Verdecito hace mucho ruido desde su jaula mientras subimos la colina. Ya está listo para volar y Jasper me acompaña para despedirme, tanto de Verdecito como de él mismo. Esta noche volaré a Boston y me quedaré allí a vivir con Kara hasta terminar el doctorado y la ayudaré con el proyecto que tiene entre manos, pero no por eso dejaré mis proyectos propios. Ya me despedí de todos mis conocidos en Serbia; Svetlana, Marcos, Ava e incluso Nika. Pero aún se me ha hecho muy difícil decirle adiós a Jasper, entonces lo reservé para el último momento.
Creo que Verdecito nunca llegó a ser una mascota, a pesar de que vivió en mi cuarto durante más de un mes. Fue más un obstinamiento de mi parte para salvar algo que no me comprometía; quizá fue un desliz en mi camino, pero no estoy arrepentida. Tal vez nunca me llegó a querer en todo este tiempo, honestamente ni se ha de haber memorizado mi rostro, pero sí puedo recabar un poco de felicidad al llevarlo en persona hacia su libertad.
—Aún no puedo creer que te vayas a ir —menciona Jasper mientras nos acercamos al borde de la colina con pasto verde bajo nuestros pies. Su mirada está en el suelo y ladea una sonrisa que parece verse aplastada por la gravedad del mundo —. Va a ser más difícil estar aquí sin ti, aunque sé que vas a estar viviendo el tiempo de tu vida en Boston con Kara y ese libro dorado que te sigue carcomiendo.
Me río con él bastante alto, pero nos callamos rápido, tal vez resintiendo lo perfecto e idílico que se sintió ese momento. Suspiro y añado en voz baja:
—Solo prométeme que vas a estar bien y vas a tener cuidado con tu hermano. Te vendré a visitar algún día, seguramente cuando nazca mi sobrina. Ya planeé ir con Svetlana a verte tocar en el bar cuando vuelva.
Jasper se ríe, quizá de mi ingenuidad, y responde:
—Definitivamente Yuri no me podrá hacer nada mientras siga en el hospital y no recupere la movilidad del lado izquierdo. Pero igual ya que corté el contacto con mi familia —. Desde que su canción se transmitió en el canal de deportes local, su relación familiar se desvaneció más rápido que una piedra bajo el golpe desmedido de un mazo. Sigo pensando que fue un conflicto para mejor, ya que veo a Jasper más feliz después de ellos —, no tendré que lidiar con su mentalidad nunca más.
Asiento y reflexiono en que habrán muchas cosas mejor sin Yuri alrededor. Incluso mis últimos días en la empresa antes de renunciar fueron un paraíso, ya que Svetlana quedó como su reemplazo al mando. Ojalá que eso pueda ser para siempre, pero solo podré saber lo sucedido hasta que regrese unos meses después.
Dejo la jaula en el suelo y me pongo de rodillas, a pesar del pasto verde algunas piedritas me acribillan bajo los pantalones. Jasper se sienta de piernas cruzadas a un lado. Verdecito ya está ansioso por salir y despegar hacia el sol. Con la mano debilitada en la puerta de metal, le digo a mi amigo en un hilo de voz:
—Es gracioso que desde que te conozco hayamos vencido a la muerte dos veces. Con él fue la primera… Aquel fue el momento en el que decidimos ser mejores que el ciclo de la vida —. Asumiendo el silencio contra el viento del oeste, abro la puertita comprimiendo una sonrisa nostálgica —. Y tal vez seamos mejores que la propia vida para siempre.
—Ya no creo que eso siga pudiendo suceder —bromea bajo el apaciguado sol de las cinco de la tarde —. Si la predicción que me hicieron en el futuro se hace realidad y me muero, está bien… Si una estrella fugaz brillase por siempre, dirían que solo es una aburrida lucecita que siempre aparece por el cielo —. Mientras tanto, nuestra ave se pierde en el azul del horizonte, para nunca más volver —. No tiene caso una vida así, siendo aburridas lucecitas de algo que pudo haber sido mucho mejor. De algo que pudo haber sido legendario.