Especial día de las madres

Capítulo 3: “La Promesa Bajo las Flores”

La lluvia golpeaba suavemente la ventana mientras Thiago observaba el nuevo sobre.

Su corazón latía rápido.

Con cuidado, abrió la carta.

Dentro había una fotografía antigua de él cuando era niño junto a su mamá en un campo lleno de flores blancas.

Y detrás de la foto estaba escrito:

“Cuando encuentres a alguien que ilumine tus días… no tengas miedo de abrir tu corazón.”

Thiago quedó inmóvil.

Nunca había pensado en eso.

Nunca había dejado que alguien se acercara demasiado.

Pero entonces recordó la sonrisa de Valeria.

Al día siguiente, el colegio estaba lleno de emoción por el festival del Día de las Madres.

Camila corría por todas partes con cintas enredadas en el cabello.

—¡Damián, deja de comerte los chocolates de la mesa!

—¡Estoy comprobando calidad!

Valeria soltó una carcajada.

Mientras acomodaba flores en el escenario, Thiago se acercó lentamente.

—Hola.

—Hola —respondió ella sonriendo—. ¿Dormiste bien?

—Más o menos… encontré otra carta.

Los ojos de Valeria brillaron con curiosidad.

—¿Y qué decía?

Thiago dudó un poco.

—Que no tenga miedo de abrir mi corazón.

Valeria sintió sus mejillas ponerse rosadas.

—Tu mamá daba buenos consejos.

Thiago sonrió apenas.

—Sí… supongo que sí.

Más tarde, comenzaron los ensayos generales.

Las madres llegaban poco a poco al auditorio.

Algunas tomaban fotos.
Otras abrazaban orgullosas a sus hijos.

Thiago observaba todo desde una esquina.

Aunque seguía sintiendo tristeza… ya no se sentía completamente solo.

Valeria apareció a su lado con una pequeña maceta de flores blancas.

—¿Qué es esto? —preguntó él.

—Son margaritas. Mi mamá dice que representan esperanza.

Thiago tomó la maceta con cuidado.

—Gracias.

—Y también… quería preguntarte algo.

—¿Qué cosa?

Valeria respiró profundo.

—¿Te gustaría sentarte con mi familia durante el festival?

Los ojos de Thiago se abrieron sorprendido.

—¿En serio?

—Claro. Mi mamá ya dijo que sí.

Por primera vez en años… Thiago sintió calor en el corazón.

Esa noche, antes de dormir, Thiago colocó las margaritas junto a las cartas de su mamá.

Y por primera vez… ya no lloró.

Solo sonrió.




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