Esclavas

La Boda

​La novia entra vestida de blanco, va caminando hermosa, radiante; el vestido le queda perfecto en su espectacular cuerpo. Del brazo de su madre, las damas de honor la ayudan con la cola de su vestido, que lanza brillos al menor movimiento de Lorena. Carlos, elegantemente vestido con traje negro, camisa blanca, moño negro y una flor roja en el ojal, se ve guapo y sexy; al ver a su amada caminar por el pasillo de la enorme mezquita, se le hace un nudo en la garganta y por su varonil mejilla ruedan dos lágrimas que limpia rápidamente y respira hondo.

​La madre de Lorena, elegantemente vestida, le entrega a Lorena y le dice:

​—Estoy tranquila, sé que la amas y serán felices.

​Los novios caminan al altar.

​—Estás bellísima, mi amor.

​—Gracias, novio mío.

​Llegan al altar donde se lleva a cabo la ceremonia. Los novios vendieron la primicia a una cadena de TV que transmite la boda al mundo entero; lo recaudado en la boda será donado a la caridad. La ceremonia termina y los esposos salen tomados del brazo.

​Los novios caminan por el pasillo; la princesa Sofía les sale al paso y los felicita. Reinas y reyes son los invitados a la fastuosa boda; la fiesta es todo un acontecimiento. Los novios se retiran en una limusina blanca; la celebración se extiende hasta el siguiente día.

​Los recién casados están en el hotel en su noche de boda.

​—Estás tan bella, hermosa y sexy que estoy loco por ti.

​—Tú estás muy guapo y muy sexy también; tu sonrisa me encanta y tu cuerpo también.

​—Carlos, eres el amor de mi vida.

​—Tú también eres el amor de mi vida; no conocía el amor hasta que llegaste tú, y me ha dolido mucho este amor. Sufrí mucho cuando me dejaste la primera vez, y casi muero cuando te fuiste a París. Pero ya no te escaparás, eres mi esposa, señora Lorena de Santeliz.

​—Y tú deberías ser Carlos de Smith.

​—Es buena idea para que todas sepan que soy tuyo.

​—Gracias por tanto amor, esposo mío.

​—No tienes que dar gracias; te doy mi amor porque es tuyo, te pertenece. Quiero bañarte como la primera vez; tenemos un jacuzzi, vamos, mi amor.

​Carlos desnuda a Lorena lentamente y la besa mientras lo hace. Van a darse un baño y pasan largo rato jugueteando en el agua. Carlos acaricia con amor y ternura el cuerpo de su amada y, después de largo rato prodigándose caricias, van a la habitación donde se aman con pasión y amor, un amor puro y real que los hace muy felices. Su noche de bodas la pasan amándose.

​—Iremos a recorrer el mundo; quiero que descanses, que te diviertas, llevarte a conocer el mundo, consentirte y amarte.

​—¡Me parece una excelente idea! ¿Cuándo nos vamos?

​—Hoy mismo si así lo deseas.

​—Ok, esperemos que amanezca.

​—Jajajajaja. Esposa hermosa, vamos a dormir un rato, tienes que descansar.

​Carlos la abraza y hace que se acueste en su pecho.

​—Duerme, mi amor.

​En unos minutos están profundamente dormidos. Al siguiente día bajan a desayunar al restaurante del hotel y están comiendo su desayuno cuando una horda de reporteros quiere pasar y los detienen en la puerta.

​—Es bueno que protejan la privacidad de los clientes.

​—Sí, muy bueno.

​Luego de desayunar quieren ir al palacio real a prepararse para emprender su luna de miel.

​—La salida está llena de reporteros —les informa el gerente del hotel.

​Regresan a la habitación y Lorena llama a Raiza, y Carlos llama a Omar.

​—Omar, mi hermano, esto está rodeado de paparazzi; no podemos salir y queremos ir al palacio.

​—Esperen allí tranquilos, enviaré por ustedes.

​En unos minutos se oye un helicóptero en la azotea del hotel.

​Carlos y Lorena suben al helicóptero y son trasladados al palacio real, donde los reciben con alegría. Cuentan sus planes cuando están todos sentados en el gran comedor.

​—Ricaute, ¿cuándo tenemos que ir? ¿Cuándo serán los juicios?

​—Pueden irse a su luna de miel, yo les aviso. Estamos todavía rescatando víctimas y armando un gran caso; hemos rescatado a chicas de muchas partes y las que faltan. Estamos investigando, siguiendo pistas; la mujer que siempre viajaba con ellos nos ha proporcionado mucha información. Hicimos un acuerdo con ella y está cooperando.

​Lorena intercede:

​—Quiero crear una fundación para ayudar a las víctimas de la trata de blancas; vamos a donar las ganancias de la boda para ayudar a estas víctimas, para cubrir los viajes de rescate, los tratamientos, los médicos, los psicólogos.

​—Apoyo tu idea, Lorena, y quiero trabajar contigo en eso. Podemos poner una sucursal aquí; hay muchas mujeres maltratadas. Como un refugio donde se sientan protegidas.

​—Sí, amiga, hagamos eso.

​—Las apoyo en su idea y voy a destinar recursos para esa causa.

​—Gracias, su majestad —le agradece Lorena con una reverencia.

​—Nunca me haces reverencias ni me llamas su majestad, ¿qué te pasa hoy?

​—Es que hoy me doy cuenta de que eres un rey muy noble.

​—Gracias, mi hermana.

​—Esposa mía, es una gran idea; voy a llamar a mi abogado para que redacte el documento.

​—Yo me encargo de eso. Ustedes están de luna de miel; cuando mis abogados tengan el documento, se los envío al correo.

​—Gracias, Omar.

​—Nosotros no hemos tenido una luna de miel, y estamos planeando tener una corta; no podemos dejar mucho tiempo sin ver a Júnior.

​—¡Sí, qué bien! Nos avisan, así nos encontramos y pasamos juntos alguna velada.

​—Ok.

​Después del almuerzo, salen a pasear en el yate del sultán para despedir a la pareja de recién casados.

​—Les deseo una luna de miel eterna.

​—Gracias, Raiza. Voy a extrañar a Júnior; le haré videollamadas para que no me olvide.

​Regresan del paseo y se preparan para ir al aeropuerto. Mary y Ricaute también regresan a La Gran Ciudad, así que se van juntos. Martha y Carmen despiden con besos, abrazos y bendiciones a sus hijos.



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En el texto hay: accion, aventura, naugragio

Editado: 06.03.2026

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