Kara me recibe desde el aeropuerto, pero su optimismo reluciente al encontrarse conmigo se apaga en un segundo cuando ve que llevo compañía conmigo. Me pregunta en voz muy baja en qué consiste esto que estoy haciendo y le pido que deje de inventarse películas raras antes de que le dé explicaciones. Creo que mi situación actual es un poco difícil de explicar, pero ¿acaso no las historias más interesantes son aquellas que no se pueden explicar en quince segundos? O cincuenta minutos, o incluso solo puedes explicar después de una vida entera.
Mientras Jasper me ayuda con mis maletas y muestra una actitud silenciosa ante Kara, a pesar de que me gustaría que fuese más amistoso para derrubar esta barrera de desconfianza que ella presenta, le prometo a mi amiga que él es solo un amigo que hice en Belgrado. Un nuevo amigo con el que, bueno, me he adaptado muy rápido y hasta vamos por el mundo juntos.
En la salida del lugar, dirigiéndonos al auto de Kara, la tomo de la mano para interrumpir su taciturno andar y le pido un abrazo. Ella sucumbe y me abraza. Suspiro y la aprieto más fuerte, sintiendo su abrigo y un poco de su aroma. No sé cuantas veces soñé con volver a sentir su cuerpo; ya creo que es la única piel a la que mi sistema no se rehúsa. Nos abrazamos tan fuerte que nos soltamos a reír. Antes de liberarnos, aún con algunos de sus cabellos rubios en mi rostro por el movimiento, le susurro que ahora que estoy aquí vamos a poder pasar más tiempo juntas. Con una mirada misteriosa sobre una sonrisa melancólica, me susurra que no es cierto.
Ordenando todo en el departamento de Kara, donde antes solíamos vivir juntas como compañeras de piso, escucho que me llama a su cuarto mientras Jasper desempaca lo necesario para una noche en el sofá. Se me hace tan raro verlo aquí, para ser honesta; es como si no perteneciera a esta realidad.
Dando de reojo una última mirada a Jasper, quien me ve sin mirarme marcando arrugas en la frente, cierro la puerta tras de mí. El aroma aquí es fresco, pero pesado, como si para llegar a este punto de olor Kara hubiera tenido que vaciar botellas enteras de detergente. La oscuridad es densa, aunque alcanzo a mirar un poco gracias al brillo polvoriento que llega a través de la ventana gracias a la luna y las estrellas bajo el cielo de la ciudad.
—Aura…, ¿qué está pasando? —pregunta Kara, de una manera un poco enojada con motivos que no alcanzo a entender.
—Guau —bromeo sin ni siquiera distinguir adonde debería mirar, más que donde creo que están sus ojos—. ¿Así recibes a tus invitados siempre o me gané el premio mayor?
—¡No! —exclama como si fuera una sombra más del entorno, pero se va acercando a la ventana y distingo lo molesta que está por sus mejillas rojas y movimientos tensos, no como ella suele ser— Metes gente en tu vida como si pudieras solucionarles todo, ¿por qué él viene contigo? Cuando pensé que venías sola supuse que sería para restablecer nuestra amistad, pero tal vez tienes otros motivos en la mente.
—Kara, yo… Sabes que estoy aquí por ti, desde hace mucho tiempo prometimos que tendríamos tiempo para nosotras, ahora solo es cuestión de vivirlo—. Noto cómo me tuerce el gesto y bajo un poco la voz—. Tengo planificado cada segundo hasta el día en que me muera. Claro que hay un momento para nuestros planes. Por ahora estoy aquí, aprovechemos eso.
—Aura, tenemos dos días después de casi un año de perdernos. Tienes que estar bromeando —. Entonces bajo los hombros —. Aura, si yo me voy a quedar haciendo investigación y tú te vas por el lado de lo computacional, entonces estamos en caminos distintos. Quizá no tenga sentido seguir forzando las cosas y deberías hacer tu doctorado en Europa, sin más. Puedes hacerte mejor amiga de ese chico, o de quien quieras. Pero no debemos forzar lo que el destino está impidiendo.
Nunca me ha gustado molestarla, pero me altera que no respete mi decisión de buscar un destino laboral en la ciudad de mi hermano mayor. Deberías amar a los otros por lo que son y no por lo que quieres construir de ellos, pero mientras hablamos siento que ella discute con la yo que era cuando estudiábamos juntas, mas ahora después de un año entero de no interactuar muchas cosas han cambiado. Como el ambiente está muy tenso, decido dar un paso atrás para irme, aunque en el fondo de su habitación diviso unos patines morados muy bonitos. Sonrío y añado:
—Pero si, de todas maneras, quieres ir a patinar un día, voy a estar disponible.
Entonces asiente y, ladeando un poco el rostro, encuentro una sonrisa resignada. Sin otra opción, me dice que se lo pensará.