El juicio contra el ex jefe de la policía da comienzo; la sala está repleta de espectadores. Entre los testigos está Lorena, Carlos, Raiza, Inés, Ricaute, las tres jóvenes del refugio de Lorena y algunos más. El juicio es transmitido por TV.
La fiscalía presenta las pruebas contra el acusado; los testigos van pasando. Le toca el turno a Lorena, quien valientemente presenta su testimonio y habla de la persecución de la que fue objeto. Raiza es llamada al estrado.
—Sí, yo fui víctima de esta banda; fui secuestrada y pasé muchos días esposada.
—¿Usted vio la cara del acusado en los días que estuvo secuestrada?
—No, no lo vi.
Le toca pasar a una de las jóvenes. Martina Sánchez es llamada al estrado. La joven da su testimonio de lo que vivió en manos de la banda.
—¿Usted reconoce a alguien de la banda aquí?
—Sí, ese señor sentado allí me trasladó en el maletero de su auto y me entregó en manos de otro monstruo —dice Martina señalando al ex jefe de la policía.
Llaman al estrado a uno de los policías de los que atraparon infraganti al ex jefe.
—Entramos a la casa de Lucio, donde se estaba llevando a cabo una subasta de una joven, y la persona subastada era una policía que trabajaba con nosotros encubierta; entre los detenidos en el allanamiento estaba el acusado.
Llaman a otro policía.
—El acusado estaba tranquilo y relajado, viendo las imágenes de una joven desnuda e inocente que estaba siendo subastada.
Fueron llamados a prestar su declaración a tres policías presentes el día del arresto. Otro de los policías llamados al estrado ahondó en detalles sobre el día que detuvieron infraganti al delincuente.
—Después de ser descubierto trató de sobornarnos, ofreciéndonos mucho dinero; al no poder lograr nada, luego nos amenazó con sus influencias y opuso resistencia al arresto.
Las otras dos jóvenes declararon que el acusado abusó de ellas varias veces cuando visitaba al otro monstruo que las tenía secuestradas como esclavas sexuales. La fiscalía presenta múltiples pruebas de los delitos que cometía el acusado; sus conversaciones telefónicas con otros miembros de la banda lo incriminan. Además, en su casa fueron encontradas varias pertenencias de víctimas desaparecidas.
Ricaute da su testimonio; habla de la investigación y el seguimiento que hizo con su equipo.
—Tuvimos que trabajar en una oficina que habilitó para nosotros Carlos Santeliz, porque en la estación de policía había mucha corrupción. Durante las investigaciones no podíamos hablar delante de policías de la ciudad por miedo a poner en peligro la investigación; cualquiera podía ser un espía. Fue difícil trabajar así.
Las declaraciones de Ricaute pusieron a la vista de todos el nivel de corrupción que había en la estación de policía. Inés también es llamada al estrado y declara:
—Cuando huía del monstruo que me tenía secuestrada, un policía con un perro me buscaba para ayudar a los malos; pero el Sr. Juan fue mi salvación, quien me sacó en su viejo camión escondida en el piso.
El Sr. Juan es llamado a declarar.
—Yo vi una mujer joven desnuda y muy golpeada pidiendo ayuda en la carretera rural; la ayudé a salir y la llevé al hospital, y por eso fui perseguido por la policía y no podía volver a mi granja porque mi vida corría peligro. El Sr. Carlos me ayudó.
Carlos es llamado a declarar.
—Cuando fuimos al hospital a ver a Inés, estaba muy asustada y nos dijo que la policía estaba implicada en los secuestros y no quería prestar declaraciones a la policía. Yo estaba investigando, ya que mi novia para ese entonces había sido secuestrada y mis hombres y yo la rescatamos. Yo buscaba evidencias incriminatorias contra los que pudieran ser culpables de las desapariciones de mujeres jóvenes, que tenía a los habitantes de la ciudad asustados. Estando en el hospital oí cuando dos policías hablaban de atacar al Sr. Juan por ayudar a Inés, y lo llamé y le pedí que se quedara en la ciudad. Envío a mis hombres de seguridad a cuidar la granja del Sr. Juan y tuvieron un enfrentamiento con los policías que fueron a aterrorizar a la granja; toda mi investigación y evidencias se la entregué a Ricaute, porque tenía confianza en él.
A los miembros del jurado solo les tomó 20 minutos emitir su veredicto.
—Culpable de todos los cargos.
La juez lo sentenció a 150 años por los delitos contra las jóvenes mujeres, multa por resistirse al arresto y 10 años por querer sobornar a agentes de la policía y 100 años por violar y esclavizar a mujeres. En la sala se oyen aplausos y gritos de alegría; las tres jóvenes recién rescatadas se abrazan y lloran. Se levanta la sesión y todos salen de la sala.
En la salida una horda de reporteros hacen preguntas; las tres jóvenes están nerviosas. Las chicas son protegidas por los guardaespaldas de Carlos y todos salen y suben a la limusina que los espera. La noticia del juicio y la sentencia ha dado mucho de qué hablar en todos los medios de comunicación y en las redes sociales.
Las tres chicas fueron enviadas al refugio con un chofer. El grupo de amigos está reunido tomando una copa y conversan sobre los acontecimientos del día de hoy.
—Mañana es el juicio de Lucio, estamos llamados a comparecer ante el tribunal.
—Estaremos allí; tenemos que poner tras las rejas a los monstruos —opina Lorena.
—Por supuesto —asiente Raiza.
—Vamos al parque a jugar con Júnior, se lo merece; se porta muy bien cuando salimos y se tiene que quedar —propone Carlos, que es un amor con el niño.
El grupo sale y se encuentran con Santiago, que llega.
—Perdón por no venir antes; estaba trabajando, pero ya me enteré de que al malo lo refundieron en la cárcel.
Jazmín y Santiago se abrazan y se dan un beso.
—Vamos al parque, ¿nos acompañas?
—Con mucho gusto los acompaño.
Todos se van al parque; Júnior se sube en los columpios, en la rueda, en el sube y baja, en el tobogán, y cada uno quiere estar con el niño y él tiene una sonrisa para todos.
Editado: 06.03.2026