Carlos y Omar están sacando varias balsas inflables.
— Vamos a salir de esta manera: el marino y Jazmín, la mucama y el chef, Raiza, tú y Mary, y yo con Lorena; así será mejor que en una sola embarcación, de esta manera tenemos más posibilidades de salvarnos —
Carlos y Omar ayudan a todos a subir a las balsas.
— ¡Todos remen hasta la orilla aquella! —
Le toca el turno a Raiza, Mary y a Omar. Mary sube primero y luego Omar sube para darle ánimos a Raiza que está muy asustada; Carlos ayuda a subir a Raiza y Omar la recibe en la balsa.
— Nos vemos en la orilla — dice Carlos dándoles aliento.
— ¡Hasta luego, amigas! — se despide Lorena con lágrimas en los ojos.
— Vamos, mi amor, nos toca a nosotros —
Carlos y Lorena suben a la balsa. El viento arrastra la balsa y Carlos trata de hacer equilibrio con los remos en el agua; la lluvia los empapa totalmente. El viento empieza a menguar y Carlos rema vigorosamente hasta la orilla.
— No hay nadie, no han llegado a la orilla —
Lorena llora desconsolada.
— Mi amor, no llores, ten fe; iré a buscarlos —
— ¡No, no te vayas, tengo miedo! —
En la bruma de la lluvia ven una balsa; es Jazmín y el marino que vienen a la orilla.
— Mi señora y mi señor perdieron la balsa —
Jazmín está llorando y el marino explica qué pasó:
— Una ráfaga de viento fuerte tumbó al señor que hacía equilibrio con el remo de pie; al caer sobre la balsa, esta se levantó y el viento se la llevó, y todos cayeron al agua —
— ¿Por qué no los ayudaste? —
— Sí, fui a ayudarlos, pero la señora Raiza tenía una crisis de nervios y no quiso subir; se quedaron en unas rocas —
— Vamos a por ellos —
Carlos y el marino se van en una balsa y llevan otra balsa atada; al ver que el viento la levanta, el marino se baja y se sube a la balsa con mucha dificultad. Continúan y la lluvia ha dejado de caer, pero el viento no ha cesado. Llegan al sitio que el marino recuerda y no hay nadie.
— Es aquí, ¿por qué no están? —
— Debes estar equivocado, todas las rocas se parecen —
Siguen remando; hay un frío que cala los huesos, pero siguen buscando. Carlos los llama a gritos:
— ¡Maryyyy!, ¡Raizaaa!, ¡Omaarr! —
Escucha una voz y vuelve a gritar; vuelve a oír que gritan y reman hacia el lugar. Al llegar, están Mary y Omar abrazando a Raiza para protegerla del frío.
Se alegran mucho al verlos, suben a las balsas y reman hasta llegar a la orilla.
— Cuando llegan, Lorena y Jazmín están temblando del frío. Caminemos hacia arriba, debe haber algo donde guarecerse —
Llegan arriba y no hay casas ni nada; Carlos y Omar hacen un refugio con ramas y colocan una de las balsas para frenar el viento frío. Después de dejarlos en el refugio improvisado, Carlos y el marino se van a buscar a la mucama y al chef. El viento ha menguado y la lluvia cesó por completo; están llamando a María y a Rubén, gritan mucho pero no reciben respuesta.
Siguen buscando hasta que ven una balsa en un rincón del acantilado; se acercan y atan la balsa a la de ellos.
— Debe ser la balsa donde iban Omar, Raiza y Mary —
— Santiago, sube a esa roca alta y mira a todos lados; en alguna parte deben estar —
Santiago, el marino, se sube a la roca alta y está mirando a todos lados, pero no ve nada. Desolados, reman de regreso cuando, detrás de unos riscos muy altos, los encuentran con la balsa a la deriva.
— Perdimos los remos, el fuerte viento se los llevó —
Los ayudan a pasarse a la balsa y reman hasta la orilla, llevando además las otras dos balsas remolcadas. Al llegar al pequeño refugio todos gritan de alegría.
— Todos estamos aquí, gracias a Alá — expresa el sultán.
Carlos y Santiago hacen un refugio más grande usando cuatro palmeras cercanas, que hacen un cuadro algo chueco; lo cubren con hojas de palmas, la cierran toda y ponen un techo de palmas. Dejan una abertura para entrar. Después van al yate a buscar provisiones y herramientas; el sol ha salido después de la tormenta y el mar está en calma. El yate está hundido por la proa y la parte de la popa quedó afuera. Sacan varias maletas de equipaje que no se mojaron, comida y algunas ollas y vajilla. Van al refugio y se llevan todo.
Omar levantó una balsa y puso algunas hojas de palmas y detrás se cambian de ropa; primero va Raiza, que se cambia la ropa mojada y se pone un abrigo, luego van uno por uno hasta que se cambian todos.
— Hay muchas cosas que quedaron en los gabinetes, comida y mucho equipaje, y frazadas —
— Ya deben estar buscándonos; yo pedí auxilio por la radio —
— ¿Alguien tiene su móvil? El mío lo perdí —
— Sí, yo tengo el mío; le queda aún mucha carga —
Omar saca su móvil y trata de comunicarse, pero no hay cobertura. Carlos y Santiago están muy cansados, y Omar y el chef van al yate a buscar frazadas, una sartén y carnes que ponen en una nevera portátil. En una balsa que amarran a la de ellos ponen varios botellones de agua, jugos, enlatados, frutas, arroz, espaguetis; y el chef toma cuchillos y regresan al refugio.
Al llegar a la orilla tienen que venir a ayudarlos; trajeron muchas cosas y pesan mucho por la pendiente que tienen que subir. Entre todos los hombres suben todo. Ya está oscureciendo y cenan pan con ensalada de atún y toman jugo.
El piso del refugio está tapizado con cuatro balsas; colocan sábanas y se cobijan con las frazadas y pasan la noche. En la mañana, el marino se sube a un árbol tratando de conseguir cobertura, pero todos los esfuerzos fallan; no hay cobertura.
— Voy a apagar el móvil para que le dure la carga —
El primer refugio lo arreglan mejor y sirve de cocina. Esa mañana hacen varios viajes al yate y traen dos mesas y sillas. Una mesa es colocada en la cocina para ser usada por el chef para preparar los alimentos.
— Veré si se puede sacar la estufa y los envases de gas para que prepare los alimentos — dice Carlos.
Editado: 06.03.2026