ESPECIAL NICOLÁS
Conozco a Adam prácticamente de toda la vida. No solo fuimos compañeros de banco en el colegio; fuimos vecinos de patio, compartimos las primeras salidas a fiestas, los primeros fracasos y los grandes éxitos. Éramos, y seguimos siendo, como hermanos de sangre. No había secreto, debilidad o pensamiento que no supiéramos el uno del otro.
Por esa misma razón, fui el testigo en primera fila de su mayor verdad y de su peor caída. Aunque él intentara negarlo ante el espejo, yo sabía que Adam siempre ha amado a una sola mujer. Perderla a ella fue como perder la vida misma; quedarse sin Isabella se convirtió en el error más catastrófico, doloroso y destructivo que mi amigo ha cometido jamás. Ese abandono lo destrozó por completo, transformándolo en un hombre gris y mecánico. Nunca volvió a ser el mismo muchacho risueño de antes. Para colmo de males, en medio de su vulnerabilidad, cayó directo en las redes y los engaños calculados de Jehosely. A partir de ese instante, la única luz de esperanza que le permitía levantarse por las mañanas y no mandar su carrera al demonio era su pequeña hija, Fernanda.
A veces, cuando el silencio inunda mi propia oficina, no puedo evitar sentirme responsable del estado actual de Adam. Me carcome la culpa, ya que fui una de las primeras personas que lo alentó y lo animó a iniciar una relación formal con Jehosely cuando ella anunció su embarazo. Yo, al igual que la gran mayoría en el instituto, pensaba que ella era una persona buena, una joven confundida que merecía una oportunidad, cuando en realidad todo aquello era solo una máscara impecable que se ponía frente a la gente para ocultar su verdadera naturaleza.
Unos golpes suaves en la madera de la puerta interrumpieron el hilo de mis pensamientos.
—Sí, adelante —respondí, aclarándome la voz mientras intentaba apartar la melancolía de mi rostro.
La puerta se abrió y vi a Luz entrar a mi despacho. Caminó con pasos silenciosos, evaluando mi postura desparramada en la silla.
—Nicolás... ¿te sientes bien? —preguntó, con una genuina nota de preocupación en la voz.
Solté un gran suspiro de cansancio, pasándome una mano por la frente.
—Estaba pensando... —admití, mirándola a los ojos—. Estaba pensando en que si yo me hubiera dado cuenta a tiempo de la verdadera cara de Jehosely, si hubiera sido más astuto, Adam tal vez nunca habría terminado enredado con ella. Actualmente estaría casado por la iglesia con Isabella, feliz, y nada de esta farsa legal estaría sucediendo.
Luz rodeó mi escritorio con lentitud y se sentó justo en el borde, frente a mí, acortando la distancia.
—Tú mismo lo dijiste hace un momento, Nicolás: no sabías absolutamente nada al respecto en esa época. Esa mujer sabe ocultarse a la perfección tras una máscara de inocencia —habló con suavidad, extendiendo su mano para colocarla sobre la mía en un gesto reconfortante—. La culpa de lo que pasó no es tuya, y en realidad ni siquiera es de Adam. Toda la responsabilidad es de ella, que los manipuló y los engañó a todos utilizando una situación tan delicada.
—No engañó a todos, Luz —corregí, apretando su mano—. Isabella siempre supo realmente cómo era Jehosely desde el primer día. Me pregunto constantemente... ¿cómo demonios supo ella la verdad cuando los demás estábamos completamente cegados?
—Tal vez vio algo extraño en sus actitudes, o consiguió alguna prueba contundente. Las mujeres solemos ser sumamente perceptivas, Nicolás, en especial cuando queremos proteger a alguien que amamos con el alma.
La miré con una duda profunda instalándose en mi mente, atando cabos que se habían quedado sueltos durante una década.
—Pero si ese fue el caso... ¿por qué Isabella nunca dijo nada en el instituto? ¿O por qué no mostró las pruebas que tenía para salvar a Adam de ese matrimonio?
—Tal vez Jehosely la amenazó con algo lo suficientemente grave como para obligarla a guardar silencio —especuló Luz, entornando los ojos mientras compartía mi duda—. Piénsalo bien, Nicolás... ¿Y si el accidente automovilístico que sufrió Isabella hace diez años no fue realmente un accidente fortuito? ¿Y si Jehosely planeó absolutamente todo para sacarla del camino?
La miré con absoluto horror, sintiendo un escalofrío helado recorrer mi columna vertebral.
—¿De verdad la crees capaz de planear algo tan monstruoso como un intento de asesinato?
Luz asintió con una seguridad pasmosa, la mirada endurecida.
—De eso y de muchísimas cosas peores, Nicolás. Esa mujer no tiene escrúpulos cuando se trata de conseguir lo que quiere.
La verdad es que, hasta este momento, yo no creía que la maldad de Jehosely llegara a extremos criminales, pero ahora las dudas llovían sobre mí con una fuerza abrumadora. Necesitaba certezas.
—Luz... ¿podrías hacerme un favor enorme y buscar los contactos de unos investigadores privados de total confianza, por favor? —le pedí, enderezando la espalda.
Ella asintió de inmediato, sin dudarlo.
—Por supuesto. ¿Qué es lo que planeas hacer exactamente?
—Voy a desenterrar el pasado completo de esa familia —declaré, levantándome de mi silla con determinación. Luz imitó mi movimiento, poniéndose de pie frente a mí—. Voy a descubrir qué pasó en ese accidente, pero necesito tu ayuda absoluta en el proceso. ¿Cuento contigo para esto?
—Siempre vas a contar conmigo, Nicolás, para lo que sea —respondió ella, con una sonrisa sincera y segura.
Incapaz de contener la oleada de gratitud y el afecto que me unía a ella, no pude evitar dar un paso al frente y abrazarla con fuerza. Luz me correspondió el gesto de inmediato, rodeando mi cintura. Nos quedamos un momento suspendidos en ese refugio cálido, disfrutando del apoyo mutuo, hasta que un carraspeo seco y cargado de diversión desde el umbral de la puerta nos obligó a separarnos de golpe.
—Luz, Nicolás... Isabella los está esperando ahora mismo en su oficina —anunció Emilie, apoyada en el marco de la puerta.
Editado: 10.07.2026