Disfrutan el día de playa juntos, y al siguiente día Lorena y Carlos reanudan su luna de miel. —¿Hacia dónde vamos esta vez, esposo mío? —Vamos a África. —¡Qué bien, quiero vivir esa aventura!
Los días pasan, ya Carlos y Lorena tienen seis meses viajando. Lorena recibe una llamada de Raiza. —¿Dónde estás? ¿En qué parte del planeta? —Estamos en Sofilandia, es un país con monarquía y muy lindo. —¿Dónde es? ¿Podemos reunirnos? Los extraño. —Ya te envío las coordenadas.
—Lorena, estamos en el país vecino, estaremos allá en una hora. —Raiza y Omar tuvieron una corta luna de miel y regresaron al reino a cumplir con sus deberes. Ahora andan en gira diplomática. En su avión privado aterrizan en la capital del reino donde están sus amigos.
Lorena les da la dirección y los cuatro amigos se encuentran en un castillo lleno de comodidades modernas. —¡Lorena, estás embarazada! —Ella tiene una pancita de cinco meses y la maternidad le sienta muy bien, se ve espléndida, bella y serena.
Y Carlos está feliz, cuidando y protegiendo sus dos tesoros en uno. Al encuentro se abrazan efusivamente. —¿Por qué lo tenían tan callado? ¿Ya no somos hermanas y hermanos? —dice Raiza poniendo cara de tristeza—. Claro que eres mi hermana, lo que pasa es que teníamos miedo, y nos callamos por eso.
—No tengan miedo, todo va a salir bien esta vez, no se preocupen —los alienta Omar—. Voy a ser tío, lero lero. —Todos se ríen, el acento de Omar lo hace más gracioso—. Es muy lindo, van a ser unos padres maravillosos. —Gracias, Raiza. —Lorena les asigna un ala del castillo, donde se asean y se cambian de ropa.
—Vamos a pasear un poco, y si te cansas nos dices. —Bueno, ¡vamos! —Las dos parejas salen a pasear. Van a un centro comercial donde compran ropa para la beba. Omar se desaparece y luego llega con un coche de bebé muy bello y superpráctico. —Qué linda carriola, gracias, Omar.
—También le compré una pulsera de beba, vamos, hay que ponerle el nombre. —Carlos ya tiene un nombre para su hija—. ¿Cómo se llamará? —Karely. —Muy bonito nombre. —En la joyería, mientras esperan, les sirven un té de flores, están conversando—. ¿Tendrás a tu beba aquí?
Carlos contesta la pregunta. —Sí, no quiero que viaje y se incomode, nos hemos quedado para que descanse, y aquí los medios de comunicación guardan la distancia y respetan la privacidad. —Sí, lo notamos, al llegar nadie nos acosó.
—Los reyes son una pareja de amigos que hicimos en la boda de ustedes y su hija es la princesa Sofía, que ahora está enamorada y pronto se casa. —¡Ah, qué bien! —Les entregan la pulsera de oro con el nombre grabado y dos pequeños diamantes.
Pasean por un parque lleno de vegetación hasta que Lorena: —Me siento cansada, ¿podemos irnos a casa? —De inmediato, mi reina. —Carlos no escatima en cuidados para su esposa, se nota a gran distancia que la ama mucho.
Carlos abre la puerta a su amada y la ayuda a subir, todos suben al auto y se dirigen al castillo, al llegar Raiza opina: —Es un lindo castillo y muy romántico. —Es prestado, los reyes nos lo cedieron para que lo habitemos, pero nos gusta mucho, les diré por si quieren venderlo —responde Carlos.
—Están esperando que Lorena les diseñe un edificio para la bolsa de valores de la ciudad, quizá accedan a vender. —Yo he diseñado un poco en mi laptop, cada vez que se me ocurre algo lo voy agregando. —No quiero que trabajes, ni te estreses, por favor, esposa. —Son solamente ratos de esparcimiento, la creatividad no hay que dejarla pasar, mi amor.
—Está bien, si te hace feliz. —Gracias, mi cielo. —Están conversando en una terraza hermosa con una vista al océano, la temperatura baja y hace frío, Carlos va por un abrigo para Lorena—. Gracias —le agradece y le da un beso. Raiza habla con Lorena de mil cosas.
Ya tarde por la noche se retiran a descansar, Lorena se queda dormida en una tumbona y Carlos la lleva en brazos a la habitación, Omar le abre la puerta antes de retirarse. Carlos le quita las pantuflas y arropa con ternura al amor de su vida que ahora lleva a su beba en el vientre. —Buenas noches, mi amor, descansa —le dice mientras le besa la frente.
Se acuesta a su lado con mucho cuidado para no despertarla. Está repasando todo lo que tuvo que pasar, sufrir y luchar por estar con Lorena, la mira dormida a su lado y sonríe. ~Valió la pena, mi amor~. Se dice a sí mismo y se queda dormido.
Por la mañana se levanta y va por el desayuno de Lorena. La mucama le tiene la bandeja preparada y él toma una flor del jardín y la coloca en la bandeja. —Mi amor, tu desayuno. —Le coloca la bandeja en la cama y la alimenta. Ella toma un sándwich y lo muerde—. ¡Mmmm, qué rico!
Tocan la puerta. —¡Adelante! —Raiza, buenos días, ¿ya desayunaste? —Buenos días, fuimos invitados a un desayuno en el palacio de gobierno, ¿quieren ir? —Ya estoy desayunando, vayan ustedes. —Aquí los espero, Carlos ve con ellos, si lo deseas.
—Yo me quedaré a hacerte compañía, mi amor, ¿o quieres quedarte sola? —No, solo pensaba que si querías ir no te preocuparas por mí. —No hay un lugar mejor para mí que estar a tu lado. —Gracias, mi amor, tu compañía me hace feliz. —Ya se ha dicho todo, hasta luego, tórtolos —se despide Raiza.
La pareja de sultanes acuden a la invitación, en palacio son recibidos por los reyes. —¡Bienvenidos! —La princesa Sofía es diferente, más madura, más amable. Ya no coquetea con todos como antes—. ¿Y el príncipe? ¿Vino con ustedes? —Se quedó en nuestro país, lo pusimos a escoger y quiso quedarse.
—Es un hermoso niño, quería verlo. —La próxima vez lo traemos, su majestad. —¿Cómo está nuestra amiga en común? —Lorena está muy bien, nos sorprendió gratamente con su embarazo. —Sí, estamos muy contentos, supimos lo de su pérdida y hemos estado al pendiente.
Los sultanes tienen un desayuno y acuerdan un comercio bilateral de varios rubros. —Hasta otro día, estaremos a menudo por aquí de visita. —Se despiden de los reyes y se dirigen hacia el castillo, donde Lorena anda en el jardín, con un sombrero, cortando flores.
Editado: 06.03.2026