Thiago observaba la carta sin poder hablar.
Sus manos temblaban mientras Valeria permanecía a su lado en silencio.
—¿La… escribió tu mamá? —preguntó ella con suavidad.
Thiago asintió lentamente.
Respiró profundo antes de abrir el sobre por completo.
Dentro había una hoja doblada y una pequeña flor seca.
La carta decía:
“Querido Thiago:
Si estás leyendo esto, significa que ya creciste un poco más.
Perdón por no poder acompañarte siempre… pero quiero que recuerdes algo:
aunque no puedas verme, siempre estaré contigo.
Y cuando vuelvas a sonreír… sabré que estás bien.
Con amor, mamá.”
Los ojos de Thiago se llenaron de lágrimas.
Valeria sintió un nudo en la garganta.
—Tu mamá te quería muchísimo…
Thiago sonrió apenas.
—Ella hacía cartas para todo…cumpleaños, días tristes, días felices…
—Eso es muy bonito.
Él guardó silencio unos segundos.
—Después de que se fue… dejé de leerlas.
Valeria lo miró con ternura.
—Tal vez esta apareció hoy por una razón.
Al día siguiente, el colegio continuaba preparando el festival.
Camila practicaba una canción junto con Damián, aunque ambos discutían cada cinco minutos.
—¡Te equivocaste otra vez!
—¡Porque tú cantas más rápido!
Mientras todos reían, Valeria notó que Thiago ya no estaba tan apartado como antes.
Incluso ayudaba a pintar el escenario.
—No sabía que sabías dibujar —dijo ella sorprendida.
—Mi mamá me enseñó.
Valeria sonrió.
—Entonces ella estaría orgullosa de ti.
Thiago la miró unos segundos… y por primera vez sonrió de verdad.
Esa tarde, Valeria llegó a casa.
Su mamá, Elena, cocinaba mientras cantaba bajito.
—¿Cómo estuvo tu día?
Valeria la abrazó fuerte.
—Muy bien… solo quería abrazarte.
Elena rió confundida.
—¿Y eso?
—Nada… solo te quiero mucho.
Esa noche, Thiago abrió una vieja caja llena de recuerdos.
Fotografías.
Cartas.
Dibujos.
Y debajo de todo… encontró otro sobre.
Esta vez decía:
“Para el día en que encuentres a alguien especial.”
Thiago abrió los ojos sorprendido.