En la gran ciudad las investigaciones están en curso, y siguiendo una pista que les dio la mujer cómplice de los malos; han dado con un delincuente perverso, que habían estado buscando.
Ricaute y sus hombres de confianza se dirigen a la ciudad vecina donde tiene su cuartel de operaciones el maleante.
—Creo que atrapamos este delincuente y podemos cerrar las investigaciones y someter a juicio a los maleantes, es la pieza que faltaba en el rompecabezas.
Los hombres fuertemente armados y apoyados por el escuadrón de hombres bien entrenados de Carlos, rodean la casa del maleante para que no escape nadie del grupo; les caen de sorpresa.
—¡Arriba las manos, no se mueva nadie o le disparamos! ¡Al suelo todos y manos en la espalda!
Los hombres y mujeres en el sitio son esposados; Ricaute recorre el lugar con cautela, lo acompañan dos de sus mejores hombres.
—Bajemos esas escaleras, deben dar al sótano.
Llegan y el sitio está muy bien amueblado, con una sala de estar muy elegante.
—¿Hay alguien aquí? —grita Ricaute—. Somos la policía, venimos a ayudar.
Se escuchan gritos y golpes.
—¡Aquí estamos, auxilio, ayuda!
Abren una puerta oculta y entran a un pasillo; caminan y oyen los gritos más cerca.
—¡Ayuda, auxilio!
—Están por aquí cerca.
Ricaute toca la pared y encuentra un interruptor que hace abrir la pared.
—Yo voy a entrar, quédense aquí por si la pared se cierra.
Ricaute entra con el arma en la mano; hay una puerta al final y va directo a ella. Toca la puerta.
—¿Hay alguien aquí?
—¡Siii, aquí estamos!
Ricaute intenta abrir la puerta y no puede.
—¡Ya regreso, voy por la llave!
Regresa a la entrada y deja a sus dos hombres dando ánimos a las chicas, mientras él va por las llaves. Los policías están montando guardia ante los detenidos.
—¿Dónde está la llave de la puerta?
—¿Cuál puerta?
—No te hagas el inocente, que bien lo sabes.
Ricaute vuelve a preguntar y no recibe respuesta; revisa los bolsillos de los malos, busca por todos lados y no da con la llave. Pierde la paciencia y golpea al que parece ser el jefe.
—¿No dirás dónde están las llaves?
El hombre no emite palabra y Ricaute hace un disparo muy cerca de los detenidos.
—¡Están en la cocina, en el primer cajón de la derecha!
La mujer maleante, asustada, confiesa dónde estaban las llaves. Ricaute va corriendo por las llaves, las toma y corre al sótano. Abre la puerta y no puede creer lo que ven sus ojos. Una cantidad de mujeres jóvenes y bellas encadenadas, otras esposadas a camas y otras deambulan completamente drogadas; las cámaras de los policías graban imágenes de todo. Ricaute va liberando a cada una, pero están aterrorizadas y se quedan congeladas.
—Están a salvo, es una misión de rescate, no tengan miedo.
Una chica joven y rubia se echa a llorar; está desnuda y atada de manos y pies. Ricaute la cubre con su abrigo. La ayuda a levantarse y le es difícil caminar. Los policías piden ayuda a los hombres armados que están en custodia de la casa. Llaman ambulancias y a los paramédicos, y las chicas son trasladadas al hospital de la ciudad.
Los cazadores de noticias ven bajar a las chicas: débiles, drogadas, golpeadas, pálidas.
—¿Qué les pasó?
—Estábamos secuestradas por unos monstruos.
Los reporteros hacen una gran noticia que es transmitida por todo el mundo. En la estación de policía llegan los delincuentes fuertemente custodiados y esposados. Los medios los graban con sus cámaras; uno de los maleantes es un famoso empresario de la ciudad y una de las mujeres detenidas es su esposa.
En la misión policial caen tres hombres y dos mujeres. El hombre empresario era uno de los hombres que más colaboraba en la banda con dinero y medios de transporte; siempre dejaba chicas para él, las utilizaba, y cuando se cansaba de ellas las vendía a un prostíbulo. El siguiente lugar allanado fue el prostíbulo, donde encontraron a ocho jovencitas secuestradas y utilizadas como esclavas sexuales. Fueron rescatadas y están siendo evaluadas por los médicos.
Lorena está hablando por teléfono con Mary.
—Lorena, hay muchas víctimas; están psicológicamente perturbadas, necesitan mucha ayuda. Algunas fueron acogidas por sus padres, otras están en el hospital.
Lorena cuelga y habla con Carlos.
—Mi amor, es necesario hacer un hogar para las víctimas en la Gran Ciudad lo más pronto posible.
—Voy a hablar con Omar.
Carlos llama a Omar.
—El documento está en el correo; te lo envié a ti y a Lorena.
—Gracias, hermano.
Lorena y Carlos leen a grosso modo el documento y Carlos lo envía a su abogado de confianza.
—Revisa ese documento con rapidez y me das tu opinión lo antes posible; si hay algo que corregir o añadir, lo haces, por favor.
A los pocos minutos recibe una videollamada del abogado que les informa:
—El documento está muy bien redactado; Lorena es la presidenta vitalicia y la fundación es internacional. En cualquier país puede haber una sede.
—Registra la fundación en la Gran Ciudad y busca un lugar grande para una sede.
Lorena y Carlos están navegando en una góndola por Venecia; al llegar al puente del amor, Carlos besa a su esposa.
—Te amaré toda la vida.
Están de luna de miel y se dedican a ser felices, aunque otras preocupaciones y compromisos están por resolverse. A los pocos días de su luna de miel, Ricaute los convoca a asistir a uno de los juicios más esperados por los medios de comunicación. Es el juicio del jefe de la policía involucrado en crímenes de lesa humanidad.
—Vamos y luego continuamos con nuestra luna de miel.
—Ok. También quiero ir para inaugurar la sede de la fundación.
—Es buena idea, mi amor. Todo está listo para empezar a trabajar; mi abogado registró la fundación y encontró una casa grande para la sede.
Editado: 06.03.2026