se estrella y salta en mil pedazos.
El detective que está siguiendo al delincuente que atendió Inés en el hospital está en una llamada con Ricaute.
—Sí, lo estoy viendo, está hablando con Lucio, el hombre de confianza de Carlos.
En el móvil de Ricaute llegan varias imágenes.
—Esto adelanta en algo la investigación, sospechoso número uno: Lucio. Continúa con el seguimiento, puede llevarnos al escondite de la banda.
Ricaute recibe otra llamada, es de la policía internacional.
—Te enviaré unas imágenes, fueron captadas por una cámara de seguridad en una isla del Medio Oriente.
Ricaute recibe el envío en su correo. En las imágenes se ve a Gigante comprando un vestido.
~ Llevaron a Raiza al Medio Oriente; tenemos un indicio de donde puede estar la hermana de Mary ~
Raiza está trabajando en su oficina privada, el rey llega.
—Es hora de cenar, vamos, ya es tarde.
Raiza se deja llevar por la mano; la verdad es que está muy cansada. Van al comedor principal donde hay otras personas sentadas a la mesa, esperando al rey.
—¿Te tardas por andar detrás de esta mujer?
—Se llama Raiza, y por favor, ella merece respeto.
—¿Cuándo te vas a casar?, tienes un compromiso.
—Madre, no tengo ningún compromiso, tú hiciste ese compromiso, yo no.
—Tu padre estaba vivo y empeñó su palabra, no puedes dañar el honor de tu padre muerto.
—Soy el Rey, elegiré con quién me quiero casar.
Vienen los sirvientes a servir los alimentos y Raiza es atendida al mismo tiempo que al sultán, lo que molesta mucho a la madre, que se levanta de la mesa y se va muy enojada.
—No me va a obligar a casarme con quien ella quiera, lo siento, pero no.
Después de la cena, el rey invita a Raiza a dar un paseo en su limusina por la ciudad; Raiza va sentada al lado del rey.
—¿Te gusta la capital del reino?
—Sí, es muy bonita.
—¿Te gusta el campo? Tengo una hacienda y quiero llevarte este fin de semana; trabajas mucho y quiero que descanses.
—Pero tenía pensado trabajar ese fin de semana.
—Por eso quiero llevarte al campo, sé que si te quedas no podré sacarte de la oficina.
—Está bien, iré porque de todas maneras tú ya lo decidiste.
—No quiero que vayas porque yo lo decidí, quiero que vayas porque quieres ir; piénsalo y me dices mañana, mi madre también irá.
—Entonces quiero ir —dice Raiza sonriendo.
—Me alegra.
Están en una zona exclusiva.
—Vamos, te compraré algo bonito.
Bajan y los guardaespaldas están por todas partes; la gente los mira con sorpresa.
—¿Quién será esa rubia que anda con nuestro sultán? Es una occidental —murmuran las mujeres que los ven pasar.
El rey toma de la mano a Raiza y entran a una joyería.
—Ya me has regalado muchas joyas.
—Quiero regalarte más.
Están viendo y sacan un juego: collar de diamantes, pulsera y aretes.
—Son piezas preciosas y únicas, el diseño no se repite.
El rey lo toma y le coloca el collar, le pone la pulsera en la muñeca y Raiza se mira los aretes en un espejo.
—¿Te gusta?
—Sí, es muy bonito.
Salen de la joyería; Raiza lleva puesto el juego de prendas. Entran a una boutique y el rey se sienta mientras Raiza se prueba varios trajes de marca y él aprueba casi todo, porque a Raiza todo le queda muy bien.
—Busquen un traje de montar a caballo —ordena el sultán y es complacido de inmediato.
Salen de allí y los guardaespaldas cargan muchos paquetes, van al departamento de zapatería, donde Raiza escoge unas botas de montar, y zapatos para usar con los trajes y bolsos de diseñador. Los guardaespaldas casi colapsan con tanto paquete.
Editado: 06.03.2026