Marta va al anexo a ver a su hija.
—¿Cómo estás? Es una noticia muy grata, seré abuela.
—Aún no es seguro, el médico me dijo que vendrá luego a traer los resultados de los exámenes.
Carmen viene corriendo a la alcoba de Lorena.
—Lorena, preciosa, me darás un nieto, gracias, es una gran noticia.
Las dos mujeres están muy emocionadas, abrazan a Lorena y se les ve felices. Carlos entra acompañado del médico.
—¡Felicitaciones! Están embarazados.
Todos gritan de alegría y se abrazan unos a otros.
—Doctor, creo que debe quitarme el implante.
—Mañana en la mañana llévala al consultorio que está en la planta baja del castillo y le extraigo el implante.
—¿Y por qué no lo hace ahora mismo?
—Si lo prefiere así, bajemos y le realizo el procedimiento.
Todos la acompañan hasta el consultorio.
El médico le extrae el implante.
—¿Te dolió, mi amor?
—Un poquito, pero era necesario.
—Vamos a dar la buena noticia a todos.
Como ya es hora de la cena, van a la sala donde están todos esperando para pasar al comedor.
Omar, cuando los ve, de una vez pregunta:
—¿Están embarazados?
—¡Sí, vamos a tener un bebé!
—Qué alegría, hay que celebrar tan buena noticia.
Piden a una mucama que les traiga champán y una copa de jugo de naranja.
—Salud, porque el bebé llegue sano y salvo.
Y vuelven a brindar.
—Salud, por los nuevos padres.
—También vamos a casarnos.
—¿Aquí?
—Sí, aquí y en todo el mundo si es necesario.
—Jajaja.
Pasan al comedor y comen felices; la noticia trajo mucha alegría a todos.
Los días transcurrieron tranquilamente, mientras los preparativos de la boda de Raiza con Omar están casi por terminar, a solo dos días de la fecha del magno acontecimiento. Carlos está hablando con Omar.
—Después de la boda de ustedes, nos casamos Lorena y yo.
—Me parece muy bien, yo les voy a regalar la fiesta de boda.
—Gracias, Omar.
—No es nada, mis hermanos se casan, hay que celebrar.
Lorena está presentando mareos y vómitos, Carlos la acompaña y le recoge el cabello cuando vomita; está muy pendiente de su amada novia.
Va a buscar al médico.
—Mi novia se ha sentido muy mal, tiene vómitos y mareos.
—Es normal en su condición, pasarán pronto.
—Vamos a verla.
En la habitación, Lorena está recostada en el sofá. El médico la examina y le receta vitaminas y algunos análisis.
¡Listo! Ya tenemos esa hermosa noticia confirmada y el malestar propio del embarazo.
—¿Cómo está, doctor?
—Está bien, son malestares propios de su estado, no se preocupe, todo va bien.
Carlos se sienta a su lado y la coloca en su regazo.
—Hoy llegan Mary y Ricaute; se quedarán el fin de semana para la boda.
—Qué bueno.
Martha entra con una bandeja.
—Toma este té, hijita, te sentirás mejor.
—Gracias, madre.
Carlos la ayuda a incorporarse y le acerca el té.
—Mmm, ¡sabe muy bien!
—Me alegra que te guste. Me ayudó mucho con los malestares cuando estuve embarazada de ti.
—Lorena, mi amor, compré algo.
Saca una caja de un lado de los muebles y se la pone cerca.
—¿Qué es, mi cielo?
—Tómate el té y luego revisas.
Lorena se toma el té, coloca la taza en la bandeja y destapa la caja hermosamente forrada.
—Qué belleza de ropita, mi amor.
—Fui con Omar a comprar algunas cosas para su boda y no pude resistirme; me dijo la vendedora que eran colores unisex.
—Gracias, mi cielo, eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
—No, mi amor, tú eres lo mejor que me ha pasado a mí, y ahora tendremos un hijo nuestro; es mi sueño hecho realidad.
Mary entra, con su carácter jovial, gritando:
—¡Seré tía otra vez!
Abraza a Lorena y la felicita. Detrás de Mary entra Ricaute.
—¡Felicitaciones! Amigo, es lo que querías, un hijo; debes estar feliz.
—Claro, amigo, soy un feliz y orgulloso padre.
—Me alegra mucho.
—Me dijeron que te casarías aquí, ¿y qué pasó con la boda triple?
—También la haremos en América, pero vamos a aprovechar que aún no tengo la panza grande para casarnos y poder lucir un traje de novia.
—¿Ya compraste el traje de novia?
—No, porque me he sentido con malestares y no he tenido ánimos.
—Mañana, si te sientes mejor, vamos a elegir el más bello traje de novia y mi traje de dama de honor.
—Sí, mañana vamos.
—Iré también a elegir mi traje de boda.
—No puedes ir con nosotras; no puedes ver a la novia con su traje antes de la boda.
—Iré con Ricaute, ya que no quieren mi compañía.
—Sí, yo te acompaño, amigo.
—Ven, mi amor, te doy un besito para que no te sientas mal.
—Uno únicamente, no; dame muchos, porque me siento muy mal.
—Jajajaja, jajaja.
Se ríen los cuatro de las tonterías de enamorados.
Al siguiente día, Lorena, Raiza, Martha, Carmen y Mary van a una tienda exclusiva a escoger el traje de novia de Lorena. Los guardaespaldas tienen que protegerlas de la persecución de la prensa.
—Lorena, este es bellísimo, ¿te gusta?
—Sí, este también me gusta mucho, y este; voy a medirme estos tres.
—Qué hermosa te ves, Lorena, te queda perfecto.
Lorena se prueba los tres vestidos y le quedan perfectos los tres.
—Lorena, te ves bella con los tres, ¿por cuál te decides?
—Me gusta más el que tiene brillos en la cola.
—Sí, ese es espectacular.
—¿Quieres probarte otro?
—No, ya decidí.
Van al departamento de zapatería; Lorena escoge un par de zapatillas blancas con brillos y tacón casi plano. Compra lencería para el día de la boda y van a pagar.
—Carmen quiere pagar el traje de boda; Martha también quiere pagar el traje.
—Yo soy la madre, tengo derecho de pagar el traje de mi única hija.
Editado: 06.03.2026