Eternamente Enamorada

CAPÍTULO 3: UN BRINDIS CON EL PASADO

Narrado por Isabella

Tras despedirme cordialmente del señor Edgar en su despacho, las manecillas del reloj indicaban que era la hora idónea para el almuerzo ejecutivo, por lo que decidí abandonar el rascacielos corporativo y buscar un sitio adecuado para comer algo. No muy lejos de las inmediaciones de la firma, se alzaba una vistosa cafetería moderna que, a juzgar por la afluencia de clientes, gozaba de una gran popularidad entre los profesionales de la zona de la bahía. Apenas crucé el umbral de cristal del local, sentí de inmediato cómo varias miradas curiosas e inquisitivas se clavaban en mi figura; sin embargo, a estas alturas de mi vida y con la armadura profesional que he construido, ese tipo de escrutinio público me tiene sin el menor cuidado.

Me dirigí con paso firme hacia una de las mesas desocupadas junto al ventanal y aguardé a que una camarera se aproximara a tomar mi orden. Solicité un menú ligero y equilibrado: un jugo de naranja natural recién exprimido, una ensalada fresca de verduras seleccionadas y unas salchichas sazonadas a la parrilla con un toque de aderezo especial de la casa. El servicio del establecimiento demostró ser sumamente eficiente, pues mi pedido no tardó más que unos minutos en ser depositado sobre la mesa. Mientras degustaba los alimentos con total parsimonia, aproveché el tiempo libre para ponerme a leer un compendio jurídico en mi tableta y monitorear las noticias de la bolsa local en la pantalla de mi teléfono celular.

Una vez que hube terminado de consumir mi almuerzo, me levanté de la mesa con la intención de cancelar el importe de la cuenta en la caja principal y, de paso, llevarme una pequeña selección de postres gourmet a mi departamento para el fin de semana. No obstante, justo cuando el cajero terminaba de procesar el pago de mi tarjeta corporativa, giré sobre mis talones de manera imprevista y, por un absoluto accidente de cálculo, choqué de frente con una joven que ingresaba a la fila. Al levantar la vista, me topé con una chica de cabellera rubia y ojos negros profundos; era una mujer sumamente linda y dueña de un gran estilo estético que se reflejaba en su impecable presentación.

—Oh, de verdad lo siento muchísimo, no te vi a tiempo —exclamé de inmediato, buscando un par de servilletas de papel al notar que un par de gotas del café que traía en la mano habían salpicado el tejido de su prenda—. Déjame compensarte el inconveniente comprándote otro café de inmediato.

La joven me miró fijamente, esbozando una sonrisa ligera y carente de cualquier rastro de molestia real mientras utilizaba la servilleta para limpiarse los vestigios del líquido de su vestido negro de diseñador.

—Está bien, no te preocupes en lo absoluto, fue un descuido de ambas parte. Todo está bajo control —respondió ella con una voz sumamente segura mientras la ayudaba a retirar la humedad de la tela.

—Bueno, en ese caso, dejémoslo en un empate técnico —repliqué con una sonrisa amigable—, pero insisto en que me permitas al menos recompensarte el mal rato invitándote la bebida de reemplazo.

Ella asintió con la cabeza en un gesto de capitulación graciosa y procedí a solicitarle al barista un nuevo café premium para entregárselo.

—Por cierto, mucho gusto en conocerte. Mi nombre es Isabella —me presenté formalmente, extendiendo mi mano derecha.

La mujer rubia me observó durante una fracción de segundo con una expresión sutilmente confundida, como si mi nombre activara algún resorte en su memoria, pero reaccionó de inmediato devolviéndome una sonrisa cortés y estrechando mi mano con firmeza.

—Luz —articuló de manera escueta.

Acepté su saludo y le entregué el vaso térmico con su bebida caliente.

—Ha sido un auténtico placer, Luz —añadí, asintiendo con la cabeza antes de dar la vuelta para salir de las instalaciones de la cafetería.

Una vez que estuve expuesta en la acera de la calle principal, le hice una seña al primer taxi libre que divisé en el flujo vehicular y me subí al asiento trasero para dirigirme sin demoras a mi departamento. Al consultar el cronógrafo de mi muñeca en el instante de ingresar a la propiedad, verifiqué que ya marcaba las tres de la tarde. Considerando que quedaban escasas cuatro horas para que diera inicio la gala de bienvenida de la firma, determiné que era el momento oportuno para comenzar a arreglarme minuciosamente; después de todo, este evento representaría mi primera aparición oficial de etiqueta frente a la totalidad de mis nuevos compañeros de trabajo, analistas y socios mayoritarios de la corporación.

Me di un prolongado baño con agua templada para relajar las tensiones del viaje y, mientras permitía que mi cabello se secara de forma natural, procedí a colocarme el vestuario que había seleccionado con rigurosidad: un vestido de gala con un escote de corazón profundo y un entallado corte estilo sirena que acentuaba a la perfección cada una de las curvas de mi silueta. La prenda ostentaba un sobrio y sofisticado color vinotinto. Para complementar el diseño, me ajusté un cinturón de perlas brillantes alrededor de la cintura y me calcé unos tacones altos de tiras finas elaborados en el mismo tono exacto del vestido. Apliqué un maquillaje de noche que, si bien se mantenía bajo los parámetros de la sencillez, resultaba sumamente notorio y estilizado, resaltando la claridad de mis ojos. Terminé de secar mi larga cabellera negra azabache con la secadora profesional y utilicé la tenaza para moldear unos rulos suaves y definidos que caían con elegancia sobre mi espalda.

Cuando estuve completamente lista, eché un último vistazo al espejo de cuerpo entero y verifiqué el horario; faltaban exactamente treinta minutos para que diera inicio la recepción oficial. Tomé mi bolso de mano de pedrería, aseguré los accesos del departamento y me encaminé a la locación.

La celebración anual se estaba realizando en las instalaciones de un restaurante de alta cocina ubicado estratégicamente en la zona más exclusiva de la bahía, justo al lado del muelle principal. Al descender del vehículo de transporte y aproximarme a la entrada del establecimiento, lo primero que captó mi atención fue el despliegue masivo de los medios de comunicación locales, reporteros de la televisión y un nutrido grupo de paparazis apostados detrás de las vallas de seguridad. No era un detalle que debiera extrañarme en lo absoluto, considerando que este evento anual de la firma Law Firm figuraba en las agendas sociales como uno de los acontecimientos corporativos y jurídicos más importantes de todo el país.




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