Eternamente Enamorada

Capitulo Extra

Hola, mis queridos lectores. Estoy profundamente agradecida por el apoyo constante que me han brindado. Les pido una disculpa por mis errores ortográficos; les garantizo que estoy trabajando arduamente en ello, pero espero de todo corazón que esto no sea un impedimento para que sigan disfrutando de mis historias. Sus hermosos mensajes son el motor que me motiva a seguir escribiendo y, sobre todo, publicando para ustedes. Les aseguro que vienen muchos libros más en camino y espero siempre contar con su compañía en esta aventura. Att: Mona.

NARRADOR

Los días posteriores a la revelación de la verdad en la prisión transcurrieron bajo una atmósfera de justicia reparadora. Sofía Scott fue procesada por ser la arquitecta intelectual de la mayoría de las atrocidades ejecutadas por Jehosely, quien quedó reducida a una simple cómplice bajo sus órdenes. El equipo legal de Sofía intentó utilizar su posición social para reducir la pena, pero el peso de las pruebas, que la vinculaban directamente con el liderazgo de una red de narcotráfico y tráfico humano internacional, hizo que cualquier argumento fuera insuficiente. Ambas fueron condenadas a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

Sin embargo, a pesar de la sentencia, una idea no dejaba de martirizar a Isabella: la amenaza velada que Sofía había lanzado contra Jorge. Tomamos medidas extremas de seguridad para protegerlo. Las sospechas resultaron ser fundadas: Sofía había contratado a un grupo de mercenarios para golpear a Jorge y, como acto final, instalar un artefacto explosivo en su vehículo. Por fortuna, la capacidad de Jorge para defenderse, sumada a la diligencia del equipo de seguridad personal de los Scott, permitió localizar y desactivar la bomba a tiempo. Aquel intento de homicidio no hizo más que endurecer la postura del juez, maximizando la condena de Sofía.

Para Adam, la situación fue profundamente dolorosa. Tuvo que sentarse con su abuelo, Antonio Scott, para formalizar la expulsión de Sofía de la familia. El viejo patriarca, con el corazón destrozado, terminó aceptando la decisión. Sabía que Adam, como nuevo cabeza de familia, debía velar por la integridad del apellido, y ambos coincidían en que las acciones de ella eran una afrenta directa a los valores que, supuestamente, debían representar los Scott.

Fueron meses de luto silencioso. Ver a la señora Victoria, la madre de Adam, llorar día tras día por la caída de su hija fue una prueba de fuego para nuestra relación. Durante ese tiempo, me dediqué a ser el refugio de Adam, brindándole todo el consuelo que él me había dado a mí en mis momentos más oscuros. Poco a poco, la paz volvió a instalarse en nuestras vidas.

La vida continuaba su curso, y el amor encontraba grietas por donde florecer. Mi hermano y Emilie, tras la cita que yo misma había organizado, se volvieron inseparables. Les advertí, con el cariño de una hermana mayor y la sabiduría de quien ha sufrido, que se cuidaran el uno al otro. Por otro lado, la relación entre Nicolás y Luz era un espectáculo constante de contradicciones encantadoras; nunca imaginé que el eterno "donjuán" terminara perdidamente enamorado de una secretaria ruda y directa, pero verlos juntos me devolvía la sonrisa.

Pocos meses después, Jorge y Emilie decidieron unir sus vidas para siempre. Fue una boda íntima y hermosa, celebrada en el jardín de la mansión Scott, tal como Adam lo había solicitado. Como regalo de bodas, me encargué personalmente de costearles una luna de miel de ensueño en el destino que ellos eligieran; después de todo, Emilie siempre había sido la hermana que la vida me regaló.

En cuanto a nosotros, decidimos cerrar el ciclo vendiendo nuestros antiguos apartamentos para comprar un nuevo hogar, un espacio neutral donde empezar nuestra propia historia con Fernanda. Ella, cada día más astuta y vivaz, pronto entraría en la preadolescencia, y el simple pensamiento del "primer novio" me hacía reír nerviosamente. ¿Cómo reaccionaría Adam? Seguramente, sería una escena digna de recordar.

UN NUEVO INICIO

—¿En qué piensa mi maravillosa esposa? —la voz de Adam me sacó de mis reflexiones mientras me abrazaba por la espalda.

Estábamos en la terraza de nuestra nueva habitación, observando cómo el horizonte se perdía en el mar.

—Pensaba en que falta poco para que Fernanda sea una adolescente —respondí, sintiendo cómo él me estrechaba con más fuerza contra su pecho.

—No quiero ni pensarlo —suspiró él con pesadez—. Crece demasiado rápido.

Un dolor punzante se instaló en mi pecho. Siempre habría un vacío por el tiempo que me robaron.

—Adam... —él me giró con suavidad para mirarme a los ojos, notando mi vulnerabilidad—. ¿Tienes fotos o videos de Fernanda cuando era bebé?

Las lágrimas comenzaron a brotar sin control. Él, con una delicadeza infinita, las secó con sus pulgares.

—Isabella, si pudiera regresar el tiempo, lo haría, pero creo que eso solo te causará más dolor —dijo con voz suave—. Pero quiero que vengas conmigo.

Me tomó de la mano y me llevó hacia el auto. Condujo durante quince minutos hasta detenerse frente a una enorme casa con un jardín impecable. En la entrada, un letrero de madera tallada rezaba: “Casa Hogar de Isabella”. Lo miré confundida, con el corazón a mil por hora.

—Jehosely planeó todo para que perdieras los años con nuestra hija, y sé que el destino nos arrebató la posibilidad de tener más. Pero, mientras eso pasa, tú puedes cuidar de estos niños como si fueran tuyos. Te aseguro que, aunque ellos algún día deban irse, siempre serán nuestros hijos de corazón.

Las lágrimas de felicidad me inundaron. Me lancé a sus brazos, besándolo con una intensidad que no necesitaba palabras.

—Te amo, Adam. No sabes cuánto te amo —susurré contra sus labios.

—Yo también te amo, Isabella —respondió él, riendo suavemente—. ¿De qué sirve el amor si al final terminas roto? Por ti, iría al infierno una y mil veces, mi bella princesa.




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