CAPÍTULO 27: LAS MÁSCARAS CAEN
PERSPECTIVA DE LUZ
El ambiente en la oficina se ha vuelto denso, cargado de una electricidad que no logro descifrar. Adam flota en una burbuja de felicidad, radiante por su relación con Isabella, pero ella, por el contrario, parece estar al borde del colapso nervioso desde que regresó de su viaje, y Emilie no se queda atrás. ¿Es solo el trabajo, o hay algo oscuro gestándose tras las paredes de esta firma?
Para colmo de males, Luis Pérez se comporta de manera errática. Lo he atrapado vigilando con insistencia a Emilie y a Jorge, observando sus interacciones con una curiosidad que roza lo insano. Odio no tener el control de las situaciones, y en este edificio, la ignorancia se está volviendo una tortura. Solo me queda acudir a la única persona que podría arrojar luz sobre este caos, aunque sea el tema más delicado de mi vida: Nicolás.
Él vive en mi mente las 24 horas del día. Desde aquella supuesta confesión ante Adam, me ha estado evitando con una frialdad que me cala los huesos. Ni él ni Adam me dirigen la palabra con naturalidad, lo cual es una herida abierta, considerando que, más que mis jefes, son mis amigos. Incapaz de soportar el vacío, me dirijo a su oficina. Su secretaria no está, así que entro sin pedir permiso.
—Ok, quiero saber qué rayos pasa aquí —espeto, cerrando la puerta tras de mí.
Nicolás levanta la vista, sorprendido.
—No sé de qué hablas, Luz.
—Claro que lo sabes. ¿Por qué me evitas?
Él me mira a los ojos y veo un dolor tan profundo, tan genuino, que mi corazón da un vuelco.
—Son ideas tuyas —responde, intentando retroceder, pero me acerco más.
—¿Ideas mías? ¿Que no comemos juntos? ¿Que todos aquí parecen vivir en sus propios mundos secretos? ¿Que ya no puedes ni mirarme a los ojos?
Él exhala un suspiro que parece extraerle toda la energía.
—No lo entiendes.
—¡Lo entendería si me lo explicaras! —exclamo, furiosa por su cobardía. Él cierra los ojos con fuerza. Entiendo el mensaje: el silencio será su única respuesta. Me doy la vuelta, dispuesta a irme, sintiéndome humillada.
Pero antes de que alcance la puerta, Nicolás me atrapa del brazo y me gira. Sin previo aviso, sus labios se encuentran con los míos en un beso que rompe todas las barreras. La sorpresa me paraliza solo un segundo; pronto, mis piernas se enredan en su cintura y mis manos se pierden en su cabello. El deseo, acumulado durante meses de silencios, explota en una urgencia que nos deja sin aliento.
Al separarnos, él apoya su frente contra la mía, con la respiración entrecortada.
—¿Quieres saber por qué no podía mirarte? —susurra—. Porque estoy perdidamente enamorado de ti, Luz, y no podía contenerme más. Te amo.
Estaba a punto de responder cuando un golpe en la puerta nos obliga a separarnos como si nos hubieran quemado. Emilie entra, y al vernos, se queda paralizada. La vergüenza me tiñe las mejillas de rojo intenso mientras salgo de la oficina, huyendo hacia el despacho de Adam con la mente en un torbellino.
—Luz, qué bueno que llegaste —dice Adam, ajeno a todo—. Quiero regalarle algo a Isabella, está muy estresada... ¿qué se te ocurre?
Respondí mecánicamente, esperando que él no notara mi estado. Al salir, me sentía tan fuera de lugar que decidí recoger mis cosas y salir temprano. Caminaba hacia una cafetería cuando una mujer chocó conmigo, esparciendo mis pertenencias por el suelo.
—En verdad lo siento —dijo ella.
Al recoger mi identificación, se detuvo, mirándome con una sonrisa indescifrable.
—Luz, ¿verdad? Vaya, eres hermosa... jamás podría competir contigo.
—¿Disculpa? ¿Te conozco? —pregunté, confundida.
Ella se sentó conmigo, pidiendo un café.
—Seré directa. Me acosté con Nicolás —dijo, y mi mundo se detuvo—. Todas las chicas con las que él se acuesta siguen un patrón: rubias, ojos negros, físicamente fuertes. Mi nombre también es Luz. Y tuve que repetir sus reglas: «Soy capaz de hacer todo, puedo con todo, yo seré tu ama».
Mis ojos se llenaron de lágrimas. Aquellas palabras, aquel código de seguridad... no eran de ella. Eran mías.
Flashback: 5 años atrás
Estaba en un bar, bebiendo para ahogar el dolor de la muerte de mi padre. Nicolás, que siempre había sido mi apoyo, me encontró y me sacó de allí. Terminamos en su apartamento, donde mi vulnerabilidad se transformó en un impulso eléctrico. Lo besé, y esa noche, entre el dolor y el alcohol, establecimos un contrato extraño y apasionado, una forma de protegerme del compromiso que mi corazón, sin embargo, no pudo evitar adoptar. Al despertar a la mañana siguiente, me fui, convencida de que solo había sido un juego para él.
Presente
La revelación de la chica me golpeó como un rayo. Nicolás no me ignoraba por desprecio, sino porque le aterrorizaba el poder que tenía sobre él desde aquella noche. Sin pensarlo más, tomé un taxi hacia su residencia.
Subí al piso 30, toqué la puerta 365, y cuando abrió, no dejé que hablara. Lo besé con la desesperación de cinco años de secretos reprimidos. Esa noche, nuestra conexión fue algo que ninguna de sus "reglas" pudo definir.
Al despertar, el sol entraba por la ventana, pero esta vez, él estaba allí, mirándome con adoración.
—¿Por qué jamás me dijiste lo que sentías? —pregunté, acariciando su rostro.
—Porque esa primera noche... —dijo él, suspirando—, cuando te vi durmiendo a mi lado, me enamoré de ti. Y sentí miedo. Miedo de no ser el hombre que mereces.
Las lágrimas de alegría recorrieron mis mejillas. Finalmente, la verdad había caído, y en ese abrazo, supe que no necesitábamos más juegos, solo nosotros dos, sin contratos ni miedos.
Editado: 10.07.2026