El vuelo a Belgrado ya está planeado y saldremos esta misma tarde. Mis amigas lo saben, Jasper está más que consciente; todos estamos resignados, porque asumimos que es lo mejor. Jasper interactúa poco cuando estamos en grupo, pero cuando estamos solos él y yo noto que vuelve a sonreír como antes. Sin embargo, aunque ya estamos terminando las maletas y nos despediremos en el aeropuerto en eso de cinco horas, he decidido venir por mi cuenta en el auto de Liena —que me prestó con la excusa de ir a la farmacia por unas pastillas para el jetlag— al edificio donde Mireya realiza sus visiones del futuro. Me estaciono en el mismo lugar donde estaba parqueado Yuri hace dos días y me bajo con solo las llaves del auto en el bolsillo, ningún centavo ni nada más.
Antes de tocar la puerta, Mireya la abre y no puedo hacer nada más que reír irónicamente. Ella hace eso de ladear la cabeza y me dice que me estaba esperando. Le respondo que se deje de juegos y que es más común de lo que piensa el poner cámaras de seguridad afuera de las casas. Ella pregunta “¿cuáles cámaras?”.
Mireya me deja pasar y lo hago sin consideración por nada. Ella cierra la puerta lentamente tras de mí y esta rechina como si sus pivotes nunca hubieran sido aceitados en toda su existencia. Me pide que me siente y yo afirmo que me quedaré parada. Eso la hace reír y me dice que mi obstinamiento es mi mejor cualidad, que es algo que tengo muy en común con Jasper. Le pido que no lo mencione, pero después me arrepiento.
—Pero si esa es la razón de tu visita… —argumenta Mireya mientras jala una silla de respaldo acolchonado verde para sentarse frente a mí.
—Solo tengo que…
—Arreglar unos asuntos que no te quedaron claros —acompleta mi oración y la asesino con la mirada. Era obvio que iba a decir algo así, ¿no? —. Perdón, linda, pero sospecho que aún no crees en mí, a pesar de que me tienes aquí justo delante tuyo.
Veo los amuletos y estatuillas junto al punto central donde ambas hablamos y me asaltan unos escalofríos por la espalda. Mireya se inclina sobre sí misma y apoya sus codos contra sus rodillas para reposar su cabeza sobre sus palmas abiertas.
—Yo… Bueno, no creo en esto, lo sabe —. Aún me obstino a usar el “usted” para hablarle por la distancia que le guardo, pero mejor cambio a un registro que le dé menos poder, que le haga sentir que tiene menos poder sobre mí y mi mente —. Pero quiero que me digas cómo cambiar el futuro, si es que acaso este ya ha sido escrito.
Mireya se ríe primero levemente, luego un poco más fuerte. Pongo los ojos en blanco y asumo que venir fue una mala idea. Entonces ella asegura, de manera conveniente, que está bien que haya venido. Le pido, ya dejando de evadir el tema, que me diga cómo evitar la muerte de Jasper para que él pueda seguir siendo compositor sin miedo.
—Cambiar el futuro requiere aspectos muy específicos de las decisiones. Tomar la tercera opción, abrir una puerta donde parece solo haber ladrillos… Antes de pensar en cambiar el destino de los demás, linda, quizá deberías replantearte si acaso ya sabes cuál es el tuyo.
—No vine aquí por mí. Prefiero no saber nada que estar creyendo que todo va a estar sujeto a una visión que una mujer solitaria tuvo de mí cuando estaba en mis veintes. No te doy permiso de entrar en mi mente.
—Así no funciona, linda. ¿Crees que soy un vampiro?
Pienso en que, con la luz blanquecina de la ventana contra su semblante, lo parece un poco. Entonces ella ladea una sonrisa y se pone a decirme lo que ve de mí en mí. Quisiera no escuchar, pero una parte de mí sí busca hacerlo y parece ser más fuerte que lo demás residiendo en mí. Aprieto los puños y lo afronto.
—Pareces valiente, pero eres muy cobarde en el interior —. Frunzo el ceño ante eso y me río, segura de que para mí eso es al revés. O ¿lo es? —. Te conformas con el segundo lugar, tomas decisiones equivocadas y después culpas a las circunstacias. Sobreanalizas todo, pero te olvidas de lo que no te conviene. Si pensaras un poco más en los otros, ¿ignorarías así a aquellos que te han dado todo sin recibir nada de ti?
—Esto son patrañas… ¡Me atacas sin motivo ni fundamento porque…!
—¿Por qué te llevaste a Jasper? No… Sabía que eso pasaría. Él no duraría para siempre en mis brazos. Se obsesionó conmigo, pero muy en el fondo a él le obsesiona aún más un chico de su categoría —. Cuando dice eso mis ojos se iluminan con algo de sospecha; pero de inmediato retoma la vituperación —. Para cambiar los patrones del destino, hay que romper las cadenas en nuestro pensamientos. Estas cadenas vienen del pasado y se han estancado como un ciclo imposible, relativamente, de cortar. Para cambiar el futuro, hay que cambiar el pasado…, las cadenas del pasado; si eso hace sentido para ti.
—En realidad, no mucho —confieso y hago a Mireya reír por una ocasión, aunque después noto que con sus ojos ha formado un gesto que paso por maligno. Doy un paso atrás y me preparo para irme.
—Hay personas a las que has dañado y tú crees que están bien porque, en el fondo, tampoco te das importancia respecto al impacto que tienes en otras personas. Desde tu mejor amiga, hasta a tus padres.
—A mis padres no les importo, deberías saberlo.
Con seriedad moribunda, Mireya contrapone:
—¿Debería? —. Tal vez dije demasiado. El silencio del entorno llena el momento en que ambas, aparentemente, dejamos de pensar. El tictoc de un reloj imaginario me pide irme y, sin nada que desde mi corazón pueda agradecer, me doy la vuelta rápido para abir la puerta rápido y huir hacia el auto. Ya frente al marco de madera, ella añade: — Para cambiar el destino de alguien más, debes entender cuál es tu propio destino.