Eternamente Enamorada

CAPÍTULO 33: LA CAÍDA DEL IMPERIO DE MENTIRAS

NARRADOR

Tras la visita del patriarca de los Scott, las piezas del rompecabezas comenzaron a encajar con una precisión aterradora. La relación entre Adam e Isabella, lejos de fracturarse, se consolidó en una alianza inquebrantable, un frente unido que irradiaba una felicidad que resultaba insoportable para aquellos acostumbrados a las sombras. En la firma de abogados, todos eran testigos de cómo el amor había vencido a la conveniencia, un hecho que, lejos de ser ignorado, avivaba la envidia en el corazón de Jehosely Rivas. La noticia de que Isabella Rubio no era solo una abogada brillante, sino la hermana perdida del Príncipe de Londres, supuso un golpe de Estado a sus planes. Cada paso que Jehosely daba para destruir a la pareja se encontraba con un muro infranqueable: Jorge Rivas, quien, siguiendo las instrucciones precisas de Isabella y Alexander, alimentaba a Jehosely con información falsa, manteniéndola sumisa y controlada en una red de engaños que ella misma no alcanzaba a comprender.

Por su parte, Alexander cumplió su palabra. En una reunión privada pero cargada de tensión, se encontró cara a cara con Adam. No hubo cordialidad innecesaria; fue una advertencia directa, una promesa de sangre: si Adam volvía a causar la más mínima lágrima en el rostro de su hermana, las consecuencias serían devastadoras. Adam, lejos de intimidarse, aceptó el desafío con la seriedad de un hombre que finalmente sabía qué era lo que tenía que proteger.

Mientras tanto, en los pasillos de la firma, la relación entre Nicolás y Luz había dejado de ser un secreto a voces para convertirse en una realidad pública. La noticia, aunque tomó a muchos por sorpresa, fue recibida con una calidez genuina. Parecía que, en medio de la tormenta que se avecinaba, el amor estaba floreciendo en todos los rincones. Pero todo lo bueno tiene un final, y el día del juicio, el evento más esperado del siglo, finalmente llegó. Las cámaras de televisión rodeaban el Tribunal Central, y el público aguardaba ansioso por ver el desenlace del caso que marcaría un antes y un después en la alta sociedad.

EL DÍA DEL JUICIO

La sala del tribunal estaba atestada. El ambiente era sofocante, cargado de expectativas. La jueza, una mujer de mirada severa y rostro inexpresivo, golpeó el mazo sobre la mesa de madera.

—Estamos aquí reunidos para presentar el caso número 402, Adam Scott contra Jehosely Rivas —anunció con voz rotunda.

El abogado de Jehosely se levantó primero, ajustándose el traje con aire de suficiencia. —Su Señoría, mi clienta solicita la custodia total de la menor Fernanda Scott, el cambio de su apellido y una indemnización de 10 mil dólares por daños y perjuicios contra mi representada y su hija, además de los costos de pensión alimenticia retroactivos.

El abogado de Adam, con una calma calculada, replicó: —Mi cliente solicita la custodia total de su hija y una orden de alejamiento inmediata para la señorita Jehosely Rivas, dadas las constantes amenazas y la inestabilidad de su entorno.

La jueza asintió. —Procedamos.

Durante horas, el juicio fue un carrusel de acusaciones. El abogado de Jehosely intentó pintar a Adam como un padre negligente y a Isabella como una mujer despechada y una mala influencia. Pero el equipo legal de Adam, respaldado por las pruebas inexpugnables de Alexander, destruyó cada argumento. Mostraron los registros bancarios de Jehosely, revelando cómo los fondos destinados a Fernanda eran desviados hacia lujos, excesos y apuestas, mientras que Adam cubría todos los gastos en secreto. Jorge Rivas subió al estrado y, con voz firme, confirmó que toda la evidencia presentada por Jehosely contra Adam y la pequeña Fernanda era una farsa orquestada.

—¡Eres un maldito traidor! ¡Pagarás por darle la espalda a tu propia sangre! —bramó Jehosely, perdiendo el control y lanzándose contra Jorge.

—¡Orden en la sala! —gritó la jueza, golpeando el mazo—. Señorita Rivas, si no se comporta, será detenida por desacato en este mismo instante.

El silencio volvió a reinar, pero la tensión era insoportable. Cuando la jueza estaba a punto de cerrar el caso, las pesadas puertas de la sala se abrieron de golpe, interrumpiendo el proceso. Una mujer de porte impecable y mirada penetrante entró con determinación.

—Tengo algo que decir, su Señoría —declaró la recién llegada.

—¿Y usted quién es?

—Detective de inteligencia internacional, Esmeralda Wolf —anunció, levantando su placa ante la mirada atónita de todos los presentes. Isabella, desde su lugar, esbozó una pequeña sonrisa; ella sabía exactamente quién era y qué traía consigo—. Lamento interrumpir, pero tengo órdenes de detención contra Jehosely Rivas que afectan directamente este caso y muchos otros.

El tribunal quedó en shock mientras Esmeralda desplegaba su informe: —Hace 11 años, la señora Rivas planeó y ejecutó a sangre fría el intento de asesinato de Isabella Rubio. No solo eso, falsificó certificados médicos, incluyendo el acta de defunción de su propio hijo, para robarse a Fernanda, hija biológica de Isabella y Adam Scott. Mintió, extorsionó y alejo a una madre de su hija por una década. Además, hemos hallado pruebas irrefutables de extorsión a altos cargos, narcotráfico y tráfico humano internacional.

—¡Mierda! —gritó Jehosely, e intentó salir corriendo, pero los oficiales que ya aguardaban en la puerta la interceptaron violentamente.

—¡Orden en la sala! —la jueza observó a Jehosely con absoluto desprecio—. Señora Rivas, debido a la nueva evidencia, esta corte no solo le niega la demanda contra el señor Scott, sino que se le procesa por cargos múltiples que conllevan cadena perpetua. Será trasladada a prisión sin derecho a fianza hasta su juicio final. Señor Adam, la corte le concede la custodia total. Caso cerrado.

EL RENACER DE UNA FAMILIA

Cuando el tribunal se vació, Isabella se encontró con Esmeralda a mitad del pasillo y la abrazó con gratitud. —Gracias por venir, Esmeralda. Sin tu información, esto no habría sido posible. —No hay de qué, para eso están las amigas. Los datos que enviaste desde Londres fueron la clave —respondió la detective con una sonrisa cómplice.




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