Fingiendo volar

Capítulo 13

El cansancio me aplasta contra mi escritorio y apenas y puedo levantar la cabeza. Después de dos días en los que pasé cerca de veinte horas en total en un avión ahora estoy de vuelta al trabajo y, como era de esperarse, no me he podido sacar a Svetlana de encima. Creo que me ha dado golpecitos en la madera como diez veces esta mañana para despertarme. Dos veces me repitió lo mismo de siempre: que tengo potencial, pero que tengo demasiados distractores.

Me ataca la vergüenza cuando ella misma viene y me ve aquí casi dormida, después de que me había encomendado una tarea con la etiqueta de urgente. Sé que no sabe cómo la pasé en el viaje, pero ese papel de supervisora ya se está metiendo con mis nervios. Lo único que ha podido adivinar de los resultados de mi estancia en Boston fue por la respuesta que le di cuando me preguntó: “¿cómo te fue en el viaje?”, le respondí “fatal”, entonces arrojé mi mochila al suelo y bostecé como lo hacen los gatos recién levantados.

El reloj avanza y a veces siento la mirada de mi supervisora quemándome por sobre los hombros. Escucho pisadas y voces que vienen de afuera, lo cual me concierne por la fuerza que van tomando. Frunzo el ceño y levanto la cabeza apenas escucho mi nombre salir entre la discusión que se arma como un circo alborotado desde fuera. La presión en mi pecho se hace enorme y me quisiera lanzar por la ventana; odio los alborotos.

Yuri abre la puerta y grita mi nombre con una ira que no comprendo. Noto su rostro rojo y cómo las venas en su frente se marcan, lo cual me desconcierta. Svetlana le ordena que se calme y yo me irgo en mi silla, refugiándome en impuesta calma. Otras personas del piso van detrás de él y según esto lo tranquilizan, pero adivino que solo están ahí por entrometidos.

—¡Tú! Me debes explicaciones, novata. ¡Me dirás dónde dejaste a mi hermano ahora!

—¿De qué hablas? —cuestiono, genuinamente confundida — Él volverá después, supongo. Nos separamos en Boston y ya nunca volvió a hablar conmigo…

—¿Boston? —se ríe sin cambiar el gesto de su rostro, como si estuviera incrédulo respecto a mis palabras y actitud — Así que ahí está. Pero claro, huyó para escapar de sus responsabilidades con alguien que hizo lo mismo… Tres días de descanso para hacer algo que pudiste realizar en línea, ¿qué tal con estos jóvenes?

Yuri se lleva las manos a la cintura y se ríe como si fuera nuestro jefe de ochenta y cinco años. Qué triste porque tiene treinta y dos, pero, honestamente, se ve avejentado con ese cabello entre rubio y blanco.

Iba a decir algo, pero Svetlana se mete entre nosotros y no le permite dar otro paso hacia mi escritorio, del que ya me despegué y me levanto poco a poco para ponerme a su nivel. Mi supervisora le dice que no sea inmaduro, pero entonces él añade con un tono caprichoso e impaciente:

—¿Y mi hermano qué? Jasper se fue justo cuando mi padre lo iba a contratar en la empresa y se quedó allá para evadir el destino que lo pavoriza. Ni siquiera sé si sigue vivo ahora mismo, digo ¿a quién conoce ese perdedor en Estados Unidos? No tiene ni un dólar y ahí estando solo se lo van a comer los coyotes o algo. ¿Qué va a hacer? No tiene nada…, a menos que alguien le hubiera prestado dinero.

Me mira con seriedad acusadora y me burlo directo en su cara.

—Invéntate otra teoría… —contesto y me acerco a ambos de mis compañeros. Svetlana me pide que guarde mi distancia y, entre el caos de voces susurradas y respiraciones que vuelven este cuarto mil veces más caliente, pierde la paciencia y le grita a todos que se larguen. Mientras tanto vuelvo a decirle a Yuri directo a la cara —. Ya no son niños…, no puedes controlarlo ya más como si tuviera doce años.

—No me digas cómo vivir mi vida, novata.

—Yuri, ¡cierra la boca! —ordena Svetlana.

Yuri se ríe a carcajadas y Svetlana le pide que se vaya, pero este se niega.

—Sabes que tengo razón, pero todos se quieren poner de su lado porque la ven tan indefensa.

—Ni siquiera conocías a tu hermano —contrapongo con hartazgo —. Él sí tenía dinero para el boleto, yo no le di ni un solo centavo.

Yuri alza las manos junto a la cabeza y pone los ojos en blanco. Se corta a sí mismo antes de poder terminar, como si entendiera que ya ha visto demasiado de mi rostro y sale dando pisotones de la oficina. Me cruzo de brazos viéndolo irse y mi respiración llena todo el silencio rodeándome una vez que ya no está.

Volteo con Svetlana y murmuro “perdón”. Ella niega con la cabeza y responde entre nosotras:

—Ya, no pasa nada. Jasper tuvo la culpa por mentirte, pero…

—¿En serio? ¿Tú también piensas eso? —contrapongo y ella me mata con una mirada confundida.

—Lo que me sorprende es que tú no, Aura. Te mintió sobre sus intenciones contigo y te usó para huir, ¿eres consciente de eso?

Aunque la realidad me acribille con piedras, en mi mente siguen sonando los acordes de sus canciones y no me puedo concentrar.

—No quiero ni pensar en ello… Asumo que tuvo sus motivos. Digo, ¿no?

Nos quedamos en silencio unos momentos y Svetlana llena sus pulmones de aire, vaciándolos de golpe un segundo después. Se lanza contra la puerta y la cierra con seguro de golpe. Estando solas me confiesa que eso fue demasiado para mí, que lamenta que haya tenido que pasar por eso; pero igual tengo que ver la realidad de Jasper sin caer en la romantización. Le digo que no estoy cegada y de eso no salimos, por lo que creo que decepciono bastante a mi supervisora. Me encojo de hombros y me disculpo porque haya tenido que pasar por todo eso. Ella lo niega, pero igual distingo un poco de temor en su rostro. Eso me asegura, de cierta retorcida manera, que eso fue difícil para todos los involucrados. Yuri es su jefe, al final de cuentas.



#942 en Novela contemporánea
#869 en Otros
#19 en Aventura

En el texto hay: musica, sociedad, desaparición

Editado: 27.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.