Fingiendo volar

Capítulo 11

Sentada en pijamas ya en la mesa pequeña de la cocina, tomo mis dos tostadas que calenté y las embarro con algo de mermelada. No demasiada, tal vez después Kara me lo intenta reclamar. Desde que llegué con Jasper ha estado en sus picos de mezquinidad. Lo de ayer… no debió haber pasado. Seguramente, una vez que me vaya, no la veré en años, si es que acaso la vuelvo a ver. Ella dijo lo que ya había pensado antes: me debo olvidar de ella; me distrae de mi detracción de la realidad. Pero ¿quién es el universo para decirme lo que debo hacer? Si traiciono mi corazón por las convenciones de la vida, entonces luego tendría que ir con Jasper y decirle “sí, toma el trabajo de tu padre, los sueños son solo pequeños obstáculos de pérdida de tiempo, no les prestes atención”.

Para mi sorpresa, cuando sale de su habitación mientras estoy ya a mitad de mi desayuno, se le ve más relajada y hasta me dice buenos días con una voz muy muy baja, comprimiendo una sonrisa y acercándose al refrigerador. Sé que comerá cereal: su desayuno favorito.

Jasper está hecho un ovillo de hilo blanco allá en el sillón, tapado hasta la cabeza con la manta que tomé de mis viejas cosas. Por supuesto que fui la que se levantó más temprano, pero ya estuvo que mi tiempo a solas con el sol de mañana temprana se va desapareciendo. Kara se sienta a mi lado y me intenta halagar lo bien que me veo recién levantada, pero le confieso que ya me había despertado desde hace mucho.

—Ya incluso me duché, le envié una carta a mi compañera de puesto sobre la revisión de la nueva versión del programa y me desaté los nudos del pelo. Creo que cuando me desperté ni siquiera había luz… Era muy pronto.

Kara sabe que suelo hacer eso, pero igual me recuerda cuán ordenada soy. Niego con la cabeza y sonrío. Usualmente me levanto temprano porque poco tiempo después debo irme casi corriendo al trabajo; como hoy tengo el día libre, no tuve de otra más que usar esa energía en crear la mejor versión de mí misma, al menos por ahora. Lleva una blusa rojiza de mangas largas y su cabello un poco oscurecido le cubre los lados del rostro, las ojeras delatan sus noches interminables y la sonrisa cansada revela resignación. Baja la mirada para verse las uñas rosa oscurecido y luego la cambia hacia el plato de porcelana vacío, con la caja de cereal azucarado y el cartón de leche ya sobre la mesa. Entre suspiros de abatimiento termina por pedirme disculpas:

—Lamento haber actuado así ayer. Ya no somos lo mismo que éramos hace un año… y está bien —confiesa, me mira un segundo a los ojos y luego voltea la mirada. Sus pupilas verdosas me aturden un segundo en mi asiento.

—Entiendo. Quisiera que todo fuera igual que antes, pero quizá ese momento ya pasó y hay que escribir los nuevos recuerdos en el presente para el futuro —argumento con el optimismo al máximo, robándole a Kara una risa.

—Claro… Pero no me quiero ilusionar, Aura. En dos días te irás y, bueno, no voy a enfocarme en hacer amigos por lo que queda de mi vida. Ya estoy poniendo en marcha mi proyecto para investigar la lengua de mi madre; la investigadora con la que trabajo encontró un hablante monolingue en un estado del norte y voy a viajar para sacarle las palabras de la boca en mis grabaciones —ladea una sonrisa al decir eso. Suspiro y le comparto lo orgullosa que me siento, pero le aseguro que no podré pedir más días libres en el trabajo —. Ya lo sé. El plan al principio era juntas, pero creo que al final solo era yo la que tenía tanta afinación por el proyecto: yo y solo yo escuchaba las palabras y canciones de mi madre sin saber qué significaban, las que cuando murió se fueron con ella. Es mi deber y no es tu culpa que estés enfocada en otra cosa, pero es prudente advertir que tendremos que separar nuestra amistad por las buenas.

Le aseguro que podemos seguir siendo amigas por mensaje, pero ella no me responde y, en su lugar, empieza a servirse cereal sin recaer en mí. Suspiro y me rehúso a comer más azúcar, creo que tuve suficiente ayer durante el vuelo: solo las paletas frutales me podían mantener entretenida. Mejor me levanto para prepararme café hirviendo, lo necesito más que nada en el mundo ahora mismo.

A eso de la media hora, ya que el momento silencioso de Kara y yo una junto a la otra enfrentándonos a nuestro desayuno con la mirada al frente vacío se terminó, tocan a la puerta y sé que es Liena: la tercera y última rueda de nuestro triciclo. Si Liena me escuchase decir eso, seguro me pediría que piense en algo mejor. Creo que no la he visto en años, cuando solo han sido seis meses. Me parecieron eternos, al igual que el tiempo sin Kara, aunque las cosas con ella permanecen difusas.

Liena es la mejor programadora que conozco. Viste un saco largo negro y reposa junto a la pared del pasillo de tapices azul claro. Se hizo rayos rosados en el cabello oscuro atado en una cola de caballo y sus labios rojos como un arrebol me sonríen de manera cómplice al verme, entrecerrando los ojos con sus largas pestañas. Parece que ha madurado mucho desde la última vez que la vi, pero sigue teniendo ese impulso juvenil al moverse y quedarse mirando. Ella es un año mayor y ya estudia su doctorado en tecnologías aplicadas a la investigación, pero igual compartimos materias en su momento y amamos pasar tiempo juntas. Nos abrazamos y empieza a hacerme mil preguntas, la mayoría sobre Serbia y cómo me la he pasado en mi nueva realidad.

—¡Todo es fantástico! Bueno, el trabajo puede ser desgastante. Pero me estoy quedando con mi hermano, he conocido mucha gente y siento que ya viajé por todo el mundo de solo estar conociendo nuevos rincones de la ciudad donde estoy viviendo. ¿Y qué tal te va a ti? —. La invito dentro, aunque parece que Jasper ya se levantó y se está moviendo como un gusano debajo de la manta. Kara está recargada en una repisa de la cocina y nos mira con una débil sonrisa detrás de su taza de café que dice “tan amargo como yo”. Entonces Liena me pregunta sin miramientos quién se está quedando en el sillón. Suspiro y le aseguro que le explicaré en un segundo.



#942 en Novela contemporánea
#869 en Otros
#19 en Aventura

En el texto hay: musica, sociedad, desaparición

Editado: 27.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.