Después de otro día de exhaustivo trabajo aún con “tarea” de parte de mi supervisora, ya no parto hacia casa. Le avisé a Marcos que llegaría tarde. Tengo un par de almas que juntar, aunque el destino se atreva a meter sus sucias garras.
Atravieso las puertas del bar, a pesar de que asumo que el objetivo será llegar a la puerta trasera. Me gustaría decir que el lugar ha perdido su chispa sin Jasper, pero vaya que ahora hay más personas y, trágicamente, a todos se les ve más alegres. Pero para mí sí se fue la chispa, eso sí. Ahora este es solo un bar promedio igual a todos, mientras que en mi memoria aún rescato este lugar como uno que algún día fue el hogar absoluto de mil leyendas.
Salgo y ya no siento frío, la primavera ya va asomando sus intenciones de calentarnos y liberarnos del frío que ya empezaba a ser agotador. Veo que ya la gente viste menos cubierta, yo misma me quité mi típica sudadera y voy disfrutando el viento en mis brazos descubiertos. Más, por supuesto, algunos tienen que mantener su aura reflexiva y misteriosa con sus capuchas blancas y excesivas prendas. Eso pienso cuando veo sentado en el suelo, fumando solo y reflexivo, a Nika, aún más acabado y marginado que semanas atrás que lo visité para recabar información del paradero de Jasper.
Cuando le hablo creo que lo asusto, pero de inmediato recompone su muro de antipatía. Le sonrío y no obtengo nada en respuesta. Está bien, no es lo que buscaba. Pero me entristece lo deprimido que se le ve, cuando, a pesar de su seriedad, se le notaba muy vivo al estar tocando la guitarra junto a Jasper en el escenario.
—Me han dicho que volvió, pero a trabajar con su padre. Me imagino que Yuri y tú están contentos, consiguieron lo que buscaban —. Apenas y le entiendo por el volumen tan bajo que utiliza al hablar. Me agacho a su nível y le contesto:
—Lo hice por su bien. No viste las condiciones en las que estaba, él… —me interrumpe.
—Aura, si solo viniste a explicarme por qué eres la salvadora de todos y que yo estoy mal en un millón de maneras distintas… Fue suficiente. Lárgate, por favor —. Le da una calada al cigarro apenas termina de despotricar y al suspirar exhala ese calor denso que suelta su aliento.
—No es así. Yo vengo a ayudarlos —. Noto la incredulidad en su mirada, pero me doy la libertad de seguir hablando tan rápido como sea posible, antes de que en molestia se vaya —. Jasper no quiere cortar lazos contigo, solo tuvo que renunciar a la banda. Lo hizo a conciencia, no porque Yuri y yo lo hubiésemos obligado —. Ignoro mi recomendación por el bien absoluto del discurso—. Cuando él se marchó, fue a parar con una vidente que le dio dos caminos: vivir una larga vida normal trabajando con su padre o seguir en la banda y morir joven. La decisión no te imaginas lo difícil que fue para él, pero decidió al final, según su criterio, vivir…
Nika hace un sonido que no llega ni a pasar por una pequeña risa. Argumenta:
—Solo Jasper le creería algo a una bruja. No puede ser… —. Vuelve a tomar una calada de su cigarro. Intento poner mi mano en su espalda como apoyo, pero me aleja. Ya no soy solo yo la que rehuye el contacto físico; supongo que el momento no es adecuado —. Nunca volveremos a vernos, entonces…
—¿Qué? Nika, no seas ridículo, es a eso a lo que vengo. A hacerte entender que se separó de la agrupación, no de ti.
—¡No, Aura, entiéndelo tú! ¡La agrupación no es el problema! ¡El problema somos nosotros! ¿Qué no te queda claro? — me grita y me deja helada.
Después de soportar el que me griten —odio que me griten— tengo que hacerle sentido a lo que dice y, aunque ya haya procesado todo, aún no lo entiendo. Tartamudeo una pregunta elaborada, pero Nika solo se ríe de forma burlesca sin siquiera mover los ojos. Me revela:
—El problema de la familia de Jasper no es que sea músico, su problema es que estemos juntos, porque somos dos hombres y ellos tienen la cabeza hueca.
El silencio nos envuelve un largo rato y, apenas las conexiones hacen sentido en mi cabeza, el rompecabezas de su vida me quedó suficientemente resuelto, pero después de haberle hecho tomar a Jasper la peor decisión de todas: la que lo obliga a separarse del amor en pro de la impuesta normalidad. Mis ojos se llenan de lágrimas sin que lo pueda evitar y con hartazgo de mi tonta decisión me llevo las rodillas a la cara y las abrazo para quejarme junto al humo de su cigarro infinito.
—Al fin tienes algo bien, ¿eh? Siendo tan buena para descubrir misterios, ¡se te pasó uno muy grande! Ahora a todos sus miedos se le sumó el tener a su padre siempre tras su espalda ¡y la maldición de una bruja! Gracias, Aura, solucionaste mucho…
Me siento junto a él y, tratando de recuperar el aire, analizo este lugar y también entiendo que lo importante no era llenar el espacio y obtener atención del público, el punto era disfrutar junto a él todo lo que presentaban.
—Él amaba la música y ese era su refugio. Ahí todo estaba bien, ahí el mundo estaba en orden. Sus mensajes llegaban a los que lo podían oír —empieza a desenredar Nika, tal vez ya habiéndome disculpado.
Me pasa un cigarro que acepto y todo. Lo enciende con el suyo propio y puedo tomar este nuevo entre mis dedos. Suspiro el calor reconfortante y dejo ir los arabescos de humo hacia la divina estratósfera, hacia donde se van los sueños que le permití a Yuri mancillar por causa de mi interna cobardía. ¡Maldita sea!