Narrado por Adan
Apenas abro los ojos, la densa oscuridad de la madrugada todavía reina de forma absoluta en los rincones de mi habitación. Desvío la mirada hacia la pantalla digital del reloj de mesa y confirmo que son las cinco en punto de la mañana. Suelto un largo suspiro impregnado de un cansancio crónico que parece no abandonarme nunca y, haciendo acopio de una fuerza de voluntad que no poseo, decido levantarme de la cama sin mucho ánimo. Me muevo por el espacio en penumbras de manera mecánica, colocándome una indumentaria deportiva ligera antes de salir de mi departamento con el único propósito de correr y despejar la neblina mental que me atormenta cada inicio de semana.
Después de correr a un ritmo constante durante un largo rato por los senderos habituales de la bahía, noto que el disco solar finalmente ha comenzado a despuntar sobre el horizonte, tiñendo el cielo de matices anaranjados. Determino que es hora de volver al complejo de departamentos. En el vestíbulo principal del edificio, me detengo un instante frente a los casilleros metálicos para recoger mi correspondencia diaria. Mientras reviso la pila de facturas y estados de cuenta institucionales, noto que el cartero ha depositado por error las cartas correspondientes al departamento de al frente, el cual ha permanecido desocupado durante meses. Observo el remitente de los sobres y caigo en la cuenta de que, al parecer, la propiedad finalmente ha sido alquilada por algún nuevo residente.
No le presto mayor atención al detalle de la mudanza vecinal; devuelvo los sobres ajenos a su lugar y subo en el ascensor directo a mi departamento con el tiempo justo para tomar una ducha de agua fría, vestirme con propiedad y marcharme directo a trabajar. Años atrás, culminé mis estudios superiores graduándome con honores académicos en la Universidad del Desarrollo Profesional, obteniendo mi titulación en leyes. Como era de esperarse dentro del competitivo circuito legal del estado, apenas recibí mi diploma corporativo me llovieron ofertas de trabajo, pero acepté formar parte de uno de los bufetes jurídicos más importantes e influyentes de todo San Francisco.
Al terminar de ajustarme los puños de la camisa y anudar la corbata de seda de mi traje de sastrería gris, desciendo los niveles del edificio hasta el sótano de estacionamiento para subirme a mi automóvil y emprender el manejo cotidiano hacia las dependencias de la firma "Law Firm". No me toma demasiado tiempo completar el trayecto vehicular, debido a que las imponentes oficinas corporativas quedan ubicadas a escasa distancia de mi lugar de residencia.
Apenas cruzo el umbral de cristal del vestíbulo principal y saludo de manera cordial al personal de la recepción, avanzo hacia los elevadores privados de alta velocidad para ascender directo a mi oficina, la cual se encuentra estratégicamente posicionada en el último nivel de la estructura. Ostento la posición de ser uno de los principales socios mayoritarios que posee el bufete en la actualidad; en el organigrama general de la empresa, la junta está compuesta por un total de diez socios firmantes, pero únicamente cinco de nosotros formamos parte del comité ejecutivo principal que toma las decisiones financieras.
—Vaya, hasta que al fin te dignas a hacer acto de presencia en este piso, Adan —se escucha una voz familiar en el pasillo corporativo.
Levanto la cabeza de los documentos que traigo en la mano para soltar una carcajada, deteniendo mis pasos justo antes de ingresar a mi despacho.
—¿Tanto me extrañaste durante las pocas horas del fin de semana, Nicolás? No tenía la menor idea de que mi presencia te resultara tan indispensable para iniciar tu jornada laboral —replico en tono de burla.
Ahora es el turno de reír de mi interlocutor, quien se apoya contra el marco de la puerta de manera distendida.
—De hecho, si me lo preguntas, mi concepto de un día laboral idílico sería aquel en el que no tuviera que volver a ver tu rostro en la oficina jamás, o bien, encontrarte de rodillas suplicando por mi asesoría legal en algún tribunal… lo que sea que ocurra primero.
Arqueo una ceja, delineando una gran sonrisa cargada de ironía mientras clavo mis ojos verde oscuro en sus facciones.
—Lamento arruinar tus fantasías profesionales, Nicolás, pero la regla número uno de mi manual de vida es que yo jamás suplico por absolutamente nada en esta tierra. Y en cuanto a la regla número dos, me parece una meta bastante complicada que dejes de ver mi rostro, considerando el pequeño detalle de que compartimos sociedad corporativa en esta firma, sin mencionar el hecho innegable de que soy el único amigo real que posees en este edificio.
Me adentro en las dimensiones de mi despacho ejecutivo y procedo a encender el sistema informático y las luces del escritorio de caoba.
—Para tu información y consumo personal, Adan, no eres el único amigo en mi lista de contactos; poseo una agenda social bastante nutrida y muchos amigos fuera de este círculo legal —responde Nicolás, siguiéndome al interior del despacho de manera desenvuelta.
—Por favor, Nicolás… Salir a almorzar con el contador Luis una vez al mes por pura obligación corporativa no califica en ninguna categoría como una relación de amistad real —me mofé.
Ambos compartimos una risa franca ante la acotación y tomamos asiento en los sofás de descanso de la estancia para revisar los pendientes del día. Nicolás Agreste ha sido mi mejor amigo desde que tengo uso de razón, compartiendo vivencias desde la infancia. Es una de las poquísimas personas en este mundo que posee pleno conocimiento de los detalles escabrosos de mi pasado, de mis orígenes y de la clase de hombre que solía ser antes de transformarme en el frío y calculador abogado corporativo que todos observan en los tribunales hoy en día. No importa la magnitud de la crisis legal o personal que deba enfrentar, sé con absoluta certeza que puedo contar con su lealtad incondicional. Físicamente, Nicolás posee una cabellera de tono marrón castaño y unos ojos del mismo color oscuro que proyectan una calma analítica; un contraste visual bastante marcado conmigo, que poseo el cabello negro azabache y unos ojos verde oscuro fijos en los objetivos.
Editado: 10.07.2026