—¿Le darás permiso de bailar conmigo? —repite la pregunta la princesa.
Lorena responde con seguridad y educación:
—No tengo que conceder permiso, él es libre de bailar si lo desea.
La princesa, contenta por la respuesta, se levanta. Sofía espera que Carlos se levante para ir con ella a bailar, pero Carlos, muy cortésmente, le expresa:
—Sofía, me encantaría bailar contigo, pero no quiero dejar sola a mi novia, discúlpame.
La princesa cambia su cara feliz y se marcha disgustada de la mesa. Lorena sonríe y Carlos la elogia:
—Estás muy bella hoy; parece que la maternidad te sienta muy bien.
—Gracias, mi amor.
—Eres el amor de mi vida, soy afortunado de haberte conocido, te amo.
—También te amo.
—¿Estás cansada? ¿Te sientes bien?
—Estoy bien, y no estoy cansada.
La princesa entra enojada al salón; su amiga la ve con cara de pocos amigos y se acerca:
—Amiga, pareces enojada, ¿qué te pasó?
—Carlos es un estúpido.
—¿Te hizo algo?
—No me hizo nada, ¡déjame en paz!
La princesa camina pavoneándose por el salón en busca de alguna víctima; mira al guapo Santiago y le guiña el ojo. Santiago, que tiene a Jazmín a su lado, baja la cabeza y se hace el loco. Lorena viene y se sienta a la mesa, mientras Carlos va al tocador de hombres.
Las damas preguntan casi a coro:
—¿Qué pasó? La vimos regresar enojada.
—Quería bailar con Carlos y se enojó cuando él le dijo que no quería dejarme sola.
—¡Ese es mi hijo! Fiel a quien ama.
—Gracias, Carmen; tienes un hijo lindo que me hace feliz.
—Gracias.
—Te mereces todo el amor que te tiene; eres bella, inteligente, lo amas y ahora vas a darle el hijo que tanto quería.
Carlos viene del baño y la coqueta princesa se interpone en su camino. En la mesa de Lorena observan lo que pasa. Carlos se ve apurado por salir del paso y Raiza, que pasaba por allí, parece notar lo que ocurre y llega en su auxilio:
—Carlos, ¿sabes dónde está Júnior? Lo necesito para las fotos y videos.
—Ya voy por él, con permiso.
Aprovecha y se marcha. En la mesa casi se mueren de la risa. Un caballero muy elegante saca a bailar a la princesa y ella se entretiene con él. Carlos va por Júnior, que recién había despertado de una siesta y levanta sus bracitos hacia él. Júnior es puesto en los brazos de Raiza.
—Gracias, Carlos.
—Gracias a ti, amiga; me sacaste de un apuro.
—Jajaja —se ríen.
—Sí, yo lo noté —Omar le dice con picardía—. Cuídate, ella donde pone el ojo, pone la bala.
—Que apunte en otra dirección, yo soy de Lorena.
Carlos se une a la mesa donde están sus seres queridos.
—¿Bailamos, mi amor?
—Sí, vamos; esa música me encanta.
Después de bailar, son invitados a posar para las fotos. Sofía, al ver sus intenciones truncadas, deja en paz a Carlos, quien, como siempre, está atento a su amada Lorena.
Jazmín va a donde está el trono; su señora podría necesitarla. Sofía, a quien le fascina un hombre guapo, se acerca a Santiago, que quedó solo en la mesa. Se sienta y pide una copa. Santiago le sirve una copa y se la ofrece.
Jazmín, que sabe lo coqueta que es la princesa, pone cara de pocos amigos cuando ve lo que sucede en la mesa. En pocos minutos, salen a bailar bajo la petición de Sofía. Terminada la canción, regresan a la mesa y Sofía pide otra copa.
—Bailamos de nuevo, vamos.
Jazmín está ocupada posando con el grupo para las imágenes y videos. María, que ya se ha tomado varias fotos, va en ayuda de su amigo. Santiago no sabe qué hacer, pues no quiere ser grosero con la dama, y en eso llegan Rubén y María.
—Santiago, ven, te están llamando para la foto —lo apura María.
Santiago nota que pasa algo.
—Jazmín, ¿estás enojada? —pregunta Santiago preocupado.
—Sí, te invitó una vez y saliste corriendo detrás de la coqueta.
—Mi amor, perdón si te molesté por ir a bailar.
—No es por ir a bailar, es por bailar con la princesa coqueta.
Es la hora del banquete; se sirven platos internacionales y típicos, preparados con ingredientes de primera por los chefs del castillo. Los comensales degustan una variedad de platos servidos en su mesa. También hay una mesa al estilo bufé donde los invitados han estado comiendo.
Lorena se retira a la una de la madrugada sintiéndose cansada.
—Mi amor, si quieres te quedas.
—No, quiero irme contigo.
La princesa Sofía se dio por vencida al encontrarse con una fortaleza impenetrable, y se está divirtiendo con el caballero, que es un conde.
Después del banquete, las mesas se recogen y se colocan botellas de champán en cada una. Muchos de los invitados están hospedados en el castillo y continúan divirtiéndose. La fiesta se prolonga hasta el amanecer.
A cada invitado que sale se le entrega un presente y una invitación a la boda de Lorena y Carlos. En la puerta, los choferes con limusinas los trasladan a los diferentes sitios de alojamiento.
La princesa Sofía está dando de qué hablar por una u otra causa; ahora está ebria y se ha lanzado a la piscina con ropa. La siguen varios hombres y mujeres jóvenes, que también se han pasado de tragos; después salen de la piscina y siguen bailando.
Los padres de Sofía regresan a buscar a su hija, pero ella se niega a irse. Ya por la tarde, está el grupo de revoltosos muy ebrios, y se duermen en las tumbonas que están en la piscina.
A los reporteros y otros medios de comunicación se les negó el acceso a la fiesta. Los únicos con cámaras en el recinto fueron los fotógrafos reales, que fotografiaron y grabaron videos del acontecimiento.
Raiza y Omar se retiraron al castillo real a la misma hora que Carlos y Lorena. La boda real fue todo un éxito. Y aún siguen llegando presentes al castillo real.
Las fotos tomadas por los medios en los trayectos y en la mezquita le dan la vuelta al mundo. «Raiza, la hermosa empresaria, se casa con el sultán por segunda vez. La pareja, que ya son padres de un hermoso niño, vuelve a casarse por las leyes y costumbres del país del sultán».
Editado: 06.03.2026