Fingiendo volar

Capítulo 5

Al final del día, mientras cae la noche y nos envuelve la oscuridad, Svetlana y yo recorremos la calle central de la ciudad. Su abrigo blanco le cubre hasta debajo de la barbilla y lleva una bufanda beige por debajo. Hay una pequeña lluvia que arrastra leves copos de nieve frente a nuestras miradas, mientras pisamos por el camino de roca intentando no resbalar. Las farolas iluminan entre una niebla medio traslúcida y las personas hablando en voz calmada parecen grillos en la noche.

Pasamos entre una serie de personas que van hacia el horizonte y Svetlana me señala que la calle que se pierde en este callejón frente a nosotros es el camino a seguir. Su voz grave resuena en mis tímpanos y le hago caso como si fuera un pequeño insecto entre sus abrigos. Sonrío entre mi capucha morada, algo emocionada por esta nueva aventura. Siempre he sido una chica de aventuras, si no ¿por qué estaría aquí en primer lugar? Tan lejos de casa, mi primer hogar que tenía ruedas de entrenamiento.

Svetlana me pregunta en qué pienso mientras me quedo analizando las tuberías salidas de algunos edificios y los oscurecidos murales de graffiti que nadie suele ver. Suelto la respuesta prototípica “nada” y ella se me queda viendo con mirada matadora. Asimila que pienso en Jasper y me dice:

—No te enamores de él, por lo que más quieras, no sabes si es como su hermano o no —suelta como si no fuera nada y ya estuviera segura de que estoy en proceso de enamorarme, lo cual me sonroja pero después me causa mucha gracia. Ella me ignora y sigue —Por lo que sé de él hasta ahora, me parece algo molesto, siempre rondando por los pasillos diciendo: “ven a verme, ven a verme”. Nunca le hubiera seguido el juego de no ser por ti.

—Svetlana, no estoy enamorada y nunca lo he estado. Si estoy enamorada de algo es de tu capacidad de imaginarte cosas. ¡Deberías escribir un libro! Ya tienes a los personajes y se te está dando bien desarrollar el conflicto —bromeo, honestamente, un poco a la defensiva, pero no quiero que piense que decidí salir esta noche solo por amor. Ya estaba cayendo en la locura siempre sola en mi casa, como los animales enjaulados que comienzan a experimentar síntomas del encierro prolongado. Quería un poco de diversión.

—Me recuerdas a veces a mi pareja. Ella es una chispa y yo soy una pared. Es bastante graciosa, además, así como tú —confiesa y me sorprende lo último. ¿Cómo que ella piensa que soy graciosa? Estoy segura de que no la hecho reír más de dos o tres ocasiones desde que la conocí.

—¿Graciosa? ¿Yo? Qué halago… Pero no eres una pared, por cierto, eres mucho más alegre debajo de esa capa de seriedad —. Puedo notar que borra el buen gesto que iba formando apenas indico lo de su seriedad. Y aquí vamos de nuevo con las miradas matadoras cuando digo algo inoportuno.

—No soy seria porque quiera, simplemente no soy tan expresiva como ustedes —añade —, me criaron para ser algo y terminé siendo otra cosa, no me he hecho a sonreirle a la gente. Escapé a Belgrado y no sé si todo ha cambiado demasiado, pero ¿qué te puedo contar a ti? Desde México hasta acá… Eres sorprendente.

—No lo es tanto, en realidad —respondo con una modestia que empieza a parecer innecesaria al hablar con ella. No existe ese juego de cordialidad que aparece con otra gente con la que necesitas expresar a cada segundo lo bien que te la pasas en su compañía —. Mi papá era de Serbia y cuando se mudó a México para investigar algo en unas montañas, conoció a mi madre y se estableció allí. Mi hermano mayor, con el único que tenía confianza en mi familia, siempre supo que se quería mudar para acá, que aquí lo esperaba su destino, y yo me adherí a sus sueños. Al final él logró sus sueños y por consiguiente los conseguí yo.

—¿Tu sueño era vivir aquí? —pregunta por la oscuridad del callejón entre vahos gélidos y pequeños carámbanos sostenidos los tejados.

—Pues ya lo cumplí, entonces no lo sé. ¿Sabes? Aún no me siento tan realizada como para decir que todos mis sueños se han hecho realidad… Pero no sé cuáles son mis sueños ahora aparte de sobrevivir, y sobrevivir más.

—¿Están relacionados con el trabajo? Cualquiera pensaría que estás muy feliz de conseguir un puesto así —. Hago contacto visual con sus pupilas transparentinas y me encanto por la manera en que la silueta perfilada de su rostro se dibuja en el entorno apagado. Sé que nuestras crianzas fueron distintas, pero ojalá sonriera más seguido.

—No —respondo como en un suspiro —, lamentablemente no me parece así.

Algunos codos me golpean mientras paso por el caminito después de la entrada de este bar encogido al tamaño de un puño. Muchas personas con estilos variados nos rodean y siguen con sus cuerpos el ritmo de la música pregrabada. El único rastro de música en vivo es el de un chico de capucha blanca afinando una guitarra en el escenario frente al micrófono. No es Jasper, parece alguien mucho más incógnito.

Tomo a Svetlana del hombro para no separarnos entre este río de gente que se acomoda en este cascarón de lugar, donde el frío se vuelve calor y el aroma a ciudad cambia a la fragancia del sudor con cerveza y tabaco. Los pies parece que compiten en ver quien pisa al otro más fuerte y rápido, pero se esquivan entre sí como un duelo de esgrima. No escucho nada entre todas las conversaciones, la música fuerte y Svetlana gritando en mi oído que debimos comprar alguna bebida antes de venir, así que el sonido de la guitarra pasa a último plano.

No pensé venir a comprar cerveza, pero sí guardo algunos cigarros en mi suéter. Cuando la cosa agarre un mejor ritmo, le preguntaré a mi compañera si quiere salir a fumar un poco entre la atmósfera congelada. La lluvia de codazos me devuelve a la realidad y asimilo que es tiempo de moverme junto a la música, aprovechando que estoy aquí. Como en un duelo de esgrima evito las pisadas de otros y me muevo de vuelta con un set de movimientos repetitivos. Aunque Svetlana estaba más tiesa que una tabla cuando pisó aquí hace unos minutos, ahora me acompaña por lo menos con la cabeza y las manos.



#942 en Novela contemporánea
#869 en Otros
#19 en Aventura

En el texto hay: musica, sociedad, desaparición

Editado: 27.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.