Pasaron algunas semanas después del festival.
El colegio volvió a la normalidad, pero algo había cambiado para Thiago.
Ya no caminaba solo por los pasillos.
Ahora siempre estaba junto a Valeria, Camila y Damián.
Incluso comenzó a sonreír más.
Pasaron algunas semanas después del festival.
El colegio volvió a la normalidad, pero algo había cambiado para Thiago.
Ya no caminaba solo por los pasillos.
Ahora siempre estaba junto a Valeria, Camila y Damián.
Incluso comenzó a sonreír más.
Una tarde, Valeria invitó a todos a su casa para hacer un picnic en el jardín.
Elena preparó chocolate caliente y pan dulce mientras los chicos hablaban y reían.
—Definitivamente Damián lloró en el festival —dijo Camila burlándose.
—¡Era polvo en mis ojos!
—En un auditorio cerrado —respondió Thiago riendo.
Todos soltaron carcajadas.
Elena observó la escena desde la cocina con una sonrisa tranquila.
Después se acercó a Thiago.
—¿Puedo hablar contigo un momento?
—Claro.
Salieron al jardín mientras el atardecer pintaba el cielo de naranja.
Elena lo miró con dulzura.
—Gracias por cuidar tanto a Valeria.
Thiago abrió los ojos sorprendido.
—Yo… creo que ella me ayudó más a mí.
Elena sonrió.
—Las personas especiales hacen eso.
Antes de irse, Thiago decidió visitar el pequeño parque donde solía ir con su mamá.
Llevaba las margaritas blancas entre las manos.
Se sentó frente al árbol favorito de Sofía Luna y respiró profundo.
—Mamá… creo que ya estoy bien.
El viento movió suavemente las flores.
Thiago sonrió mirando el cielo.
—Gracias por nunca dejarme solo.
Entonces escuchó pasos detrás de él.
Era Valeria.
—Sabía que estarías aquí.
Thiago rió un poco.
—¿Me estabas siguiendo?
—Tal vez.
Ella se sentó a su lado.
Durante unos segundos no dijeron nada.
Solo observaron el atardecer.
Finalmente, Valeria habló bajito.
—Tu mamá debía ser increíble.
Thiago sonrió mirando las flores.
—Sí… mucho.
Luego volteó a verla.
—Pero creo que estaría feliz de saber que te conocí.
Valeria sintió sus mejillas sonrojarse.
Y mientras el cielo se llenaba de colores cálidos… ambos sonrieron.
Porque algunas personas nunca se van del todo.
Viven en recuerdos.
En cartas.
Y en el amor que dejaron atrás.
FIN