PERSPECTIVA DE JORGE RIVAS
El constante y estridente sonido de mi teléfono móvil perfora el silencio de la habitación, obligándome a abrir los ojos de golpe. ¿Quién demonios se atreve a llamarme a estas horas de la madrugada? Maldiciendo entre dientes, estiro el brazo con pereza hacia la mesita de noche para tomar el aparato y revisar la pantalla. Es mi hermana, Jehosely. Mi primer impulso es ignorar la llamada y lanzar el teléfono lejos, pero ella, fiel a su estilo obsesivo, vuelve a insistir de inmediato. Sin más opción y queriendo evitar que el ruido termine por despertar a Emilie —quien duerme plácidamente a mi lado, envuelta en las sábanas—, atiendo la llamada mientras me levanto con sigilo de la cama y salgo al pasillo.
Llamada telefónica
—¡¿Se puede saber por qué carajos me haces esperar tanto para atender, Jorge?! —bramó su voz chillona nada más descolgar.
Volteé los ojos, recostándome contra la pared del pasillo.
—Buenos días para ti también, hermanita. Qué agradable forma de empezar el día.
—¿Estás otra vez con la sirvienta esa? ¿Hasta cuándo te va a durar ese ridículo capricho? —escupió con desprecio.
Cerré los puños, conteniendo la rabia para no gritar y despertar a Emilie. Caminé unos pasos más hacia la sala de estar para asegurar total privacidad.
—Primero: ella no es ninguna sirvienta, es mi novia. Segundo: no es un capricho de una noche, Jehosely, ella es la mujer que amo. Y tercero: ¿me llamaste tan temprano solo para insultar a mi pareja?
La escuché gruñir del otro lado de la línea. Jamás estuvo de acuerdo con que empezara a salir con Emilie, pero la verdad es que sus prejuicios clasistas me importaban muy poco.
—Como sea, no me interesa tu vida patética —interrumpió con frialdad—. Te llamaba para avisarte que te voy a subir al estrado para que testifiques a mi favor en el juicio de la corte familiar por la custodia.
—Jehosely... ¿Qué pretendes que diga exactamente ante un juez?
—Solo tienes que hablar de lo genial y perfecta que soy como madre, y de lo pésimo, inestable y negligente que es Adam. Lo conoces desde nuestra infancia, así que te será sumamente fácil inventar algo convincente. Sobre todo, asegúrate de mencionar la enfermiza obsesión que él siempre tuvo con esa perdedora de Isabella. Eso destruirá su imagen.
Suelto un suspiro cansado, frotándome el puente de la nariz.
—Te lo dije muchísimas veces en el pasado, Jehosely: Adam nunca te amó. Esos dos estaban profundamente enamorados el uno del otro, pero tú insististe caprichosamente en meterte entre ellos y destruir su relación.
—¡¿ESTÁS DE MI MALDITO LADO O DEL LADO DE ELLOS?! —su grito fue tan ensordecedor que tuve que apartar bruscamente el aparato de mi oreja para que no me dejara sordo—. Además, él siempre me amó. Lo que pasa es que esa mosquita muerta de Isabella le lavó el cerebro para ponerlo en mi contra. Como sea, no voy a discutir esto contigo. ¿Cuento contigo para el juicio o no?
—Claro que sí, mi queridísima hermanita. Ahí estaré.
Fin de la llamada
Suelto un enorme suspiro y me lanzo contra el sofá de la sala, totalmente agotado mentalmente. A veces mi hermana tiene la capacidad de volverme completamente loco con sus delirios de grandeza. Mientras permanezco allí, con los ojos cerrados intentando recuperar la calma, siento de repente unas manos cálidas y suaves que empiezan a acariciarme los hombros con delicadeza, descendiendo lentamente por mi pecho hasta mi abdomen.
—Amor... Si sigues acariciándome de esa manera tan peligrosa, te voy a llevar de regreso a la habitación y te juro que hoy no irás a trabajar —le advierto con la voz ronca.
Escucho su risa suave y melodiosa antes de que me plante un tierno beso en la mejilla y se recueste cómodamente sobre mi pecho.
—Era Jehosely, ¿verdad? —pregunta Emilie, mirándome con sus ojos expresivos.
—Asiento con la cabeza, tomando su cintura para pegarla más a mi cuerpo—. Sí. Quiere que suba al estrado en el juicio para testificar a su favor y hundir a Adam.
Emilie levanta la mirada, clavándola en mis ojos con fijeza.
—¿Y qué vas a hacer al respecto, Jorge?
Suelto un suspiro, meditando mi estrategia.
—Por ahora, lo mejor es dejar que piense que estoy de su lado y que cuenta con mi apoyo incondicional. De esa manera podré averiguar qué cartas tiene bajo la manga, qué pruebas falsas piensa presentar contra Adam y cómo pretende afectar a mi sobrina. Así podré mantener informada a Isabella y ver de qué forma podemos adelantarnos a sus movimientos antes del juicio.
Emilie asiente, comprendiendo perfectamente el plan.
—Esa mujer en verdad me estresa a niveles inimaginables —añado, cerrando los ojos.
En ese momento, Emilie empieza a mirarme con una sonrisa traviesa y cargada de picardía, mientras su mano baja peligrosamente hacia mi entrepierna por encima del pantalón.
—Amor... Estás jugando con fuego y te puedes quemar muy feo —le advierto, abriendo los ojos con una sonrisa lobuna.
—¿Y quién te dijo a ti que le tengo miedo a quemarme? —me desafía con la mirada.
Esas simples palabras bastan para que la cordura se me escape por completo. La tomo firmemente entre mis brazos, levantándola del sofá, y camino rápidamente de regreso a la habitación para cumplir mi palabra y dejar el trabajo en segundo plano por unas horas.
Después de un rato de total entrega, decido meterme a la ducha para espabilarme, cambiarme de ropa y prepararme para ir a casa de Jehosely. Sin embargo, antes de encaminarme hacia allá, decido pasar por una cafetería cercana para recargar la energía que Emilie me quitó; parece una mujer sumamente dulce y reservada por fuera, pero en la intimidad de la cama es una auténtica bestia insaciable, y eso es algo que me vuelve loco.
Justo cuando estoy a punto de salir del establecimiento con mi café en la mano, distingo a lo lejos, en una de las mesas de la esquina, a Isabella. Se encuentra hablando de manera muy concentrada con un hombre de traje. No logro verle el rostro al sujeto porque se encuentra completamente de espaldas a mí. Al principio no le doy mayor importancia al asunto, asumiendo que es algo de la empresa, hasta que el hombre se voltea ligeramente para tomar su abrigo y mis ojos se abren de par en par por la sorpresa.
Editado: 10.07.2026