El avión aterriza en la capital del reino. Hay una multitud que espera el arribo de la familia real. Las medidas de seguridad han sido tomadas y hay barreras custodiadas por la guardia real.
El grupo de amigos se prepara para bajar del avión; Junior está vestido como un príncipe árabe y se ve muy hermoso.
— Qué lindo se ve mi príncipe, ¡Dios mío! —
El bebé parece entender que los tiene a todos locos y sonríe. El príncipe heredero está feliz; se despertó contento, es un niño hermoso con grandes ojos azules, cabello oscuro y tez muy blanca; siempre sonríe y está acostumbrado a las multitudes que siempre los persiguen cuando salen.
Omar baja con el príncipe en sus brazos; Raiza y el grupo de amigos lo siguen por las escaleras del avión. Todos descienden y van caminando por la alfombra roja real, mientras el público emocionado aplaude sin cesar. Junior está mirando a la multitud; los flashes y los reporteros se vuelven locos tomando fotos del príncipe en brazos del rey. Las mujeres y hombres gritan bendiciones al príncipe. Se oyen expresiones de la multitud:
— ¡Qué lindo!, ¡hermoso!, ¡bello! —
Hay un espacio improvisado para que el rey se dirija al pueblo que lo esperaba. El sultán se acerca al micrófono y le da un saludo al público y a los medios, y les presenta a su esposa Raiza y a su hijo Omar; luego les presenta a sus amigos.
— Mis amigos son como los hermanos que no tuve, y fueron mis compañeros en el naufragio —
Una ovación sale del público, que se mantuvo triste y en duelo cuando su rey estaba desaparecido; y cuando fue rescatado, las fiestas duraron por semanas. Ahora regresa con su amada novia como su esposa y con un príncipe hermoso. El bebé se roba los corazones de los presentes y aparece en cadena nacional de televisión en la alocución del sultán. Los amigos del rey son bienvenidos y las niñas se acercan con flores para las damas.
Luego del saludo, son escoltados hasta la limusina real descapotable, donde suben todos y se dirigen hasta el castillo. Por todo el trayecto está el pueblo de cada lado de la avenida con banderines de bienvenida y pancartas. El sultán les muestra orgulloso a su hijo, y se oyen gritos de alegría cuando lo ven.
Raiza ya está acostumbrada a estas muestras del pueblo y saluda con la mano; le dice a Lorena que salude, y todos los amigos se ponen a saludar con la mano también. Llegan al majestuoso castillo donde les han preparado un recibimiento. Carmen, Martha y Badra, las tres mujeres, salen a recibirlos muy contentas.
— Bienvenidos a su casa, Alá los bendiga —
Hay abrazos y besos para todos. Badra toma a su nieto en brazos y le habla con ternura. Carmen y Martha quieren cargar a Junior también y esperan su turno. La recepción se lleva a cabo en un amplio salón del castillo; hay una mesa con múltiples platillos típicos. Los recién llegados prueban las exquisiteces orientales y pasan un rato ameno. Carlos está sentado al lado de su madre y conversan amenamente. Martha está con Lorena y le limpia los labios con cariño con una servilleta.
— Madre, ¿te gusta aquí? —
— Sí, me gusta mucho, y estoy con mis amigas y nos hacemos compañía —
— Me alegra que estés bien. Sí, allá en el pueblo estabas muy sola; madre, cásate de nuevo, eres joven aún y muy bella —
— Jajajaja, tonta, ¿cómo me voy a casar si ni siquiera novio tengo? —
— Puede ser que encuentres un novio en cualquier momento —
— ¿Y tú cuándo te casas con Carlos? Él te ama mucho —
— Pronto; y yo también lo amo mucho —
— ¿Qué esperas, entonces? Quiero tener nietos —
— Termino mi proyecto de París y me caso —
— ¡Bien! —
Por el balcón que da al mar hay una multitud de personas, ricos y grandes potentados en lujosas embarcaciones, además de un gran barco de paseo lleno de gente del pueblo que quiere ver al príncipe. El grupo va al balcón y Raiza lleva a Junior en brazos. Los súbditos, con potentes largavistas, observan al príncipe, quien tiene al pueblo enamorado. Muchos han viajado de muy lejos para verlo. Hay festejos por todo el reino; el pueblo está feliz, hay fuegos artificiales por todas partes de la capital, música y danzas.
El grupo se retira del balcón; el bebé se ha dormido y su enfermera lo lleva a dormir. Una mucama la conduce a la habitación de Junior. Han dispuesto toda un ala del castillo para el príncipe: cuarto de juguetes, sala de juegos, sala de estar, habitación elegantemente decorada, jardín interior, terraza y más. A Carlos y Lorena, Raiza los aloja en su anexo, que está muy bien cuidado.
— Aquí estarán muy cómodos, es mi anexo; también les enviaré a mi chef si lo prefieren —
— Queremos degustar los platos típicos por ahora, gracias —
— Ok, descansen un rato; más tarde tenemos otro compromiso —
Jazmín ocupa una habitación especial para ella, decorada exquisitamente y cercana a su señora. Santiago, Rubén y María son conducidos al área de huéspedes, a habitaciones muy elegantes decoradas al estilo oriental, y son tratados como invitados de la realeza. Badra está hablando con Omar.
— Hijo mío, sería bueno que te cases por nuestras leyes y costumbres aquí; eso haría feliz a la nación —
— Bien, madre, voy a hablar con Raiza para fijar una fecha —
— Lo más pronto posible; el sultán debe dar ejemplo de respeto por las tradiciones y leyes del país —
— Sí, tienes razón. Voy a descansar, hasta luego —
Raiza está conversando con un grupo de conocidos. Omar se acerca.
— Les voy a robar a mi reina; vamos a descansar, tenemos otro compromiso más tarde —
— Hasta luego —
Se dirigen a la habitación de Omar.
— ¡Qué recuerdos me trae esta habitación! —
— Aquí me dormía en tus brazos completamente desnuda y eras todo un caballero conmigo —
— Moría por hacerte mía, pero tú no querías y yo respetaba eso —
— Y yo moría por ser tuya, pero te odiaba y te amaba —
Editado: 06.03.2026