Finge ser mi prometida

Capítulo 7. Sergio  

No entiendo, ¿qué he hecho mal?

Miré a Nadia e intenté comprender en qué punto había cometido el error crítico. Hace apenas un minuto sentía que estábamos más cerca el uno del otro... Más cerca que nunca. Me sentía muy cómodo a su lado, pero luego, cuando le pregunté por el trato, ella se rió de repente... Y después, simplemente accedió.

Ni siquiera sé qué pensar ahora. No creía que aceptara. Pensaba que su integridad siempre vencería a mi insistencia. ¿Acaso se ha rendido? Pero sea como sea, no pienso darle la oportunidad de echarse atrás. Quiero estar a su lado tanto tiempo como sea posible. Y que sea solo nuestro pequeño juego.

Me siento bien, incluso cuando discutimos.

—¿Ya has deshecho las maletas? ¿En casa de tu amiga? —pregunté.

—No, ¿por qué? Planeo mudarme en cuanto me den el anticipo. Voy a alquilar un estudio para mí —sonrió—. Ya he echado un ojo a un par de opciones.

—Si vas a ser mi prometida, lo lógico sería que te mudaras conmigo —dije.

No quería que sonara demasiado serio, no quería asustarla. Que piense que todo esto es solo por el juego. Así no se cerrará en banda.

—Vamos, eso es un poco incómodo —apartó la vista.

No pude evitar sonreír. En ese momento parecía una niña pequeña a la que invitan a su primera cita. Me resultaba agradable darme cuenta de que sí sentía algo por mí. Y estaba seguro al cien por cien de que sentía algo, ¿si no, por qué se resistiría tanto?

Ya en el colegio, yo siempre trataba de cortejarla a mi manera. Vale, a menudo era una tontería y algo infantil, pero en décimo curso ya tenía claro lo que sentía por ella. Sin embargo, fue justo entonces, a una edad tan temprana, cuando empezó su carrera... Y yo por aquel entonces solo pensaba en el fútbol, ¿qué carrera ni qué ocho cuartos?

Volví a mirar a Nadia. Siempre había sido tan madura de mente y tan niña en su comportamiento...

—Tendrás tu propia habitación, tus propias llaves, todo lo que quieras —le aseguré—. Simplemente es mucho más práctico para ambos.

—Trabajo hasta tarde... Te voy a molestar, te despertaré. Y además, ¿qué pasa si quieres traer a una chica a casa? —sonrió.

—No te entiendo —dije con sinceridad—. Ya habías aceptado. ¿Por qué ahora intentas dar marcha atrás? No se parece a ti. La Nadia que yo conocía siempre llegaba hasta el final en todo. Era una chica terca, decidida, y nunca se desdecía de sus palabras.

—Maldita sea, no hables de mí en pasado —frunció el ceño ligeramente.

Tenía miedo de dar una respuesta definitiva. Probablemente, en los últimos tiempos habían ocurrido demasiados cambios en su vida como para añadirme a mí... Pero no tenía tiempo para esperar. El domingo tenía que presentarme ante mis padres con mi chica. Y una vez que decidí que sería Nadia, pues...

—No has respondido a la pregunta, Nadia —la miré a los ojos—. No pienses que voy a obligarte a nada. Solo dime ahora que estás de acuerdo. Porque si te niegas, necesito buscar un reemplazo de inmediato.

En realidad, no iba a buscar a nadie. Solo decidí presionarla un poco más, ya que se mostraba tan indecisa.

—Está bien —dijo en voz baja—. De verdad, ya te lo he prometido, así que seré tu prometida.

—Así me gusta —le dediqué una sonrisa cálida—. Vamos a por tus cosas...

Asintió y finalmente retomamos el camino hacia casa de su amiga. Volvimos a conducir en silencio. De hecho, cuando llegamos, me dio por pensar que simplemente bajaría, me daría largas y se quedaría allí sin decir palabra. Después de todo, ni siquiera tenía su número de teléfono.

Los primeros diez minutos esperé con calma. Luego, empecé a ponerme nervioso... Cuando llevaba allí media hora, pensé que realmente no bajaría y que solo me lo había dicho para que no la encerrara otra vez en el coche... ¿Me tenía miedo?

No, imposible. Todo estaba bien, habíamos hablado con tranquilidad. Volví a mirar el reloj, y fue entonces cuando la vi salir por fin del portal. Llevaba una bolsa bastante grande en las manos.

Salí del coche de inmediato y le quité la bolsa. Abrí el maletero y la metí dentro. Nos subimos al coche y nos fuimos a mi casa. Otra vez, en completo silencio.

¡Habrá capítulos nuevos cada noche! ¡Lee el libro gratis aquí!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.