Finge ser mi prometida

Capítulo 5. Sergio  

—¡Hijo, queremos saber más sobre tu novia! ¡Ya ha pasado una semana desde que dijiste que tenías a alguien y todavía no nos la has presentado!

Sí, mamá me llamaba casi a diario para recordarme esa maldita promesa que hice la semana pasada. Y yo mismo ya no estaba convencido de que hubiera sido una buena idea. Quizás no debería haberme metido en este juego. Por muy buena candidata que fuera Nadia, ella no era del tipo de personas que usarían sus habilidades para engañar a otros. Además, la vida real y la actuación en un escenario son dos mundos muy distintos. Pensaba que actuar en la vida real, especialmente ante personas que te conocen de toda la vida, no sería tan sencillo.

Pero, por otro lado, ¿quién mejor que ella? Solo necesitaba más tiempo. No podía dejarlo así.

—No dije que estuviera listo para presentárosla ahora mismo —le dije a mi madre a través de los AirPods mientras me ajustaba la corbata frente al espejo—. Además, tenemos encima la firma de un contrato muy importante y, físicamente, no tengo tiempo para esto.

—Pero lo prometiste —me recordó mamá con calma, sabiendo perfectamente que siempre cumplo mis promesas.

—Sí, y no me retracto —asentí hacia mi reflejo.

Y era verdad. Hoy, en este preciso instante, me convencí de que tenía que ser Nadia. Ella y nadie más. Solo ella encajaba en este papel. Solo ella podría salir airosa de esta situación.

—Entonces, ¿cuándo vendréis por fin? —insistió mamá.

Me quedé pensando unos segundos. Incluso si la convencía hoy mismo, necesitaríamos un par de días para pactar los detalles y simplemente conocernos un poco mejor... Además, en el trabajo estaba hasta arriba.

—Déjame terminar esta semana —dije finalmente—. Si firmamos el contrato antes del viernes, quizá podamos ir el domingo por la noche.

—¿Y por qué no el viernes?

Mamá atacaba por todos los frentes, como siempre. Ni la semana le servía, ni el día. Pero ella misma sabía que a veces se excedía, así que bastaba con marcar un límite.

—Mamá...

—Está bien, está bien. El domingo, sea el domingo —suspiró, lamentando seguramente que el encuentro con mi "novia" fuera dentro de cuatro días, contando desde hoy.

A mamá siempre le habían interesado estas cosas. Recuerdo lo nerviosa que se puso antes de conocer a la ex de Andrei. En el fondo, mi madre era la suegra ideal. Siempre le gustaba todo el mundo, incluso aquella rubia falsa...

—Hijo, y...

Mamá quería preguntar algo más, pero decidí interrumpirla; no quería responder a cien preguntas más. Además, era hora de ir a la empresa.

—Tengo que colgar, mamá.

Suspiró, pero se despidió:

—Adiós, hijo.

—Adiós, mamá.

La llamada terminó y solté un respiro largo. Estos días había estado trabajando en un contrato crucial, pero Nadia no salía de mi cabeza. Entendía que habría sido mucho más fácil contratar a cualquier otra actriz, alguien a quien no conociera. Pero no podía confiar en cualquiera. Esta era una "operación" secreta y muy importante. Empezaba a pensar como un estafador o un espía, pero ¿qué podía hacer si las cosas eran así?

Desde el principio, cuando elegí a Nadia entre tantas, supe que era la mejor. Era honesta, decente y, además, actriz. ¿Dónde iba a encontrar a otra igual? Siempre creí que los actores eran criaturas de mil caras que usaban sus talentos para conseguir lo que querían, no solo en el escenario, sino en la vida. Pero conociendo a Nadia, estaba seguro de que ella no era así. Quizás en mi memoria se había quedado grabada esa imagen honesta y justa de nuestra etapa escolar. Claro, antes de reencontrarme con ella después de tantos años, no podía estar seguro de que siguiera igual... Pero en cuanto hablamos, me di cuenta de que apenas había cambiado.

Bueno, excepto por una cosa: parecía haber perdido su ambición. Era el único cambio. Ya no perseguía sus metas con la misma tenacidad que en último curso, cuando ganó la segunda temporada de "Blockbuster", el concurso de jóvenes promesas. Era una de las participantes más jóvenes y aun así se llevó la victoria. Debía haber pasado algo... No podía creer que alguien como ella hubiera renunciado a su ambición sin más. Quizás perdió un casting importante o algo así... ¿Qué más puede preocupar a los actores?

Diga lo que diga, sabía que en su situación actual no era feliz. Lo entendí al instante. Sé por experiencia que las ambiciones no realizadas golpean el estómago como un puñetazo. Te falta el aire, no puedes trabajar ni al ritmo habitual. Y si no avanzas, las ambiciones se quedan en eso, solo ambiciones.

Hoy, al salir del trabajo, pasaría por el teatro. Si llegaba a tiempo, vería la función. Nunca me había atrevido a ver sus películas. No sé por qué. Quizás tenía miedo de que actuara demasiado bien... o demasiado mal. Y ninguno de los dos extremos me convenía.

Durante toda la función no pude despegar la vista del escenario. Aunque Nadia interpretaba a la antagonista, la rival de la protagonista —lo que técnicamente era un tercer papel en importancia—, lo hizo de tal forma que se me puso la piel de gallina. Interpretó a una mujer enamorada y, al mismo tiempo, a una arpía con tal maestría, que hasta el desenlace estuve empatizando con su personaje. Por un momento, olvidé por completo por qué estaba allí.

Sin embargo, cuando los actores y el director salieron a saludar y, tras los aplausos atronadores, desaparecieron tras el telón, me levanté de un salto y, como la otra vez, me dirigí a los camerinos.

Tras ver su actuación, ya no podía dar marcha atrás. Ella era la actriz perfecta.

¡Habrá capítulos nuevos cada noche! ¡Lee el libro gratis aquí!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.