Fingiendo volar

Capítulo 2

Estamos esperando en unas sillas azul de plástico las palabras esperanzadoras o devastadoras del veterinario. Un hombre con tapabocas se lo llevó y otro se quedó con nosotros solo tratándonos con sonrisas. Me hacen suspirar y resignarme al castigo injusto de esperar.

El chico a un lado mío ha permanecido en silencio un largo rato, pero sé que observa pensativo lo que se alcanza a notar a través de la puerta entreabierta. Me parece tan extraño que esté aquí. Es un rubio de aspecto desaliñado que ya había visto muchas veces antes, mendigando atención para un espectáculo que suele dar en un bar los sábados. Es hermano de un compañero de trabajo que odio, al igual que mi mejor amiga del trabajo que, de hecho, detesta a ambos. Yuri y Jasper, hijos del dueño de una fábrica de metales muy exitosa. Tengo entendido que su padre es alguien muy querido por el mundo, pero sus hijos lo detestan, por algún motivo. En mi interior sentía que cada integrante de esa familia debía ser un asco de persona; pero Jasper parece agradable, lo pensaba incluso desde antes.

No soy en absoluto sociable en la empresa y casi nunca asomo mi cabeza fuera del cubículo ajustado donde trabajo, entonces nunca había interactuado con él antes. Tiene las manos metidas en su chamarra y entrecierra los ojos para ver mejor lo que ocurre con el ave que me ayudó a traer aquí, caminando por los entramados de la ciudad hasta esta pequeña construcción ignorada por el mundo. Su cabello desordenado casi cae delante de sus ojos y me fijo en eso cuando me voltea a ver y sonríe de lado a lado; me provoca un susto por algún motivo, lo admito.

—Te admiro por lo que hiciste —confiesa poniendo las manos en sus rodillas, después de que le hube contado la historia —, te pusiste en riesgo por ella, pero fue muy valiente.

Apoyo los brazos contra los costados del asiento y aseguro que no fue nada, detonando una débil risa nerviosa. Las risas nerviosas son raras: quieres reirte para calmar el nerviosismo, pero esta solo termina detonando tu miedo.

—No lo pensé, para ser honesta. Solo… No sé. Lo hice.

Le había contado la historia mientras me guiaba hasta este lugar. Se mueve bien por los entramados de la ciudad y domina las direcciones como si estuvieran todas anotadas en la palma de su mano. Yo nunca he podido lograr eso: apenas y conozco el nombre de los edificios que están más de una calle lejos del lugar donde vivo. Hay más confianza en su mirada de la que de seguro hay en la mía, aunque en el futuro me gustaría cambiar eso. Toda mi vida he sido algo así como un ratón de biblioteca, pero ahora que tengo un trabajo en la plataforma de navegación más grande actualmente en Internet, quiero poco a poco empezar a tener más confianza en mí. A pesar de que, en el fondo, ni siquiera creo que el problema es que me falte confianza en mí. Simplemente no puedo dejar este denso caparazón que me protege del exterior, aunque no siempre lo necesite.

Jasper me señala hacia el consultorio del doctor y teme que la estén tocando demasiado, por si la pudiesen lastimar. Le respondo que ya estaba demasiado lastimada antes de llegar. Él asiente y, para mi incomprensible angustia, expone:

—Tal vez lo mejor sería dejar que descanse, ¿no? —. Cuando termina de hablar no me mira, pero puedo asegurar que un gesto triste se ha tatuado en mi semblante como una deformación. Él añade que mejor esperemos a ver qué dice el experto.

No me siento con la autoridad para dejar que la llama de su vida se apague y siento que dejarla ir teniendo la oportunidad de ayudarla podría hacerme culpable de todo. Tantas aves caen al día desde el cielo, pero eso no lo puedo controlar. ¿Cómo sé que no hay un alma atrapada en ese cuerpo pequeñito así como dicen que la hay dentro de los cuerpos humanos? Posiblemente ni siquiera es consciente de su propia existencia. Pero eso es solo una posibilidad, como las hay miles para todas las cosas.

—Si sobrevive a sus heridas, me la llevaré a casa y ahí la cuidaré. Ya que pueda volar, la dejaré libre —afirmo apretando los puños.

Juego con el estuche de mis gafas que guardo en esa afelpada bolsa que tienen algunos suéteres por el abdomen y me pregunto por qué sacrifiqué mi racha de puntualidad en el trabajo por esto; o bueno, ya sé por qué: por qué no podía dejar al ave morir. Pero al mismo tiempo recuerdo todo lo que me he esforzado para llegar al puesto que tengo en la empresa y cómo podría echar a perder todo por mi corazón. ¿Por qué no ser solo un poco más egoísta respecto al mundo exterior? Mi trabajo me pide disposición y, como he hecho toda mi vida con mis estudios y mis planes a cumplir, debo darle esa disposición a las cosas importantes que me la pidan.

Suspiro y me preparo para lo peor, asumiendo que lo peor es lo que suele asomarse cuando dejas al mundo real tomar impulso hacia ti. El clima está viciado y por las ventanas se vislumbra todo el auge de la mañana. Fastuoso ciclo del día que se repite y se repite, pero no me hace cambiar mi manera de ver las cosas tan rápido como el sol se va y viene de vuelta. No. Nunca seré tan egoísta como para priorizar mi trabajo por encima de la vida de un ave cualquiera que se atravesó en mi camino, por más que haya añorado triunfar toda mi vida y lo siga haciendo hasta la fecha. Es simplemente lo que soy.

—Te había visto en el trabajo de mi hermano antes —suelta de pronto, mientras me encontraba divagando en mi cabeza —. Trabajas allí, ¿no?

Estoy tan demacrada física y mentalmente que percibo un tono en su voz similar al que usa la gente al dirigirse a alguien que atraviesa un luto reciente. No se me ha muerto nada cercano, pero con mi aspecto moribundo actual ha de notarme en una circunstancia así. Sonrío en derrota y sin buena voluntad en el cerebro para recurrir a una voz fuerte, preparándome para soltar la bomba. La afirmación a la que nadie sabe responder.



#942 en Novela contemporánea
#869 en Otros
#19 en Aventura

En el texto hay: musica, sociedad, desaparición

Editado: 27.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.