Fingiendo volar

Capítulo 15

—Aura —llama Svetlana junto a mi escritorio —, ten cuidado con lo que sea que Yuri te diga en su oficina. Ha estado muy callado últimamente y, por como se puso cuando recién supo de la huida de Jasper, no me puedo creer que su cerebro ya se haya enfriado tanto. No le digas a todo sí, por lo que más quieras.

—Svetlana, estoy segura de lo que hago —reclamo ante su tono de regaño —. Por una vez en mi vida quiero demostrar que puedo tomar riesgos y salir ganando. Si logramos traerlo de vuelta, cualquier cosa que Yuri tenga bajo la manga no podrá ser tan destructiva. Lo que importa es que Jasper esté bien.

Svetlana suspira y asiente con desgana. Me mira a los ojos y, con ese tono honesto que sabe manejar tan bien, me pregunta:

—Ya ni siquiera te importa tanto la empresa, ¿no es así? Si Yuri te quiere hacer de tu experiencia aquí un infierno o buscar tu despido, al final del día ya sabes que tu destino no está en estas paredes… —. No pierdo el juego de miradas, solo le doy la razón con una sonrisa ladeada y encogiéndome de hombros. Respira profundo y añade: — Te extrañaré por aquí, si ese es el caso.

Sonrío y respondo lo mismo, entonces me levanto de la silla movediza porque asumo que ya es momento de acudir con Yuri, quien me citó desde la mañana en su oficina para esta hora: las nueve en punto.

Jalo la manija de la puerta al momento en que la voz de Yuri desde dentro grita “pase”. Me asomo y lo veo recargado casi en 90 grados contra el respaldo de la silla. Está haciendo aviones de papel el maldito. Ni siquiera me mira cuando tira el avión de papel y lo ve dar vueltas hasta caerse de picada contra el suelo de su oficina. Luego voltea riéndose y apaga su gesto al verme, recordando que me había citado, supongo.

—Qué rápido dieron las nueve, ¿eh?

Lo observo parpadear lento y noto cómo tiene las orejas más grandes que se han conocido en su rostro. Respondo:
—Se nota que tuviste una recaida anoche. No sabía que eras el tipo de persona que hacía llamadas desesperadas casi a la medianoche —. Se ríe sin verme y lo dejo recolectar su avión de papel mientras me tiene aquí de pie.

Me recargo en la pared junto al dispensador de agua y suspiro observando su oficina. Tiene un ventanal grande que da hacia el cielo, pero lo tiene cubierto por cortinas grises. Una luz blanca ilumina sobre su cabeza y aluza el suelo de madera pulida y reluciente. Se mezcla con su escritorio lleno de papeles y que sostiene una gran computadora de último modelo. La parte de mí que se apasiona por las computadoras lo envidia en secreto, pero me distraigo rápido al ver las imagenes que se exponen en marcos sobre su escritorio: en todas sale él, ya sea de niño, de joven o de adulto. Tiene fotos con sus padres, pero en esas mismas fotos no aparece Jasper; supongo que por eso prefiere las fotos familiares de cuando era un niño pequeño y su hermano existía solo en los “quizás”.

—Mi plan consiste en dos partes muy simples —empieza a enlistar con una pierna cruzada sobre la otra y calculando la dirección que tomará el avión de papel que sostiene en su mano derecha —: Tengo un poder sobre él, se llama tecnología, mientras que tú tienes su valiosa y bella amistad —. Me mira por sobre el hombro y sonríe de lado, a lo que no le presto atención. En su lugar repongo:

—¿Y qué vas a hacer con la tecnología que dices tener?

—Más bien tú te deberías preocupar por tu parte relativa a la amistad, ya que tu rol es el de convencerlo de regresar. Yo solo me encargaré de dar con su ubicación, gracias a algo que él a voluntad me regaló: algo a lo que llamo “rastro web”.

Frunzo el ceño y entonces él lanza el avioncito de papel. Entre dientes exclamo:

—¿Vas a violar su privacidad online con los datos de la empresa? Eso es tan ilegal como robarse un cadáver.

—Aura, no te precipites. Creí que una linguista debería saberse al pie de la letra los términos y condiciones de nuestro navegador, ¿o ni siquiera has abierto el documento? Por favor dime que no se lo diste a la Inteligencia Artificial…

—Sí lo leí, para tu información —. En verdad leí la mitad —. Pero no puedes robarte los datos de un usuario, en absoluto.

Yuri pone los ojos en blanco y bosteza con hartazgo. Recita de memoria:

—”Al aceptar los términos y condiciones establecidos se le da acceso al programa de crear recomendaciones en base a los gustos y preferencias del sujeto. Los permisos de ubicación se otorgan con fines estadisticos, de rastreo para preferencias de contenido y geolocalización”. Pero, ¡oh, sorpresa! Todo está en esta computadora y, ya que el bobo de mi hermano anota la contraseña de todas sus cuentas en papeles desperdigados en su habitación, he visto su actividad de usuario y su movimiento en el país tan detalladamente que puedo estar noventa y nueve por ciento seguro de su ubicación.

Con la voz temblando sin querer, pregunto por el otro uno por ciento. Me dice que eso es por sí Jasper supera su inteligencia y cambió de teléfono o está usando un modificador de ubicación, pero sabe que no es así. En silencio me pregunto si Liena, quien es mejor programadora que yo, tendrá alguna idea de cómo acceder a esa información si le envío algo de información desde mi computadora en la oficina de Svetlana. Con mi conocimiento quizá logre algo, pero no podría llegar tan lejos como Yuri o tal vez ella.

—Mi único objetivo es que vuelva a casa y ese es el tuyo también. Aura, viajaremos a Boston y lo traeremos de vuelta. Lo rastreo y tú lo convences, es pan comido —. Se recarga con los antebrazos en el escritorio y me sonríe como quien tiene a todos bajo control. Se lame los labios y después me pregunta sin prisa —. ¿Aceptas el trato para estar juntos en esto y traer a Jasper de vuelta? —. Me mira a los ojos y extiende una mano hacia mí.



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En el texto hay: musica, sociedad, desaparición

Editado: 27.06.2026

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