Fingiendo volar

Capítulo 7

Marcos me acompaña al centro comercial de vez en cuando. Sé que le gusta ver las cosas de hogar y ropa para él mismo, pero también sé que Ava y él quieren tener un bebé en un futuro no muy lejano, entonces a veces lo encuentro asomándose por los pasillos de bebés viendo mamelucos, biberones, cunas, lo que sea. Todo esto sin que se dé cuenta de que lo observo desde una distancia segura, posiblemente detrás de un estante o un muro. Amo estar espiando de esa manera, siendo honesta.

La noche se asienta por detrás de los ventanales de la tienda y yo me siento en el borde de una fuente de agua para esperar a Marcos, el cual creo que estaba en una tienda para niños. A veces me desespera lo estable que parece ser su vida, porque a los treinta y uno ya parece tenerlo todo resuelto, pero creo que se lo merece. Su bienestar es el mío, según mis padres.

Cuando él llega a mí tiene unas pocas y pequeñas bolsas entre manos, además de una sonrisa semi escondida en su rostro. Apenas ve las dos bolsas enormes a mis pies me pregunta con ironía si me la pase bien, a lo que asiento y reafirmo:

—Para algo tiene que servir todo lo que trabajo, ¿no? Ya me estoy cansando de ahorrar, siempre guardando, guardando, guardando…

Se ríe y me repite:

—Pero después tendrás mucho dinero, al menos. Aunque ya no lo sé, ¿por lo menos viste si alguna de esta ropa tenía oferta o solo la arrojaste a la canasta?

—La arrojé y después les pedí que le quitaran el descuento. Es mi dinero ahora, puedo hacer con él lo que sea —argumento con falsa soberbia y me siento junto a mis cosas en el borde de la fuente central de la plaza. Las personas junto a mí conversan y viven sus vidas en armonía, mientras busco enseñarle a Marcos algunas de mis compras.

—Siempre y cuando no olvides las responsabilidades que tienes en la vida, además de con Ava y conmigo, todo está bien. Gasta cuanto quieras de tu dinero.

Él sabe mucho de responsabilidades, me imagino. Está todo hecho un éxito de ser humano. Si solo se viera a sí mismo en un espejo que lo reflejase quince años más joven, cuando a propósito le ponía los ojos morados a todos los que jugasen ping pong contra él porque no sabía perder, o hace doce años cuando se emborrachó por primera vez y nuestra madre tuvo que ir a recogerlo a la comisaría. Momentos que nunca tuve por querer ser perfecta y, por lo tanto, quizá ahora no puedo aspirar a tener una vida tan estable como la suya. Mi trabajo perfecto me permite llenar mis bolsas de cosas que quizá no necesito, lo cual supongo que es grandioso, pero no puedo sonreír tan tranquila como veo que mi hermano siempre lo hace. No. No soy capaz de sonreír así.

—Te compré algo en la tienda de deportes, por cierto. Aunque no lo creas —revela alzando una ceja, guardando el secreto seguramente entre una de las bolsas que lleva consigo. Le respondo que ni piense que tengo tiempo ahora para ponerme a hacer algún deporte, aparte de la eterna caminata que siempre hago por las mañanas hasta mi trabajo. Me dice que es algo que, aunque no use, me va a gustar.

—¿Un bate de béisbol? —suelto, cruzando los dedos frente a él.

—No… Lamentablemente, supongo. Pero creo que es mejor —diciendo eso, se agacha para esculcar entre una de sus bolsas que, más que nada, resguarda papel blanco y rojo. Solo hay una cosa dentro de ese paquete, o, más bien, son dos.

—Patines para el hielo… —enuncio riéndome, a lo que él responde con la misma gracia — Pero si no patino hace como seis años —miento suciamente —. Lo disfrutaba mucho, pero ya estuvo que no voy a volver a tener tiempo… —diciendo eso agacho la mirada, pero igual añado: — Gracias, Marcos, de todas maneras. Están muy bonitos.

—¿La mejor competidora del invierno de 2020 ya se da por vencida? Qué pena… —finge llevando una mano hacia su mandíbula — Y yo emocionado por la nueva pista de patinaje que se había abierto en la plaza.

Con sorpresa le pregunto cuándo abrieron la pista de patinaje y me responde que la semana pasada. He estado muy ocupada como para enterarme, supongo. Durante mi adolescencia siempre practiqué con él por diversión, era algo que teniamos muy en común; aunque, ya que él se había ido a Alemania a estudiar, solo patinaba o sola, dándole lástima a todo mundo en la pista solo disponible en invierno, o acompañada de uno que otro chico que se aventuraba a invitarme a formar un equipo. Siempre creían que iban a ser mejores que yo y me iban a enseñar hasta a cómo estar de pie, pero les sacaba años de práctica y talento, así que solo conseguían que los destrozase. Después de eso, ya ninguno quería patinar conmigo.

Con el tiempo lo dejé, a pesar de que fuese uno de mis pasatiempos favoritos. Pero es mentira lo que le digo a Marcos de que no he patinado desde esos años. Mientras cursaba mi maestría en Bostón, mi compañera más cercana de habitación: Kara, también patinaba y a veces salíamos juntas a demostrar habilidad en la pista, formando algo así como un equipo/rivalidad que creo que perduró hasta que nos graduamos. Quizá, ahora que nos reencontremos en mi viaje a la universidad, pueda desempolvar un poco el pasatiempo que dejé olvidado. No sé si Kara habrá seguido practicando, para ser honesta.

—Si planificamos una fecha, Ava podría quedarse con Verdecito y nosotros podríamos tener una actividad de hermanos como las que teníamos hace varios años. ¿Qué opinas?

—Pues… Bueno, no quería decírtelo ahora… Pero podríamos ir a patinar después de que llegue de un viaje que haré a Bostón en estos días. Solo serán como dos días, no puedo permitirme faltar al trabajo…



#942 en Novela contemporánea
#869 en Otros
#19 en Aventura

En el texto hay: musica, sociedad, desaparición

Editado: 27.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.