Forjando Mi Propio Camino

Capítulo 3 El delantero de Usulután y el dilema de inscripción

Sábado, 3 de octubre — 8:30 AM

​En el barrio te toca madurar rápido y a puros golpes, no te queda de otra. El sábado por la mañana el sol ya andaba quemando fuerte en Soyapango. Yo iba en la micro, viendo por la ventana, cuando al pasar frente a las canchas municipales vi una jugada que me dejó asombrado.

​En la cancha de cemento había un cipote alto, flaco y con el pelo pintado de blanco que andaba encendido. Controló un balón alto con el tenis, le hizo un sombrerito al defensa y, antes de que la pelota cayera, se mandó una chilena espectacular que se metió directo en el ángulo. Un auténtico golazo.

​Me bajé de la micro corriendo. El partido iba 7-3 y el maje del pelo blanco andaba jugando con el equipo de Usulután contra los de Tequilo. Lo difícil era que los de Usulután tenían solo diez jugadores en la cancha y aun así los andaban bailando. Pregunté en las gradas y me dijeron que se llamaba Samuel, tenía 15 años y, aunque nació en Usulután, vivía por acá. Aunque era mayor que nosotros, todavía estudiaba y podía participar en el torneo.

​Inmediatamente después de que el árbitro pitó el final, me le paré enfrente en la salida. Iba con dos amigos suyos.

​—Qué onda, bro —le hablé firme, intentando que no se me notaran los nervios de tener trece años—. Quería hablar con vos al suave.

​Samuel se me quedó viendo con mucha desconfianza.

​—¿Quién sos vos? —preguntó seco.

​—Me llamo Feng Wei. Necesito un delantero centro para el torneo del colegio.

​—Adelántense ustedes, par de mancos —les dijo Samuel a sus compas—. Ya los alcanzo en el bus.

​Cuando nos quedamos solos, se cruzó de brazos y me barrió con la mirada.

​—¿Qué querés, niño? ¿No creés que estás muy enano para andar buscando jugadores? Además, ni te conozco. Mi nombre es Samuel.

​Me cayó mal que me dijera niño, pero mantuve la mente fría. Saqué el folleto que nos dio el ingeniero Martínez.

​—Tengo trece, pero ando armando el equipo oficial para el Torneo Intercolegial del Ministerio de Educación. Si ganamos, hay becas reales para la universidad. Pero mirá, tenemos un problema serio: apenas somos siete jugadores fijos los que fundamos este grupo: Walter, Pablo, Juan, Diego, Héctor, el Negro Tomás y yo. Ninguno de nosotros es delantero centro nato. Con vos seríamos ocho. Nos faltan tres jugadores para completar los once titulares, y además necesitamos tres suplentes para completar la inscripción. Si no juntamos catorce en total antes de que cierre el plazo institucional el lunes por la mañana en el Técnico, quedamos fuera.

​Samuel vio el papel, pero soltó una risa burlona.

​—Mirá, bicho, yo no voy a ir a desgastarme las piernas por una copita de plástico si van a jugar con un club de niños. Pero me llega que seas directo. Hagamos un trato: si me ayudás a buscar a los tres titulares que faltan para armar un bloque que de verdad meta el cuerpo, yo le entro. Yo conozco a un par de majes que pasan jugando en las canchas de tierra de la par, pero hay que ir a convencerlos ahorita. Los suplentes los rascamos después en los pasajes.

​Sábado, 3 de octubre — 10:30 AM (La cacería de talentos y los tropiezos)

​Caminamos con Samuel hacia el sector de los talleres del mercado de Soyapango y las canchas de tierra aledañas. Yo iba anotando todo en mi cuaderno. Samuel resultó ser un dolor de cabeza para organizar todo, pero conocía a toda la vagancia que de verdad sabía qué hacer con una pelota en los pies. Conseguir a los jugadores, eso sí, no fue nada fácil.

​Primero fuimos a los talleres de estructuras metálicas del centro. Ahí encontramos a dos de los defensas que nos faltaban:

​El "Oso" Mauricio: Lo hallamos cargando polines de hierro. Un joven robusto de catorce años, puro músculo y tosco para hablar. Samuel lo invitó como defensa central para hacer pareja con Pablo. Al principio Mauricio nos mandó al diablo; decía que el fútbol no le daba de comer y que su jefe en el taller lo iba a colgar si faltaba un sábado. Samuel tuvo que negociar con el encargado, prometiéndole que Mauricio repondría las horas los viernes por la noche con tal de que le diera chance. Tras un buen rato de rogarle al viejo, Mauricio aceptó de mala gana.

​Marvin: Estaba en el mismo taller lijando unas puertas. Es un muchacho rápido, flaco pero con una zancada larguísima. Samuel lo convenció para jugar como lateral izquierdo, pero Marvin dudó un montón porque no tenía tenis que aguantaran una cancha grande. Le prometimos que entre todos le conseguiríamos unos prestados para el debut.

​Luego pasamos por una llantería cercana, donde ubicamos al último integrante de la línea defensiva:

​El "Chele" Rodrigo: Tenía los brazos negros de carbón por cambiar llantas. Entró como nuestro lateral derecho. El Chele jugaba con mucha picardía; no solo defendía bien, sino que se proyectaba al ataque con velocidad.

​Con la llegada de Samuel y estos tres jugadores, finalmente completamos las cuatro posiciones que faltaban para armar el once titular exacto en la cancha. Cumpliendo la regla del Ministerio, caminamos bajo el intenso calor hacia los puestos del mercado de artesanías y la cancha de la Línea ferroviaria para conseguir los tres relevos de la banca. Al suave, rascando favores y rogando en un par de pasajes más, logramos convencer a René (defensa suplente), David (mediocampista suplente) y Néstor (volante suplente). Por fin cerramos los catorce nombres oficiales de la nómina para el registro.

​Nómina Oficial de Los Forjadores FC (14 Jugadores):

​Titulares (11): Chango Walter (PO), El "Chele" Rodrigo (LD), El "Oso" Mauricio (DFC), Pablo (DFC), Marvin (LI), Juan (MC), Héctor (MC), Negro Tomás (MC), Feng Wei (ED), Samuel (DC), Diego (EI).

​Suplentes (3): René (DEF), David (MED), Néstor (VOL).

​Sábado, 3 de octubre — 12:15 PM (La firma de la abuela)

​—Vaya, Feng. Ya tenemos los catorce —dijo Samuel guardándose las manos en los bolsillos—. Pero ahora viene lo peor. Si mi abuela no me firma el papel, no voy a ningún lado. Acompañame a los puestos del mercado, pero no vayás a abrir la boca de más.




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